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Venacio Salcines PRESIDENTE DE EF BUSINESS SCHOOL

MERCADOS

Jesús Hellín

09 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

A inicios de julio, y en esta misma columna, afirmé que la recuperación económica tendría dos grandes ejes, inflación y creación de empleo. Iniciamos el 2022 y ya nadie cuestiona que será así. Lo curioso es que, mientras la generación de puestos de trabajo parece obvia, los datos de inflación parecen sorprender. Y hablando de precios, resulta curioso escuchar, un día, al presidente Sánchez afirmar que para el español medio el recibo de la luz no ha subido, y al día siguiente oír al Instituto Nacional de Estadística aseverar que, si estamos, en subida de precios, al nivel más alto de los últimos treinta años es en gran medida por la subida de los costes de la energía. Desde luego, alguien tiene que estar mintiendo.

En descargo del presidente, no me atrevo a culpabilizarlo de las subidas de precios. Gran parte de las variables que tensionan la cesta de la compra se escapan a su control. Los cuellos de botella de las cadenas de suministro son mundiales, y el sistema de cálculo de la tarifa energética es europeo. Con esta verdad a la espalda de uno, ¿por qué no hablarle a la opinión pública con sinceridad? Darles luz para que puedan planificar y gestionar sus vidas económicas. Aquí no estoy pensando en los empresarios, acostumbrados a cuestionar toda la información pública y a buscar sus propias fuentes de información. Tengo en mente al español de a pie, hecho a trabajar y carente de información económica. Ávido de que alguien le explique lo que pasa e, igualmente, ávido de creer en su Gobierno.

El año veintidós debemos afrontarlo sabiendo que será inflacionista y no solo aquí, sino prácticamente en todo el mundo, con todo lo que supone. En los Estados Unidos, que este tema lo tienen totalmente claro, ya han anunciado, a lo largo de este año, tres subidas de tipos de interés. Lo natural, por tanto, es que el dólar se aprecie, depreciando monedas como el euro, y vaciando los mercados financieros de economías emergentes. Es decir, si los productos que adquirimos en zona dólar son más caros, lo que haremos, si no contrarrestamos con subidas en la eurozona, es importar más inflación. Habrá que entregar más euros por un barril de petróleo. Las naciones emergentes, como Turquía o Colombia, deberán subir tipos o arriesgarse a que sus capitales se fuguen hacia los mercados norteamericanos de deuda. Veremos países con una política monetaria acertada y otros que no, y estos últimos serán propicios para verse afectados por una crisis cambiaria.