La artesanía gallega sube un escalón

MERCADOS

cedida

Hay más de 3.000 artesanos trabajando en 749 obradoiros; los premios gallegos reconocen este año el trabajo de Idoia Cuesta, la trayectoria de Álvaro Seivane y la proyección de Julia de la Cal

26 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Idoia Cuesta (San Sebastián, 1969) cursaba un Erasmus en Marsella cuando decidió hacer su tesis de biología marina en la USC. Fue así como acabó en Lugo, a principios de los 90, atravesando huertas para llegar al campus, ella que procedía de la cosmopolita San Sebastián. Casi treinta años después atrás quedó su faceta universitaria, que dejó para dedicarse a la cestería. Un oficio del que se enorgullece y con el que consiguió el Premio Nacional de Artesanía en el 2014. Ahora, acaba de ser reconocida con el Premio Artesanía de Galicia 2021 por su pieza Abisal.

Y es que Idoia abandonó la carrera pero no la biología. Son dos mundos que ha logrado fusionar, «todo el aprendizaje que he tenido como investigadora, en el buceo y en la biología marina se refleja en los trabajos que hago, tanto en las formas, orgánicas, como en la inspiración». En Abisal, de hecho, juega con este universo. Usó una tanza de pesca, un material plástico y traslúcido que se usa en la pesca artesanal, «y la pieza está recreada en esta fauna abisal que podemos encontrar en el fondo del mar o incluso en el litoral». Cuesta, galardonada con la máxima categoría de este premio, dotado con nueve mil euros, se formó en el Centro de Artesanía e Deseño de Lugo y asegura que allí aprendió de los más prestigiosos. «He aprendido con los mejores cesteros europeos», admite, ya que cuando esta escuela funcionaba recibían visitas que le permitieron «ver y conocer cómo se trabaja en toda Europa».

 

Eduardo Armada

Tras casi tres décadas en Galicia este galardón que recibe ahora es el reconocimiento «al oficio y a toda esta trayectoria». La cestería, insiste, es un trabajo que debe visibilizarse para que la gente joven entienda que hay futuro y que se puede avanzar en este oficio. Porque aunque hay relevo generacional, esta vasca con taller en Outeiro de Rei asegura que «hace falta más gente que pase del mero interés por aprender a hacer cestos a profesionalizarse».

En la entrega de los premios gallegos de artesanía, celebrada hace unos días, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, destacó estos oficios como el mejor escaparate de la marca Galicia Calidade en el que tradición e innovación van de la mano. E Idoia Cuesta es precisamente un ejemplo de ello. Porque con un arte de antaño ha conseguido llegar a la pasarela de Loewe con sus piezas. En Abisal también conviven la tradición con los nuevos materiales, para conseguir una obra artística que puede tener distintos usos, «desde un cesto decorativo a una lámpara», explica la propia artista.

 Adaptado a nuevos tiempos

Los premios Artesanía de Galicia reconocieron, además de a Idoia Cuesta, al luthier Álvaro Seivane Magide, titular con su hermano del obradoiro de gaitas Seivane. Recibió el galardón honorífico a toda una trayectoria por su destacado trabajo profesional e investigador en la gaita gallega, a propuesta de la Asociación Galega de Artesáns. Julia de la Cal, del obradoiro de cestería La Parabólica, en O Porriño, logró la beca Eloy Gesto, dotada con 4.000 euros, y que invertirá para seguir formándose en Francia con la asociación L´Oserai du Possible, una entidad referente en el oficio del trabajo con mimbre y con plantas utilizadas para tejer. Julia de la Cal (O Porriño, 1981) supo que quería dedicarse a la cestería cuando estudiaba diseño industrial en Barcelona, «me interesaban materiales más naturales y procesos de producción sostenibles y cercanos, que se pudieran gestionar más localmente». Allí conoció las posibilidades del mimbre y la cestería y desde el 2010 se dedica profesionalmente a un arte en el que quiere seguir aprendiendo.

De hecho, la beca Eloy Gesto le ha hecho especial ilusión «porque es una apuesta de futuro, por la formación». Y vaya si se formará. Desde su taller La Parabólica, en O Porriño, viajará a Francia para perfeccionar su técnica y formarse en arquitectura verde y cultivo. Aunque la asociación L´Oserai tiene su sede en la región de los Alpes, Julia se formará en dos talleres de miembros de esta entidad, Alexandra Marks y Hervé Brisot.

Comercialización

Quizás no haya un bum pero la artesanía gallega pasa una muy buena etapa. Así lo ve Julia, quien asegura que los alumnos de sus talleres «son más jóvenes que yo, por lo que confío en que haya una generación posterior, no solo para aprender el oficio tradicional sino también para darle nuevos valores de uso, que es precisamente a lo que yo aspiro. La vida no es igual que hace cien años y lo que buscamos es adaptar la cestería a los tiempos contemporáneos». Las cifras también corroboran esta buena salud. En el último decenio el numero de obradoiros abiertos de artesanía gallega aumentó un 65 %, y el de artesanos un 18 %. Son casi 3.300 profesionales en 749 establecimientos, desarrollando actividades que emplean a más de 7.800 personas. En la entrega de los premios de artesanía, la pasada semana, el presidente de la Xunta apuntó que desde su llegada al Gobierno la Xunta invirtió casi 22 millones para la modernización, mejora de la comercialización y la formación de aprendices en el sector.

Si Idoia logró la máxima categoría de este galardón y Julia de la Cal una importante beca para formación, el premio honorífico fue para Álvaro Seivane. Se reconoce así la veteranía en un oficio que Álvaro heredó de su padre, Xosé Manuel, que ya en 1939 construyó su primera gaita, germen del actual obradoiro de gaitas Seivane en Cambre. Hoy, Seivane es un apellido asociado a este instrumento, a la calidad en la producción y a la innovación. En el 2013 este obradoiro recibió el Premio Nacional de Artesanía y en el 2014 la medalla Castelao.

Al frente, Álvaro y Xosé Manuel, dos maestros de este oficio. Cuenta Álvaro (Ribeira de Piquín, 1952), que iba por otros derroteros. Tras entrar en el sector de la automoción se fue a Barcelona y empezó una ingeniería, «meu pai incluso estaba por momentos deprimido, porque somos tres irmáns e unha irmá e ningún parecía que se ía a dedicar a isto». Pero hete aquí que en Cataluña Álvaro tuvo «morriña de gaita», y abrió un taller. En 1979 construyó la primera en solitario y consiguió una buena clientela, «pero pensei: facendo gaitas galegas o lóxico é facelo desde aquí».

Volvió en 1986 y montó un obradoiro en Cambre que finalmente fusionó con el de su hermano Xosé Manuel. Y así se cumplió el sueño de su padre: «Xa estaba xubilado pero foi unha alegría moi grande vernos xuntos, e el participaba tamén», cuenta. Desde entonces son una referencia, han llevado la innovación a la gaita y convirtieron el apellido Seivane en un imprescindible de este instrumento más allá de las fronteras gallegas. A principios de la década de los 2000 hacían 300 gaitas al año «e se tiveramos para facer o triplo vendiámolas». Ahora, este instrumento pasa por un momento dulce pero las ventas no son tan numerosas «porque unha boa gaita pódeche durar unha vida ou dúas, cuns mantementos e un coidado», explica Seivane. Y es que el buen oficio se nota, y de eso este maestro sabe mucho.