Alexéi Miller, el hombre de la llave del gas

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El presidente del gigante Gazprom, próximo a Putin, tiene la privilegiada condición de ser el principal suministrador a Europa y es una figura clave en la actual guerra de le energía

03 oct 2021 . Actualizado a las 10:44 h.

Tiene nuestro protagonista de esta semana en sus manos el mando de los colosales recursos energéticos de Rusia. Vitales para Europa. Sobre todo ahora que la factura de la luz anda haciendo estragos en los bolsillos del Viejo Continente. Se podría decir que controla la llave del gas de los europeos. Con eso se lo digo todo. De hecho, no faltan quienes lo acusan estos días de emplear como un «arma política» su privilegiada condición de principal suministrador de gas a Europa. Hasta de Bruselas le llegan las críticas. Claro que él lo niega. En esta guerra de la energía, se lava las manos.

Ni que decir tiene que es uno de esos oligarcas de los que se rodea el presidente ruso. Los hombres de Putin. Algo así como un Gobierno en la sombra. Esos de cuyas andanzas y desmanes tanto se ha escrito y cuyos nombres se cuelan en toda lista negra que se precie, a este y al otro lado del Atlántico, cuando de imponer sanciones a Rusia se habla. Los mismos que pueblan todas esas historias de privatizaciones y fortunas mastodónticas que surgieron al calor del colapso de la Unión Soviética y los caóticos años noventa del siglo pasado.

Hoy hablamos de Alexéi Borisovich Miller (San Petersburgo, 1962), el presidente de Gazprom, el gigante energético del Estado ruso y la mayor compañía del país (tiene 456.000 empleados y unas ventas anuales de 164.000 millones de dólares). Lleva ahí Miller desde el 2001. Desde que el Kremlin purgó la cúpula heredada de Yeltsin. Veinte años que revelan lo sólido de su arraigo en la estructura de poder de la Rusia de Putin, con quien comparte Miller muchas cosas. Entre ellas, la de haber nacido en la misma ciudad, en la que, además, ambos iniciaron su ascenso político. Una relación que comenzó a forjarse cuando San Petersburgo todavía era Leningrado y Miller, que formaba parte de un grupo de jóvenes economistas reformadores, se unió a un comité del Ayuntamiento encabezado por Putin.

Los dos son fanáticos del fútbol. Acérrimos del FC Zenit de San Petersburgo. Hoy propiedad de Gazprom. ¡Cómo no! Y es que, como a todo oligarca que se precie, eso de tener un equipo de fútbol a Miller también le pirra. Y no solo eso. Son muchos los millones de rublos que Gazprom se ha gastado en patrocinios deportivos a lo largo y ancho del planeta, y que, dijeron en su día las malas lenguas, asfaltaron el camino a la organización del Mundial del 2018 en territorio ruso.

Deportes aparte, desde que Miller se hizo con el timón de Gazprom, además de volver a manos públicas, la compañía ha protagonizado una amplia expansión internacional que no ha hecho otra cosa que incrementar su poder.

Es precisamente por eso. Porque la Unión Europea importa más del 60 % del gas que consumen sus ciudadanos y empresas, y porque el 40 % de esas importaciones proceden de Rusia, por lo que este economista (es licenciado por el Instituto de Finanzas y Economía de San Petersburgo) de cejas diminutas está ahora en el centro de la polémica. No parece que le importe mucho. Es más, ni se despeina. Claro, que en su caso, hombre de pelo esculpido, resulta difícil. Le preocupa más la posibilidad, hoy sobre la mesa, de que el Gobierno ruso acabe permitiendo a la mayor petrolera del país, Rosneft, exportar gas a Europa. También es del Estado. Así que todo quedaría en casa, pero, eso sí, significaría el adiós al monopolio de Gazprom.

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