Las grandes contradicciones del nuevo orden

MERCADOS

China ha presentado un nuevo censo
China ha presentado un nuevo censo ALY SONG | REUTERS

19 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Levantarte y, durante un instante, no saber dónde te encuentras. Los que han tenido que viajar de un lado para otro y de un modo acelerado han conocido esa extraña sensación en algún momento. La misma que tiene una buena parte de la humanidad, que se fue a dormir con una economía en depresión y ahora, que está vencida la crisis sanitaria, comprueba que le han cambiado la habitación. «¿Y en qué momento hice este viaje?», se preguntan millones de personas.

El primer impacto es energético. Los europeos descubren que alguien, no tienen muy claro quién, les ha metido en una esquizofrénica senda de transición energética. Les dicen que no pueden consumir un tipo de energías, y si lo hacen, les gravan por ello (las energéticas repercuten el coste de los derechos de emisión de carbono que se ven obligadas a comprar), pero no les facilitan una oferta suficiente de renovables. Esto es como quien va al médico y le dice que debe cambiar de estilo de vida y, al final, hace lo de todos los días, pero pagando mucho más por lo que antes era barato. Por su bien, le recuerdan. Si la cuestión va de sustituir una comida por otra, al menos asegúrenme que los nuevos alimentos estén en el mercado. Las naciones emergentes, que serán lo que serán, pero rara vez caen en extraños postureos, no se han negado a producir energía verde, todo lo contrario. A nivel mundial se están construyendo cincuenta nuevos reactores. Once en China, China, siete en India y cuatro en Rusia. Corea del Sur quiere doblar en los próximos quince años su producción de energía nuclear: alcanzarán el 60 % y obtendrán la suficiencia energética verde y sin costes económicos y sociales para su población ¿Los riesgos? Al otro lado de los Pirineos, en Francia, hay 58 reactores. Nosotros tenemos siete ¿Alguien repara en esto?

El segundo impacto es logístico. Las cadenas de distribución están rotas y, algo más, se están reequilibrando. Asia, al igual que nosotros, se confinó analógica y se despertó digital. Con ello hizo algo más: desear los mismos materiales que nosotros. Quieren cobre, silicio, cobalto, quieren todo lo que nosotros queremos, pero no para manufacturarlo y vendérnoslo a precio asiático. Lo quieren para algo mucho más importante: alimentar su propio consumo interno. Que China se haya convertido en una sociedad económicamente madura va a reequilibrar su espacio en el mundo y con ello el del resto de naciones que la rodean. Bangladesh, Camboya, Vietnam y Laos han de decidir si le venden sus productos a una familia de clase media de Sevilla o a una de Shanghái. Ya se pueden imaginar el camino. Esto tiene una implicación: la reestructuración regional. Turquía pasa a ser el México de Europa, el Mediterráneo sagrado, y la pacificación del norte de África un objetivo crucial.