La maga del Chelsea

MERCADOS

ABRALDES

16 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

No le gustan las fotos. Ni las entrevistas. No concede ninguna. Dosifica sus apariciones públicas con cuentagotas. Solo si el calado del fichaje lo requiere. Tampoco las redes sociales son de su agrado. No tiene. Ni falta que le hacen. Le basta con ser la mujer más poderosa del fútbol mundial. Nadie manda tanto como ella en el Chelsea, ni siquiera su jefe, el multimillonario ruso Román Abramóvich, dueño del club. O eso al menos es lo que cuenta la prensa británica. Lleva trabajando con él desde 1997, año en el que se licenció en Lenguas Extanjeras  -por cierto, nada que ver con la gestión empresarial- y comenzó a trabajar en Sibneft, la petrolera sobre la que el magnate cimentó su multimillonario imperio y que vendió a Gazprom en el 2003. Precisamente el año que el ruso compró el club británico. Fue entonces cuando Marina Granovskaia (Moscú, 46 años) se trasladó a Londres desde la capital rusa para seguir a su jefe. Pero no fue hasta el 2013 cuando entró en la junta directiva del Chelsea. Pronto se hizo con las riendas. Y ahora es la que manda. Nadie lo duda. Se lo ha ganado a pulso. Fichaje, tras fichaje. Traspaso, tras traspaso. Y venta a venta. Que para algo es quien corta de verdad el bacalao en las áreas económica y deportiva del equipo. Y eso en un mundo que todavía sigue estando reservado casi exclusivamente a los hombres, es mucho decir. En ese aspecto, comparte fatigas con Kathleen Krüger, la exjugadora de fútbol convertida ahora en la jefa de equipo del todopoderoso Bayern de Múnich. Solas las dos en lo más alto de la élite del fútbol mundial.

Entre sus grandes campanadas, las del último verano. 247 millones se gastó el Chelsea en reforzar la plantilla. Ahí es nada. En pleno año de pandemia. Entre ellos, los 53 que pagó por Timo Werner, su delantero estrella. Y, lo mejor, que a pesar de ese ingente desembolso, ha conseguido Granovskaia mantener saneadas las cuentas del club. Casi 38 millones tienen en el bolsillo. Y eso, sin público en los estadios durante más de un año. Toda una hazaña que le ha merecido incluso el elogio de Karl Heinz Rummenigge, el máximo responsable del Bayern de Múnich y excapitán de la siempre temible selección alemana. Esa de la que se dice que siempre gana en un once contra once. «Marina Granovskaia ha hecho un muy buen trabajo», ha dicho de ella el germano.

De origen canadiense -tiene la doble nacionalidad: la rusa y la del país norteamericano-, amante de la música y estudiante de danza, además de licenciada en Lenguas por la Universidad estatal de su ciudad natal, no es, sin embargo, la dama de hierro del Chelsea lo que se dice toda una experta en fútbol. O eso al menos es lo que cuenta la leyenda que la rodea. Aunque, visto lo visto, alguna idea, más bien mucha, ha de tener. De lo que no hay duda de que sabe de verdad es de gestionar. Es una negociadora dura. De las que más. Que se lo digan si no al Real Madrid que la sufrió en sus carnes con el traspaso de Hazard.

Entre sus muchos méritos figura también el jugoso contrato del club londinense con Nike en el 2016, que le proporcionará la friolera de 900 millones de euros a la entidad deportiva.

No es extraño, pues, que en el 2018 Forbes la eligiera como la sexta mujer más poderosa del deporte mundial.

Poco le importan a ella esos títulos, dicen quienes la conocen. Le van más los deportivos, como la Champions que ganó el club de Abramóvich tras la polémica renovación de Drogba, misión en la que Granovskaia se empeñó con ahínco y que agrandó su leyenda. Y de qué manera.

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