Las comisiones bancarias en cuenta: claves para entender su aplicación

Guillermo A. Barral Varela

MERCADOS

MABEL RODRÍGUEZ

Con tipos negativos que vienen de lejos, las tornas han cambiado: por depositar en este su exceso de liquidez, al contrario que antes

09 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Todavía recuerdo las sonoras palabras de Louis Vaan Gaal, el que fuera entrenador del F.C. Barcelona, cuando durante una rueda de prensa y visiblemente molesto increpaba a un periodista porque su interpretación era «siempre negativa, nunca positiva»; no sé yo qué pensaría el bueno de Vaan Gaal de la situación financiera actual, con tipos negativos que vienen de lejos y la reciente y sonada noticia de que algunas entidades financieras comenzarán (o han comenzado) a cobrar a clientes con saldos que sobrepasen cierto importe, una comisión por sus cuentas a la vista; ¿se atrevería a repetir lo mismo? Vayamos por partes porque las cosas hay que analizarlas y si no se explican, simplemente no se entienden, de modo que el contestar al típico por qué, quién, cómo y similares puede ayudarnos a adoptar otra perspectiva o cuando menos a comprender aquello que en un principio pudiera parecer incomprensible. Vamos con ello.

¿Por qué? Lo primero a considerar es, sin duda, qué motivo está llevando a algunas entidades financieras a cobrar comisiones (o a planteárselo al menos) a clientes particulares con saldos más o menos elevados en sus cuentas. La respuesta está en que esas mismas entidades tienen a su vez que pagar a su banco central (nacional) por depositar en este los excesos de liquidez; dicho de otro modo, el interés que el Banco Central debería pagar a las entidades financieras por sus depósitos a un día no es ya a pagar, sino a recibir, porque desde hace tiempo ese tipo de interés es negativo y son las entidades las que pagan al banco central por depositar en este su exceso de liquidez a un día cuando supera ciertos márgenes; vamos, que el tradicionalmente pagador por esos depósitos (el Banco Central) se ha convertido ahora en el cobrador.

El tipo de interés de la facilidad permanente de depósito, como se denomina técnicamente, viene siendo negativo desde el 2014 (en la actualidad es del - 0,50 %) y tras unos años bajo cero y con un panorama complicado (entre otras cosas por el estrechamiento de márgenes debido a los tipos de interés negativos) algunos bancos han entendido que es hora de trasladar a los clientes con saldos elevados y «aparcados», más o menos inactivos, parte del coste que sufren por depositar en el banco central nacional el exceso de liquidez. Es una opción, que guste más o guste menos, apunta a que no nos encontramos ante un capricho sin sentido, sino ante una situación con un trasfondo de política monetaria; pero sigamos con la segunda cuestión.

¿Quién? Bueno, en realidad más bien «a quién», habría que preguntarse; pues en un primer momento algunas entidades optaron por cobrar por los saldos en cuenta exclusivamente titularidad de empresas, pero en la actualidad se ha dado el salto a los particulares. ¿A todos? No, no, a todos no, en realidad lo que se ha comenzado a hacer por ciertas entidades (y otras se están planteando) es cobrar por cuentas con importe más o menos elevado (en el caso de ING se ha publicado que de más de 30.000 euros y en el del BBVA de más de 100.000) de clientes particulares poco o nada vinculados ; por tanto, ni a todos ni en todo caso, ya que si se cumplen algunas condiciones y el titular de la cuenta se vincula algo más con su banco, se vuelve por decirlo de algún modo en un cliente más rentable domiciliando recibos, nómina, pensiones, etc., y no se le cobrará.

¿Cómo? Hay que distinguir. Por una parte, si nos referimos a cómo se ha empezado a cobrar por estas cuentas «inmóviles» o cómo se hará, la respuesta es mediante la aplicación de una comisión que puede tener diferentes nombres, pero que debe responder a la prestación efectiva de un servicio (en ING, por ejemplo, la denominan comisión de custodia de saldos, mientras que otras entidades optan por calificarla como comisión de mantenimiento). Si nos referimos a cómo se comunica el cambio de condiciones a los clientes, habrá de hacerse de modo individualizado y con una antelación mínima de dos meses, tal y como establece la normativa si estamos hablando de cuentas a la vista.

Espero que las anteriores líneas hayan arrojado algo de luz sobre la oscuridad: las comisiones son o serán evitables, al menos en algunas entidades, teniendo eso sí que poner todos algo de nuestra parte, el banco renunciar a cobrar y los clientes debiendo vincularse más, así que no hay razón para pensar, aunque echemos de menos la guerra de las supercuentas, que la situación es «siempre negativa, nunca positiva»; como casi todo en la vida, depende del cristal con que se mire, ya saben ustedes..

Guillermo A. Barral Varela es abogado de ABANCA. Mediador civil, mercantil y familiar en ASEMED.