La economía de lo intangible

Hasta el 80 % del valor de las compañías más importantes del mundo por capitalización bursátil reside en activos que no son materiales

intalent.Esperanza para los atletas. Ana Rey-Rico trabaja en la regeneración del cartílago. Acumula 40 artículos científicos y dos patentes protegen algunos de sus avances
Esperanza para los atletas. Ana Rey-Rico trabaja en la regeneración del cartílago. Acumula 40 artículos científicos y dos patentes protegen algunos de sus avances

Desde hace ya varias décadas, parece claro que la tendencia en la economía es pivotar hacia una sociedad basada en activos intangibles (ya sean patentes, marcas, diseños, secretos empresariales, know how o datos), en contraposición a lo que ocurría hasta la década de los setenta, donde el valor de las empresas residía en activos tangibles tales como maquinaria, inmuebles o herramientas de trabajo. Aunque esto ocurre en empresas de todo tipo, es quizá en aquellas más poderosas donde se puede ver con mayor nitidez. En este sentido, según algunos estudios recientes, hasta el 80 % del valor de las compañías más importantes del mundo por capitalización bursátil reside en sus activos intangibles.

Esta imparable revolución de lo tangible a lo intangible, o de lo físico a lo digital, que ya era una tendencia en economías avanzadas, ha sufrido no solo un impulso sino una fuerte aceleración en el último año y es uno de los múltiples efectos que el covid-19 ha traído consigo.

En este sentido podemos ver como la pandemia, más allá de sacudir el mercado, se ha convertido en un catalizador de la innovación en diferentes campos, además de la propia innovación llevada a cabo por los laboratorios farmacéuticos en el desarrollo de las vacunas. Una de las características intrínsecas de la propiedad industrial es su intangibilidad. Esta cualidad supone una especie de invisibilidad de cara a empresas y consumidores en el día a día, pudiendo provocar una sensación de falta de existencia de las propias herramientas de propiedad industrial.

Según los últimos datos de la OMPI (Oficina Mundial de la Propiedad Intelectual) correspondientes al año 2020, sin lugar a duda el peor año a nivel global para la economía desde la gran depresión de los años 20 del siglo pasado, indican que la propiedad industrial, se ha constituido como un refugio para las empresas y que estas han apostado por la innovación en momentos complicados. Aunque es popular el refrán de que la necesidad agudiza el ingenio, esta decisión de apostar por la innovación, materializada en forma de patentes, también podría parecer contracorriente, ya que los frutos de estas innovaciones pueden tardar años en llegar al mercado y en estos tiempos de inmediatez, donde la paciencia se convierte en una virtud escasa, quizá no suene como la opción más lógica. Y sin embargo las patentes continúan como mecanismo para defender los desarrollos propios.

Además, esta tendencia de la economía a otorgar cada vez mayor importancia a estos activos intangibles, no parece que a medio plazo vaya a reducirse. Al contrario, la inversión de las empresas en lo digital va a seguir creciendo, limitando la inversión en activos tradicionales o físicos. En este sentido, hemos visto cómo la pandemia ha acelerado el proceso de digitalización en diferentes sectores, lo que está provocando que las empresas concedan mayor importancia a la protección de sus elementos diferenciadores no basados en elementos físicos.

Durante este primer año de pandemia hemos pasado de un cierre total de la economía en varios países de nuestro entorno a una paulatina reapertura, y si bien ciertas actividades y sectores todavía siguen lejos de una normalización de su actividad, la tecnología ha jugado un papel importante en su proceso de recuperación, ya que el consumo a través de Internet ha permitido contrarrestar las consecuencias negativas de los cierres de establecimientos.

Es en la propia economía donde podemos ver de manera más clara como aquellas empresas que se han podido adaptar a la nueva realidad, bien por disponer de los medios necesarios o por haber actuado rápidamente, han podido no solo capear la crisis sino también aumentar sus beneficios e incrementar su cuota de mercado. Buenos ejemplos los tenemos en el sector textil donde una parte importante de los ingresos provienen del mundo digital. También el sector del entretenimiento, donde las grandes plataformas de streaming han aumentado su base de suscriptores de manera significativa. Lo mismo sucede con el sector de la alimentación o el de la educación/teletrabajo donde las plataformas digitales bien de compra on line o de conectividad han experimentado un aumento histórico.

Por todo ello, y a la vista de esta nueva realidad que ha venido para quedarse, parece claro que tanto la inversión privada como la pública tenderá a beneficiar aquellas propuestas enfocadas hacia un futuro más digital, menos físico. Esta tendencia, tanto por su capacidad demostrada para superar situaciones adversas, como por su idoneidad para hacer un uso más eficiente de los recursos disponibles, permite que los consumidores tengan más opciones, a precios cada vez menores, mejorando la competitividad y redundando en productos y servicios de mejor calidad.

Román Pérez es abogado de propiedad industrial y Director de la oficina de SILEX IP en Santiago.

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