El fondo de recuperación: qué debe hacerse para evitar un despilfarro

Es clave delimitar los proyectos viables, dando por sentada la colaboración leal y eficaz entre los niveles de gobierno; el sentimentalismo ante empresas zombis supone un coste de oportunidad para las viables. Estamos ante una oportunidad histórica e irrepetible para construir el futuro

Ursula Von der Leyen será la primera mujer que liderará el Ejecutivo de Bruselas
Ursula Von der Leyen será la primera mujer que liderará el Ejecutivo de Bruselas

Hace poco más de diez años, la Unión Europea reaccionó demasiado tarde y con poca munición, a la crisis desatada en torno a las hipotecas basura. Sin embargo, ante la tremenda pandemia que asola el mundo, Europa ha respondido con mayor rapidez y potencia, tanto en el plano monetario como en el presupuestario. De hecho, la UE, con el inédito impulso de Alemania y el acompañamiento de Francia y otros países, ha sentado -por medio del plan de relanzamiento-, las bases de un salto cualitativo en la necesaria, pero premiosa, andadura en pos de una auténtica unión política.

Sin embargo, y aun teniendo en cuenta que hay que pensar muy bien qué hacer con esos fondos, y que también ha de procederse a ratificaciones nacionales, todo lo que vaya más allá de finales de abril no será una buena noticia. Claro que la inyección es fenomenal para el PIB, probablemente de hasta un 6 % en algunos países, cosa nunca vista, ni con el impacto de los llamados fondos estructurales.

Siendo realistas, si a principios de verano estamos ya en condiciones de recibir las primeras inyecciones de financiación, podría recuperarse el tiempo perdido, a condición de que los gobiernos hayan hecho sus deberes, es decir, sepan qué hacer con ese dinero, cuáles serán las prioridades concretas, dentro de las grandes líneas diseñadas por Bruselas, así como que se arbitre la deseable gobernanza, sobre todo allí en donde el Estado se organiza con un alto grado de descentralización, como ocurre, por cierto, en España.

Las vacunas

Antes de proseguir, deberíamos no olvidar que la variable crucial de la recuperación económica pasa por la agilizar la administración de las vacuna, gestión que ha sufrido en Europa más dificultades de las que habíamos podido imaginar, de tal manera que la recuperación en V ha pasado a mejor vida. Resulta evidente que la disponibilidad de dosis y la logística consecuente, tiene muchos claroscuros y ello prepara la pista de despegue económico en condiciones todavía más mediocres. Tanto más para aquellos sectores involucrados en los servicios personales, de los que el turismo es un paradigma, pero existen más. Por no citar las mutaciones del virus, cuya probabilidad es tanto mayor cuanto más tarde una vacunación generalizada.

Volviendo al plan europeo - que ahora se llama pomposamente Next Generation UE- y haciendo un guiño a las nuevas generaciones, la extrema lentitud en su concreción país a país es responsabilidad de los Estados. Dicho esto, sería de agradecer que el alargamiento de plazos se viese compensado por una mayor calidad de los proyectos. En cualquier caso, no será de recibo usar el mecanismo de recuperación y resiliencia para politiquerías oportunistas, olvidando que ha de remarse en la dirección de contrarrestar las crecientes divergencias entre los Estados miembros. Como tampoco van a ser aceptadas, probablemente, propuestas que no apunten a la diana del paro juvenil, o que no sean objetivas con el instrumento de apoyo a la solvencia, porque el sentimentalismo ante empresas zombis supone un coste de oportunidad para las viables.

Siempre que los agentes económicos se sitúan en un escenario de posible financiación gratuita, pueden verse tentados a pensar en una política de «helicóptero» indiscriminada. Ante eso, hay que insistir en la orientación esencial hacia la transición ecológica y la transformación digital, y que redactar proyectos -exclusivamente- para recibir ayudas, no suele dar resultado, y menos en estos momentos, en los que el calificativo de «estratégico» va a ser una vitola de condición necesaria. Europa va a ser muy estricta tanto en los ejes como en los planes de inversión, y también estará alerta sobre los mecanismos de asignación. Y algunos Estados, «frugales» o no, van a estar vigilantes, especialmente con los países del sur.

Quizá exista también el prejuicio de que si su empresa no es de una dimensión suficientemente grande, tendrá que olvidarse de las ayudas europeas, y no es así. La digitalización del negocio encaja en la filosofía del plan, porque mejora la competitividad, y ello va a ser independiente del tamaño de la empresa o del sector. Como también se busca la sostenibilidad , y ese objetivo no puede discriminar a las pequeñas y medianas empresas, que han de explicitar sus planes en ese sentido, porque de no hacerlo, se resentirá su reputación y su relevancia comercial.

El rural

El mundo rural tiene también su cabida en el plan de relanzamiento, con una visión de medio y largo plazo. No hay que esperar milagros inmediatos, ni tampoco aguardar un volumen relevante de ayudas si se repiten letanías retóricas y apolilladas. Un país vaciado es producto de dinámicas de largo plazo, que no se pueden invertir solo con dinero. El integrar un programa de recuperación del medio rural con proyectos que incorporen a las ciudades medias, podría legitimar fondos para potenciar modelos productivos descentralizados y más flexibles.

Es también muy importante delimitar los proyectos inicialmente viables, dando por sentada la colaboración leal y eficaz de los distintos niveles de gobierno, incluidos los locales. Y tanto en lo que atañe a las empresas como a las administraciones públicas, el Estado debería ofrecer herramientas para minimizar la escasez de recursos técnicos de pymes o ayuntamientos. Y que se entienda bien que los fondos next generation han de encaminarse a proyectos «transformadores», no a lo primero que se le ocurra al gestor de turno, público o privado. Las consultoras pueden ayudar y mucho en los aspectos técnicos, pero no debe olvidarse que pueden incorporar sesgos y conflictos de interés. Esto es tanto más relevante cuanto más especializadas sean las propuestas, como seguramente ocurrirá en el ámbito concreto de la sanidad y en el más amplio de la investigación. Lo dijo la comisaria europea de Cohesión y Reformas, Elisa Ferreira: «Los fondos europeos son un tsunami de dinero y responsabilidad». Ha dado en el clavo, no una cosa sin la otra. En ese sentido, España habrá de hacer examen de conciencia y si bien deberá apoyar proyectos transformadores en turismo, construcción y automóvil, por ejemplo, también tiene la ocasión de reorientar la economía hacia un futuro más tecnológico y resiliente, impulsando una reindustrialización en torno a los emergentes sectores verdes. Como ha dicho Jeffrey Sachs, «la salida de la crisis solo puede ser verde y tecnológica». Pero ello requiere luces largas, anticipando el cambio sostenible, que cada vez va a ser más demandado por los ciudadanos y, en su caso, legitimado por los mecanismos de votación.

No merece la pena que los gobiernos, quizá apremiados por grupos de interés con influencia, sucumban a la tentación de acudir al fondo de recuperación con propuestas más cosméticas que realmente operativas. Ello supondría un fraude imperdonable en una ocasión posiblemente irrepetible. Como también el mundo emprendedor se equivocaría si no aprovechase esta financiación generosa para modernizarse, alinearse con los ejes de futuro, reconstruir sus cadenas de valor, en definitiva, actuar en coherencia con la orientación que la Unión Europea quiere dar al más que relevante empuje financiero de su plan.

Por último, este «bazucazo» no desplegará toda su potencialidad si no se articula bien con los niveles descentralizados del Estado. Visión respaldada por el Comité de las Regiones, que ha declarado que el plan de relanzamiento debe declinarse localmente. Quizá haya exagerado, como también lo hacen quienes reclaman, en España, una especie de exclusión de las autonomías. Pero el gobierno ha de actuar con visión de conjunto, con la colaboración de las demás administraciones territoriales, pero evitando laberintos competenciales que perjudicarían al país en su conjunto.

Luis Caramés Viéitez De la Real Academia Galega de Ciencias. Grupo Colmeiro

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