El corcho de Portugal goza de buena salud

La industria lusa, primera del mundo en este sector, ha descubierto cómo quitar en el vino el sabor y el aroma que este tipo de tapones dejan impregnado en las botellas


Portugal es desde hace décadas el mayor productor y exportador mundial de corcho, y el principal fabricante de tapones de botellas de vino y cava de esta preciada materia prima. El país es responsable de más del 30 % del corcho del planeta y de casi el 60 % de su exportación y distribución. Los extensos campos de alcornoques, los denominados montados, de donde se extrae cada nueve años la preciada materia prima, ganan protagonismo y belleza en la región del Alentejo, al sur de Lisboa. «La pandemia no ha afectado mucho a este negocio que da empleo directo a más de 8.300 personas; son muchas las familias que viven del corcho, de su extracción, transformación y distribución en todo el país», explica el ingeniero de montes, Carlos Abreu, técnico del Observatorio del Alcornoque y del Corcho que se explota en 27 municipios lusos.

El observatorio está ubicado en el ayuntamiento de Coruche, la capital portuguesa del corcho, donde funcionan cuatro empresas de transformación del corcho y de distribución que dan empleo directo a más de 300 personas. Ahí se encuentran también los montados más importantes y espectaculares del país. «Que son artífices no solo de este corcho único que tenemos sino de una gran riqueza y diversidad paisajística y animal», recuerda el ingeniero. «Cada día se fabrican en Coruche de cinco a seis millones de tapones 100 % naturales o de mezcla, muchos paneles aislantes y otros productos». Cualquier persona en España, en EE.UU. o en el Reino Unido, por ejemplo, al descorchar una botella de vino debe ser consciente del trabajo que hay detrás, desde que saca el corcho del árbol hasta la fabricación del tapón, y de que probablemente provenga de Portugal. En plena pandemia ha nacido y se ha implantado una técnica pionera, descubierta por unos investigadores lusos, para hacer desaparecer totalmente el sabor a corcho que se impregna en el vino proveniente del tapón. El artífice del descubrimiento es Orlando Teodoro, catedrático de Física de la Universidade Nova de Lisboa, y director del Centro de Física e Investigación Tecnológica de dicha universidad. La patente ya ha sido comprada por el grupo portugués Amorim, líder mundial del sector. «Han sido más de cinco años de investigación con un pequeño equipo y numerosas pruebas hasta llegar, por fin, al resultado final», precisa Orlando Teodoro. Según explica, la originalidad del proceso es no utilizar ningún tipo de solventes o aditivos para eliminar el componente químico que sale de los tapones de corcho y que habitualmente contamina el vino. «La causante de dicha contaminación es la molécula TCA», detalla Teodoro. Hasta ahora había otras técnicas que utilizaban aditivos para eliminarla, pero el equipo de este investigador lo ha conseguido con un proceso seco y 100 % natural que, llegando directamente al punto débil de unión de la TCA al corcho, lo elimina previamente de los tapones para evitar la contaminación «una vez embotellado el vino», afirma este físico, quien advierte orgulloso de que este año el grupo Amorim venderá 700 millones de tapones que incorporan esta técnica.

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