Freno al «cero negro» germano

La locomotora europea pospone el cumplimiento de la regla de equilibrio presupuestario para impulsar su economía tras la pandemia. El Ejecutivo quiere «crecer con esta crisis»


Berlín

Las consecuencias económicas del coronavirus suponen un reto de enorme envergadura para las economías europeas. Y también para la locomotora de la UE. A pesar de su fuerte músculo industrial, Alemania afronta la subida del desempleo y las ayudas directas a los sectores perjudicados con dinero público y deuda, un mecanismo que hasta hace un año era tabú en un país marcado por la ortodoxia financiera y el rigor de unas cuentas públicas saneadas.

La regla del «cero negro», es decir, cumplir con un presupuesto sin déficit, ha sido cumplido a rajatabla durante años. Incluso en los peores momentos de la crisis del euro de hace una década. No solo forma parte de la idiosincrasia del conservadurismo alemán, sino que se trata de una norma que consta por escrito y que debe cumplir cada Gobierno, sea del color que sea.

La regla del equilibrio presupuestario está recogida en la Constitución alemana y prohíbe al Ejecutivo federal endeudarse por encima del 0,35 % de su PIB. Sin embargo, en circunstancias excepcionales, el Gobierno puede solicitar al Parlamento permiso para sobrepasar ese umbral. Así ocurrió el pasado mes de junio, cuando lanzó un plan de recuperación de 130.000 millones de euros destinado a aumentar las inversiones públicas e impulsar el consumo.

La magnitud del desafío de reconstruir la economía post-pandemia es de tal calibre que el Gobierno alemán quiere suspender de forma permanente la norma de freno de la deuda. Así lo afirmó hace unas semanas el responsable de cancillería y ministro federal de Asuntos Especiales, Helge Braun. Esta norma no se cumplirá en los próximos años con el fin de ayudar a la recuperación económica y proporcionar «un marco fiable para las inversiones», en palabras de Braun.

La crisis del coronavirus es una situación «histórica y excepcional» en palabras de su ministro de Finanzas, Olaf Scholz. «Vamos a crecer con esta crisis», sentenció el político socialdemócrata, que aspira a convertirse en líder del SPD (Partido Socialdemócrata) de cara a las elecciones al Parlamento en septiembre. Además de la recuperación económica, Scholz se juega al frente del ministerio convertirse en el líder que necesitan los socialdemócratas para salir de la profunda crisis en la que se encuentran.

Las estimaciones oficiales señalan que la situación de las finanzas alemanas no volverán a su nivel anterior a la crisis hasta el 2024, y que las reglas de endeudamiento volverán a ser tenidas en cuenta a partir del 2022. Scholz argumenta que «en este momento de crisis no se puede ahorrar». La inyección de dinero público evitará la subida de cotizaciones de la seguridad social y la subida de impuestos.

Se espera que la deuda pública alemana alcance este año el 75 % del PIB, contra el 59,5 % que tenía en el 2019. Para este año, el Ejecutivo prevé gastos por valor de 499.000 millones de euros, de los que 180.000 (el 36 %) serán financiados mediante deuda. Se trata del mayor déficit público del Gobierno alemán desde la II Guerra Mundial, solo superado por la deuda contraída en 2020: 217.000 millones de euros. El Ejecutivo quiere fomentar sectores considerados estratégicos, como la salud, el transporte, la tecnología digital y la transición ecológica.

El aumento de las inversiones en la principal economía europea es un reclamo que lleva encima de la mesa mucho antes de que llegara la pandemia.

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