La fisioterapia que llama a tu puerta

En pleno desarrollo de su proyecto personal en Madrid y en plena pandemia, este profesional hizo las maletas de vuelta a Galicia. Su empresa te lleva el fisio a casa y de forma personalizada


Redacción / La Voz

Trato cercano, sesiones personalizadas, constante seguimiento y la comodidad de no tener que salir de casa. Esas son solo algunas de las bases de un modelo de atención poco conocido en Galicia con el que un fisioterapeuta de Gondomar desembarcaba hace solo unos meses en el área de Vigo. El nombre de su proyecto, Fisiodomus. La fórmula parece sencilla, pero permite un mayor apego entre el paciente y su fisioterapeuta. «Este servicio se ve aquí como algo exclusivo o como una necesidad para personas con movilidad reducida, cuando realmente no es así. En general, los pacientes repiten porque ven muchas ventajas en la terapia y el seguimiento». Así lo explica el alma y el cerebro de Fisiodomus, Pablo Quintela, un profesional en constante formación con experiencia tanto en clínicas como en hospitales. «Cuando decidimos trasladarnos a Vigo daba un poco de vértigo porque llevábamos año y medio en Madrid con el proyecto. Teníamos ya una cartera de clientes considerable y hubo que empezar de cero. En Madrid hablamos de un servicio muy extendido y creo que en Galicia va a ser igual», explica tras la buena acogida de su proyecto empresarial y de salud.

Fisiodomus ofrece sesiones de fisioterapia a domicilio de una hora. Este profesional se desplaza a la casa o a la empresa del paciente «para hacer que la terapia sea lo más cómoda posible»: «Ofrecemos un trato cercano. Los pacientes contactan conmigo, me llaman o me escriben, y les envío ejercicios o les hago un tratamiento postsesión. Me gusta acompañarles durante todo el proceso de rehabilitación conociendo su entorno y su día a día, que muchas veces es lo que me faltaba en una clínica. Veo directamente los hábitos, incluso los malos, y eso hace que muchas veces pueda dar pautas que corrijan o eviten lesiones o dolencias», explica Pablo Quintela sobre un servicio hecho a su medida y concebido como una iniciativa personal que no descarta que pueda crecer a medio plazo. «Las tarifas son muy competitivas. Lógicamente hay un desplazamiento por mi parte, pero no hay mucha diferencia con respecto al tratamiento en una clínica. Además, hay que tener en cuenta que se trata de una atención muy personalizada. En realidad es trasladar la clínica al hogar de los pacientes. Llevo la camilla y mis manos, que son lo más importante. También llevo material para otras técnicas que utilizo, como vendajes funcionales o agujas de punción seca. Siempre he tenido material desechable, pero ahora con el covid-19 hemos reforzado aún más la protección para tener la máxima seguridad en las sesiones».

A la medida del paciente

En todo esto, el boca a boca le funciona muy bien a este tipo de empresa. También el constante trabajo para tener presencia digital a través de las búsquedas, su propia página web y su perfil en Instagram donde muestran la actividad de la empresa y aportan consejos con el objetivo de ayudar a mejorar la calidad de vida de los usuarios. «Para mí como profesional, lo más positivo es que el trato con el paciente es más cercano, se sienten más cómodos, y la posibilidad de que contacten conmigo de forma directa ayuda mucho a ambas partes y aporta seguridad. Noto que valoran no tener que desplazarse y lo cómodo que es eso. Al final, demandas un servicio sanitario y lo tienes en tu casa. Cuando hablamos de salud, esto es muy importante. Por otra parte, ayuda mucho que puedan llamarte o escribirte si lo necesitan», asegura.

De este modo, los pacientes no solo pueden acceder a sesiones específicas por un problema concreto, sino acceder a un seguimiento igual al de una clínica convencional. «Gran parte de mis pacientes necesitan fisioterapia de forma regular. Lo que hicimos fue ofrecerle bonos a este tipo de personas. Con la camilla y un espacio para hacer ejercicios es suficiente para hacer una sesión efectiva. Un punto a favor es que, en general, en la zona de Vigo las viviendas son más grandes y resulta más cómodo trabajar», explica haciendo referencia a su etapa en Madrid, donde además las distancias entre domicilios complicaban mucho más la agenda. «Los pacientes contactan por teléfono o por Whatsapp. Al final, aunque podemos decir que el contacto inicial es online y el servicio offline, algunos pacientes nos conocen a través de la web, pero suelen llamar por teléfono».

Todo ello, en plena pandemia y con las dudas que la situación que afloraban ante esta situación: «No sé cómo hubiese sido todo sin pandemia, pero sí es cierto que me encuentro con más problemas de espalda derivados del teletrabajo. Otra llamada frecuente es la de personas mayores que han perdido movilidad. Sus familiares me dicen que ‘han pegado un bajón’».

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