Mercado interior, digitalización y pacto verde, claves para salir del hoyo

El FMI se ha dado cuenta de que la situación es peor de lo que se pensaba y que es necesario seguir con el apoyo a la demanda agregada, en especial la inversión pública


Con el virus que nos asola no ganamos para disgustos; el último, su mutación, que parece hacerle más contagioso, aunque no por ello ha de ser más mortal o más resistente a las vacunas. Nada indica que lo sea o que cause una forma más severa de enfermedad. Es decir, no se pone en cuestión la efectividad del cóctel de anticuerpos que se nos inoculará.

Dicho esto, y yendo al negociado de la economía, lo primero que debe decirse es que la preocupación por el desbloqueo de los fondos de recuperación se ha aliviado, tras haber reculado los dos países toca narices, Polonia y Hungría. Pero también es cierto que el horizonte se ha ido complicando, y si bien el inicio de la vacunación es inminente, la economía de los países de la UE se ha degradado significativamente, lejos ya aquella optimista salida en V.

La situación epidemiológica, que llevó a levantar progresivamente las medidas de confinamiento, dibujó un espejismo que se acompañó de una recuperación bastante vigorosa en el tercer trimestre, cortada abruptamente por el rebote de la pandemia, ligado a comportamientos de optimismo sin base objetiva. A decir verdad, las proyecciones de crecimiento comunitario nos colocan en 2022, para acercarnos a la producción anterior a la pandemia. Recuperación en media, por tanto, no homogénea, ya que está ligada a las medidas de salud pública implementadas, a la composición sectorial de las diferentes economías y al acierto y perseverancia de la reacción de los poderes públicos nacionales.

La guía para las políticas económicas, incluidas las presupuestarias, ha de obedecer a las circunstancias excepcionales que acompañan a la pandemia, con una regla básica, que no es otra que la flexibilidad, amoldable, dúctil, y un instrumento como el denominado Next Generation EU, que debería desplegarse en el primer semestre del año que viene. Y aunque las ortodoxias han sido arrumbadas y el rigor queda entre paréntesis, porque de no hacerlo todo podría haber sido reducido a escombros, también intelectuales, cuando se logre salir del agujero, las reglas habrán de volver, con cambios inducidos por la propia experiencia, pero nadie podrá creerse que los déficits y la Deuda Pública no exigirán una gobernanza adecuada. Los mercados podrían reaccionar negativamente, sobre todo respecto a España e Italia, por lo que habrá que mitigar esas presiones con los instrumentos existentes u otros.

A finales de noviembre, el FMI volvió sobre sus propias opiniones para dar una vuelta de tuerca a su posición respecto a Europa, siempre técnica, pero con un trasfondo inevitablemente político. Su máxima responsable, Kristalina Georgieva, cree que las políticas fiscales aplicadas hasta ahora han sido fundamentales para paliar las extremas situaciones de familias y empresas, pero eso es insuficiente, ya que si aquellas se retiran, podría «descarrilar la recuperación». Vamos, que en el FMI se han dado cuenta que la cosa está mucho peor de lo que se pensaba y que es urgente proseguir con el apoyo a la demanda agregada, en especial la inversión pública, que facilite la transformación digital y verde y que las empresas con visos de viabilidad reciban apoyo, recuperando empleo. Para todo esto será vital que los fondos de recuperación se integren en la dinámica de las políticas nacionales, con sentido común. Así lo apunta también la directora general del FMI, al reclamar inversiones de alta calidad y no simples sustituciones de financiación para gasto ya previsto.

Los países de estructura federal tienen más o menos resuelto un asunto que no es irrelevante: cómo aplicar la munición del plan de relanzamiento, para que tenga un impacto significativo. Es decir, las tensiones intergubernamentales respecto a los programas de inversión, no pueden acabar esterilizando la capacidad de empujar la economía a una etapa dinámica y resiliente. La orientación es clara: reforzamiento del mercado interior, digitalización, pacto verde; pocos líos de tradición secular, no están los tiempos ni la UE para políticas miopes, de «parirán los montes y nacerá un ridículo ratón». La tentación es grande, pero el patriotismo exige no construir puentes si no hay río. Hacerlo bien, escala adecuada, calidad y eficiencia, porque el tren no pasará otra vez.

Luis Caramés Viéitez. De la Real Academia Galega de Ciencias. Grupo Colmeiro

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