«La facturación del año ha bajado porque solo se trabajó dos meses»

María Jesús Otero Acuña nació en la isla de Ons, donde regresó, tras estudiar Económicas y trabajar en varias empresas, para regentar el negocio familiar. En 1998 fundó la naviera Nabia, que hoy cuenta con ocho barcos y opera en las rías de Pontevedra y Vigo


María Jesús Otero Acuña (Ons, 51 años) nunca se arredra ante los retos, tal vez por el carácter que imprime haberse criado en una isla atlántica. Estudió Económicas y Empresariales en la Universidade de Santiago, y después de pasar por varias empresas regresó a Ons para hacerse cargo del negocio familiar, el restaurante que regentaban sus padres y en el que ya había trabajado mientras estudiaba. «En verano había mucha actividad, pero estábamos muy atados por el barco, eran todo inconvenientes para llevar la mercancía. Pensé que si queríamos crecer necesitábamos un barco para llevar gente, y así empezó la naviera, en 1998, por empeño mío», relata. Nabia, como bautizó la empresa en alusión a la diosa precéltica, cuenta ahora con ocho barcos, que operan varias rutas a Cíes y Ons y la línea Moaña-Vigo.

-¿Cómo ha sido la evolución de la empresa?

-Durante muchos años solo trabajamos en la ría de Pontevedra, muy centrados en la isla de Ons. En 2008 se liberalizó el sector. Hasta entonces, una empresa tenía el monopolio del transporte en las líneas Cangas-Vigo y Moaña-Vigo, y la exclusiva de las islas Cíes. En el año 2008 decidí dar el salto y me vine a la ría de Vigo, me gustan los retos difíciles, cuanto más difícil me lo ponen más me estimula.

-¿Cuáles fueron las mayores dificultades que se encontró?

-Entrar rompiendo un monopolio es difícil, por la competencia y por la Administración, que para todo me ponía pegas, para conseguir permisos para ir a las islas o poner un puesto de venta de billetes, una traba tras otra. Tardé dos años y supuso un salto poder ampliar el servicio a Cíes. Ahora sigo teniendo problemas similares. Hago la línea Moaña-Vigo, importante porque es todo el año, aunque no resulte muy interesante económicamente, con unos 500 pasajeros al día; y otra empresa opera la Cangas-Vigo, con unos 2.300. Llevo tres años intentando conseguir permisos y de cuatro atraques no me dejan ninguno.

-No ha dejado de invertir y de crecer en estos años...

-Siempre me arriesgué porque vi que había trabajo y posibilidades, y este año, difícil para el sector turístico, aun así ha sido bueno para nosotros, por el atractivo de las islas, al ser espacios al aire libre. En Ons gané el concurso del cámping en 2013 y acabé las obras en 2016, es pequeño pero este año hemos tenido siempre mucha gente. Allí tengo también un alojamiento y habitaciones y casas en alquiler, una agencia de viajes en Vigo y dos pulperías, en Vigo y Cangas.

-¿Qué plantilla tiene?

-Todo el año, andamos alrededor de 40; en verano, llegamos a 120 o 125. La gran masa de personal la lleva la naviera, al operar desde distintos puertos.

-¿Cómo ha repercutido la pandemia en el negocio?

-El verano salvó la temporada. En marzo y abril lo veía todo negro, y sin embargo, a partir de mayo empezó a haber mucho interés por las islas (con más pernoctaciones que nunca en Ons), y en julio y agosto trabajamos como si no hubiera pasado nada. En la naviera se trabajó muy bien, pero no se aprovechó la Semana Santa ni abril, mayo y junio, cuando tenemos muchos grupos, de empresas y colegios. La facturación ha bajado porque solo se trabajó dos meses, que fueron muchísimo mejores de lo previsto [...]. Ahora estamos preparando la temporada de verano, el Año Xacobeo.

«En todas las tripulaciones va una mujer y a todas se las promociona»

 

A. F. C.

En los inicios, la gerente de la naviera Nabia achacaba «todos los problemas» con los que se iba topando al hecho de ser mujer «en un mundo de hombres, siempre trabajando el doble para que se valore lo que haces». «En las reuniones era la única mujer, e incluso a nivel de tripulación [de los barcos] me cuestionaban por ser mujer. Pero en todas las tripulaciones va una mujer, y a todas se las ha promocionado para ser patronas, antes eran todos hombres. No hay tantas como me gustaría porque no encuentro», explica. Con el tiempo se ha dado cuenta de que tal vez «el mar de obstáculos» que ha tenido que sortear «sea fruto de la sociedad, que cuando una persona es creativa y emprendedora, va hacia delante y tiene cierto poder en su área de trabajo o de influencia, y aun encima lo hace con alegría, se ve mal, se empiezan a buscar defectos y puntos negativos, cuando realmente lo que hace no solo es mejor para ella, sino para toda la gente que trabaja con ella y para la zona donde crea empleo». Las pegas no han cesado y sigue pendiente de respuesta a varios proyectos.

La nieta del cabezalero de la isla de Ons

  

Hay quien le llama «la guerrillera», por no bajar la cabeza, y otros la conocen como «la princesa de Ons». Esta empresaria, que vive en Baiona, reconoce su pasión por la isla, donde pasó el confinamiento con sus hijos. Su abuelo materno fue el cabezalero de la isla, «y tenía la responsabilidad del teléfono, el único que había», que después pasó a sus padres. «Llegó a haber 535 vecinos, a finales de los 60 empezaron a irse y nosotros fuimos de las últimas familias en marchar. Ahora, todo el año viven solo dos personas», cuenta. Recuerda la escuela unitaria donde estudiaron sus padres y las clases que les daba en verano «el último maestro de Ons». Su familia regenta dos de los tres bares y la única tienda de la isla, donde se erigen 92 casas (82 de particulares y 10 de la Administración). Además de las rutas a Cíes (desde Vigo, Cangas o Baiona) y Ons (desde Bueu, Portonovo o Vigo), organiza alguna desde Pobra do Caramiñal y expediciones astronómicas a Sálvora, las noches de verano: «Cada vez hay más demanda para ver las estrellas». Todo a bordo de «los piratas de Nabia», como son conocidos sus barcos. También organiza rutas turísticas gastronómicas, del mejillón, el marisco o el pulpo, con degustaciones, y siempre con guía.

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