El covid abre nuevas oportunidades para el campo gallego: «Traballo 100 fincas de máis de 40 veciños»

La pandemia ha resucitado el interés por los entornos rurales; compradores e inquilinos quieren verde, pero con condiciones: con fibra óptica y transporte público

Todas las crisis tienen algo en común. Provocan cambios y una enorme incertidumbre. Si las alteraciones son pasajeras o están llamadas a permanecer es algo que solo el tiempo puede confirmar. De momento, en el sector inmobiliario gallego una nueva realidad golpea a la puerta. El interés por el campo que despertó el confinamiento se consolida. Los geógrafos hablan del «post-productivismo agrario», esto es, «que se supera a vinculación funcional cuasi determinante do campo e das actividades agrarias», explica el profesor de Xeografía Humana de la USC Carlos Ferrás. Pero, este bum tiene matices. Se limita a unas áreas concretas y, mientras en la década de los 50 los puestos en las fábricas vaciaron nuestros pueblos, es una red invisible, Internet, la que puede devolverles la vida.

«La mayor parte de las personas que quieren vivir en el rural tienen claro dos cosas: la propiedad la quieren con finca, da igual el tamaño, y con banda ancha. Esto es lo primero que nos preguntan», advierte Benito Iglesias, de la Federación Galega de Empresas Inmobiliarias (Fegein).

mercados

El cambio de chip

El covid-19 no va a generar un éxodo urbano, pero sí ha cambiado el chip. «Hace diez años, en el Salón Inmobiliario de Madrid, la gente quería vivir en la ciudad. Cuanto más céntrica la calle, mejor. Hay un cambio de mentalidad importante que se está consolidando porque está creciendo. Se quiere un piso luminoso y espacioso, si es a las afueras, da igual. Las familias con niños pequeños y una edad entre los 35 y los 50 años buscan una casa en el campo, también en el mercado del alquiler, algo residual antes. Hay municipios donde los pequeños contratistas no dan abasto con las reformas. Esa casa de tus abuelos a la que no dabas importancia, ahora la tiene», destaca Iglesias.

Esta realidad económica ya se estudia aulas adentro. «É chamativo o feito de que promocións inmobiliarias na periferia das cidades reciban nomes como El Bosque, Aldea, El Pinar... Coa pandemia a nivel mundial parece que o hábitat urbano deberá superar a compactación espacial da época industrial para acometer unha desconcentración sobre os espazos rurais circundantes. Imos asistir á explosión da cidade sobre a súa periferia», avanza Carlos Ferrás Sexto. Una «desaglomeración demográfica post-pandémica», define, que puede propiciar un «renacemento de áreas rurais residenciais de baixa densidade», impulsando un nuevo «equilibrio territorial», principalmente, «no rural máis próximo ás cidades e nas vilas ben comunicadas».

El profesor de Economía Aplicada en la USC y miembro del grupo de investigación Ecoagrasoc, especializado en desarrollo y política agraria, Edelmiro López, destaca dos consecuencias de la pandemia: «De entrada, o que trouxo é unha revalorización das actividades ligadas á produción de alimentos. Non sabemos que vai pasar coa industria aeronáutica, pero vai seguir habendo demanda de alimentos que se vexan fiables, de orixe coñecida. Galicia ten un potencial por desenvolver. Outro efecto é o de revalorizar o campo como un espazo para vivir e traballar, ben sexa en actividades agroalimentarias ou noutras».

La demanda de vivienda no se da en los 313 concellos, el 90 % va para unos muy concretos

Las «tres galicias»

El economista de la USC hace tres distinciones. «Hai tres Galicias rurais. A periurbana, no eixo atlántico e no entorno das cidades; a rural do interior, de produción gandeira e con cabeceiras comarcais, e as áreas de montaña. Esa revalorización do campo como espazo para vivir vaise dar máis na primeira das Galicias. Coa mellora das comunicacións, pode estenderse á segunda. Arzúa, conectada por autovía con Santiago en 20 minutos, podes prever que se revalorizará», pronostica López.

Una apreciación con la que coincide el presidente de la patronal de las inmobiliarias gallegas. «La demanda de vivienda no se da en los 313 concellos de Galicia. Entre el 80 y 90 % se limita al propio perímetro rural de los municipios de las siete ciudades y a los concellos limítrofes, a 30 minutos en coche, como mucho, del centro », aclara Iglesias.

Debemos deixar de investir tanto diñeiro en asfaltar pistas, é moito máis importante a conectividade

Los deberes urgentes

Pero las oportunidades hay que saber aprovecharlas. Edelmiro López, que fue director del Instituto Universitario de Estudos e Desenvolvemento de Galicia (Idega), plantea tres ámbitos «fundamentais». Por un lado, «unha dotación de servizos públicos básicos: educación, sanidade, atención á infancia e á terceira idade. Sen iso, dificilmente se pode consolidar esa relativa estabilización demográfica». López continúa: «Unha dotación de acceso a Internet de primeira calidade, debemos deixar de investir tanto diñeiro en asfaltar pistas, é moito máis importante a conectividade».

La tercera línea de actuación que propone es una política de vivienda específica, «con miles de casas abandonadas e unha demanda potencial de xente que nos próximos anos pode estar disposta a ir vivir e teletraballar nun núcleo rural dotado de servizos e ben comunicado, o que falta é poñer esas vivendas baleiras no mercado».

En este sentido, desde Fegein ultiman un proyecto que presentarán ante la Diputación de Ourense para luego llevarlo al resto de provincias. «Buscamos captar fondos europeos. Este tirón en la rehabilitación y la demanda de vivienda en el rural pueden ayudar a que la fijación de población sea sólida, y no flor de un día», justifica Iglesias.

Para que lo que se puede rozar con los dedos sea real se necesita «planificación e anticipación co fin de  evitar a especulación, o impacto medioambiental e a dispersión caótica no territorio», recuerda Carlos Ferrás. Si se hace bien, considera Edelmiro López, «hai unha oportunidade, non de volver á poboación que tiña o rural nos anos 60, pero si dunha estabilización dos habitantes nas dúas primeiras Galicias rurais citadas e á súa dinamización».

En este análisis, López no se olvida de la Galicia de montaña. Gana interés como espacio de recreo, pero, sobre todo, la mayor concienciación medioambiental que está resucitando la pandemia juega a favor de la protección de estas áreas.

villamor

«A muchos les gusta la montaña, pero un rato»

Es uno de esos raros casos que a veces se producen. Verónica Villamor se vino de fuera de Galicia a Chandrexa de Queixa, a una hora y 15 minutos de Ourense ciudad, para montar una explotación de un rebaño de 360 ovejas y 130 cabras. «La familia de mi padre es gallega y mis tíos compraron casa en Chandrexa. Llevo más de 20 años veraneando aquí, de donde es mi pareja. Al principio, se vino él hasta Barcelona, pero después apostamos por esto, por vivir del ganado», cuenta Verónica.

No oculta que fue un camino complejo. «Es muy difícil emprender, y más en el campo. Hay mucha burocracia, demasiados pasos, solicitudes y documentación para cualquier trámite. Las subvenciones son una ayuda, pero tienes que invertir mucho para hacer que funcione y los resultados tardan en aparecer. Y, cuando crees que llegan, llega el covid y lo confinan todo», cuenta.

El deseo de alejarse de las urbes extendido por los ámbitos urbanos en el confinamiento lo ve, con todo, como algo pasajero en lugares como el suyo. «Creo que quedará en una moda. A mucha gente le gusta la montaña y la tranquilidad, pero para un tiempo», dice. Ella, sí es feliz en lo alto del macizo central ourensano.

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«Se só veñen ao rural por ocio, o despoboamento segue»

Economista de formación, cuando María José Tallón se quedó sin empleo creó el suyo propio: Trasdeza Natur. Su proyecto de huerta ecológica en Silleda acaba de ser galardonado hace apenas un mes por el Ministerio de Agricultura en los Premios de Excelencia a la Innovación para Mulleres Rurais.

«Un dos condiciones quizais máis importante son os servizos e as conexións de Internet, máis co transporte público, non é posible chegar a todos os puntos de Galicia nun autobús. Pero, sen tecnoloxía, traballar aquí si é un gran hándicap. Se tes iso, a xente apostaría máis por traballar ou teletraballar desde o medio rural, mesmo cos empregos que hai na cidade», responde al móvil Tallón, que hace un hueco para la entrevista en un descanso de una conferencia on-line.

«Coa pandemia, e sobre todo no confinamento, houbo unha maioría de xente que se veu, casas que estaban baleiras comezaron a encherse. Logo, seguiron vindo moitos a pasar unha fin de semana, pero máis como un espazo de ocio que de traballo. Un equilibrio entre as dúas cousas non estaría mal, pero, se só é ocio, o despoboamento vai seguir. Esa migración que vemos non se vai asentar», pronostica.

martin

«Teño 100 fincas de máis de 40 veciños»

Martín Touceda vive en Osmo (Cenlle), en una de las primeras aldeas modelo ideadas por la Xunta. «É un sistema de recuperación de terras abandonadas poñéndoas en uso, co cal ese terreo está limpo e é unha barreira de protección contra incendios; outra peculiaridade é que, ao poñela en aluguer, lle dás un valor que ata ese momento non tiña; por último, se aproveitas o terreo en condicións, pode ser unha forma de vivir no campo», explica Martín.

Tiene una explotación de porco celta y proyecta un huerto ecológico a 15 minutos de la A-52. Aquí hay 4G y en diciembre llega la fibra.

«Non vivo disto, miña muller e eu temos un traballo, por sorte, pero é unha forma de poder conseguilo. Teño máis de 100 fincas que son de máis de 40 veciños. Todo en aluguer. Imaxínate intentar comprar iso, é inviable. Non polos cartos, que é o de menos. O problema é máis loxístico. Os que vivimos no campo temos que facelo produtivo. O que non confíe niso, ten o seu futuro na cidade. Hai xente que segue vendo o medio rural baixo a óptica costumista: antigo, paleto. Cada sitio ten as súas limitacións e vantaxes, quen queira ir vivir ao campo aproveite esas vantaxes», dice.

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