John McAfee, el genio que se tragó el delirio

El extravagante fundador de la empresa de antivirus informáticos ha perdido casi toda su fortuna en la bolsa


Multimillonarios hay muchos a lo largo y ancho del planeta. La mayoría, en Estados Unidos. Los hay discretos. Mucho. De los que nada, o casi nada, se sabe. Están también los excéntricos. Les encanta hacer ruido. Y luego está John McAfee, el polémico fundador de la empresa de antivirus informáticos que lleva su apellido, al que le fascinan los excesos. Su vida está trufada de ellos. El último, su detención, a principios de este mes, en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, cuando estaba a punto de subirse a un avión con dirección a Turquía. Pidió su arresto la Justicia estadounidense, que lo acusa de evasión fiscal. «No he pagado impuestos federales desde hace ocho años. Los impuestos son un robo, anticonstitucionales», proclamaba en un vídeo grabado en la cubierta de su yate en enero del 2019, al tiempo que anunciaba que sería candidato a las elecciones presidenciales de este noviembre. Después se pasó seis meses navegando por el Caribe, con su mujer, sus perros y su guardaespaldas, pertrechados con armas de repetición.

Entre otras cosas, no habría puesto en conocimiento del fisco sus ganancias con el intercambio de criptomonedas. Y es que este desarrollador de software, nacido en una base militar norteamericana en el Reino Unido en 1945, tiene una fe ciega en los bitcoins. No es es su única extravagancia. Ni mucho menos. Ni la más llamativa, desde luego. De hecho, cuesta elegir una entre todas las que han acabado convirtiendo a McAfee en una caricatura del avispado empresario que es. O que fue. La lista es de lo más extenso. No sabe una por dónde empezar. Si por su afirmación de que ha sido padre 47 veces. Si por su huida de Belice por el supuesto asesinato de su vecino. Si por su boda con la primera prostituta que contrató al ser deportado a EE.UU. desde Guatemala. Si por su desmedida pasión por las armas. Si por sus adicciones (es consumidor declarado de metilendioxipirovalerona, también conocida como sales de baño: «Soy un fan incondicional de la metilendioxipirovalerona. Creo que es una de las mejores drogas jamás creadas».... En fin, que no es sencillo. Ni mucho menos.

Pero antes de todo eso y de lo que, conociendo sus andanzas, seguro que vendrá después, el de todo menos discreto multimillonario estadounidense era un exitoso empresario tecnológico fundador de la empresa de seguridad informática McAfee, nacida en 1987 y una de las más populares del planeta. Dejó la compañía en 1994, poco después de su salida a Bolsa.

Y no parece que desprenderse de su creación le causase dolor alguno. Y no solo por el montón de dinero que recibió a cambio: unos cien millones de dólares. Es más cuando Intel, que adquirió la compañía en el 2010 por la friolera de 7.680 millones de dólares (6.450 millones de euros) en el 2010, anunció que sustituiría su nombre por el de Intel Security, John McAfee pareció quitarse un peso de encima. «Estoy eternamente agradecido a Intel por liberarme de este terrible vínculo con el que es el peor software del planeta», fue su reacción en Twitter. Pena, ninguna.

Detrás de todos esos excesos se esconde, si es que queda algo de él, un matemático brillante. Se graduó en 1967 en el Roanoke College (Salem, Virginia, donde se crio), universidad que le concedió en su día el honoris causa. Y una brillante carrera: trabajó en la NASA y en empresas tecnológicas de la talla de Univac y Xerox. ¿Qué fue lo que le pasó? Se preguntarán. Dicen que todo se torció en el 2008, con la crisis. Perdió casi toda su fortuna en la bolsa. Y luego todo fue de mal en peor. Tanto que hasta hay un documental sobre lo suyo: La peligrosa vida de John McAfee, se titula. Lo pueden ver en Netflix. No aclara, eso sí, lo que será de él.

.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

John McAfee, el genio que se tragó el delirio