El campo gallego cierra el círculo para abrir un nuevo año agrícola

Con las cosechas almacenadas, los agricultores comienzan las tareas para volver a arrancar el ciclo anual


Tras un año diferente, marcado por la influencia de la pandemia provocada por el coronavirus, los agricultores de Galicia se preparan para pasar página y arrancar de nuevo sus planes de cultivo. La llegada del otoño, aparte de la reducción de las horas de luz y la bajada de temperaturas, supone un momento clave dentro del año agrícola. El campo gallego cierra el círculo de tareas con la recolección de los frutos y da por finalizado el ciclo anual para comenzar uno nuevo. Las labores agrícolas conforman este período circular que se reinicia una y otra vez en esta época.

La agricultura no se escapa de esa relación imperceptible al ojo humano que existe entre naturaleza, matemáticas y geometría. La disposición de las ramas de los árboles, de las hojas en los tallos, de las flores de alcachofas y girasoles o la configuración de las piñas de las coníferas tienen, todas, un patrón común: la sucesión de Fibonacci. El matemático italiano Leonardo de Pisa descubrió esta secuencia, relacionada con el número aúreo y que se encuentra en múltiples configuraciones biológicas, en el siglo XIII. La espiral que dibujan los números de esta relación se encuentra en elementos tan dispares como la forma de los huracanes o de algunas caracolas. Una forma que tiende a infinito que los ciclos del campo sí cierran gracias a las cosechas. En el momento en que se recogen los frutos del trabajo de todo un año acaba un período con forma circular que en muchos casos también sigue una sucesión: la rotación de cultivos.

El paradigma del maíz forrajero

El ejemplo más enraizado en Galicia es, sin duda, la rotación de cultivos que se lleva a cabo en los campos de maíz forrajero. La importancia de este tipo de gramínea es vital ya que supone una importante ración de energía para el ganado y, por lo tanto, para la industria láctea. Ese factor ha impulsado enormemente estas plantaciones y por ello en la comunidad se recogen actualmente las tres cuartas partes de la cosecha de este tipo de maíz en España.

La recogida y ensilado de la cosecha pone punto final a un ciclo que, acto seguido, vuelve a comenzar. Lo hace con el aprovechamiento de los restos que hacen empresas como la lucense Agroamb, que realiza una valorización de los residuos para convertirlos en fertilizantes orgánicos. Mediante este proceso, ejemplo de cómo la economía circular está cada vez más presente en el rural gallego, se da el primer paso del nuevo ciclo.

La implantación de los modelos circulares de economía, que son un aspecto clave dentro del Pacto Verde de la Unión Europea, hace que cobren mayor sentido sistemas como el de la empresa con sede en el concello lucense de Castro de Rei, que participa de forma activa en todos los procesos del cultivo del maíz hasta que este llega al silo.

Todo comienza con la preparación del cultivo de rotación que, en la mayoría de los casos, se efectúa con Raigrás o hierba forrajera. Este tipo de gramínea tiene también gran importancia para las explotaciones lácteas al suponer un necesario aporte de proteína vegetal para el ganado durante el invierno. La apuesta por estas rotaciones aporta beneficios a la tierra, con respecto al barbecho invernal, que pueden acabar redundando en mejores y más cuantiosas cosechas del maíz forrajero.

El círculo completa su primera mitad cuando se siega la hierba destinada al forraje y la primavera se desvanece y va llegando el verano. Al tiempo que se produce su ensilado se pone en marcha el segundo período: el cultivo del maíz. Lo primero será dejar que la tierra se oxigene para, más tarde, comenzar con los trabajos de gradeo y preparación del terreno. A lo largo de un mes se llevan a cabo labores como el encalado, el abonado y la fertilización de la superficie para tener todo listo para la siembra, unos trabajos que pueden llegar a realizarse en una sola aplicación gracias a fertilizantes como los que elabora Agroamb. Tras el sembrado llega el rulado y una vez realizado el abonado de cobertera se inicia la fase de crecimiento y desarrollo. Durante aproximadamente tres meses se completará este proceso al que se pondrá punto y final de nuevo con la cosecha para cerrar este ciclo circular.

La Biomímesis, la ciencia que toma a la naturaleza como fuente de inspiración para la innovación y la solución de problemas humanos, ha llevado a que empresas como Agroamb cierren el círculo gracias a todos los servicios que prestan. Esto incluye la realización de todas las tareas agrícolas necesarias en el proceso del cultivo del maíz forrajero, que llevan a cabo tanto en sus propias parcelas como en las de aquellos agricultores que necesiten apoyo en estos trabajos. La emulación de los cursos que sigue la naturaleza se completa con el proceso que, posteriormente, ayuda a que todo comience de nuevo. La revalorización de los residuos orgánicos resultantes de la cosecha les otorga una segunda vida en forma de fertilizantes que serán claves en el desarrollo del nuevo cultivo.

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