El sector forestal de mañana se construye hoy

El viaje no será apacible, pero si logramos mantener el rumbo, el destino merecerá la pena

Vistas desde el Monte Branco, en Ponteceso
Vistas desde el Monte Branco, en Ponteceso

L a irrupción del covid-19 en nuestras vidas ha puesto al mundo contra las cuerdas: hay contracción del PIB en todos los países, alteración de los flujos económicos globales, alteración de las cadenas de suministro en sectores individuales, aplicación de políticas radicales, y, especialmente, se abre un escenario de incertidumbre por la evolución de la pandemia y el tiempo para alcanzar su control.

Dentro de esas incógnitas, algunas de las pocas certezas es que no podemos seguir despreciando los recursos propios, ni dejar de aspirar a tener a la industria como un pilar de nuestra sociedad. La misma sociedad que exige pasar de un mundo fósil a uno basado en bioeconomía circular compatible con la protección del medio y la lucha contra el cambio climático. En medio de la niebla, pues, el barco de un sector forestal renovado tiene viento a favor si somos capaces de soltar amarras y levar el ancla. Para ello, amén de superar nuestras problemáticas endémicas, de las que ya he tenido ocasión de hablar en estas páginas, tendremos que conjurarnos para diversificar la gama de productos y servicios a obtener de los montes.

Nadie se juega las cosas importantes a una sola carta. Hay que adaptar el sector, monte e industria, al cambio global -económico y climático-. Se necesita completar la transformación de los recursos producidos en Galicia, apostando por ciclos productivos largos, que refuercen la capilaridad del tejido empresarial asociado y generen valor añadido. Nada se hará, si, además, no sabemos compatibilizar lo que el mercado puede pagar con todo aquello que es importante, pero carece de demanda tradicional. Lo que no se puede o debe vender se debe «monetizar» (valga el palabro) y aquello de lo que la sociedad disfruta o necesita debe ser compensado para garantizar su conservación.

Todo lo anterior pasa por SABER qué tenemos, cómo estamos y hacia dónde vamos. Será imprescindible contar con los sistemas de información continua sobre el monte y el sector. Eso nos valdrá, además, para detectar donde se debe mejorar y demostrar qué se hace y cómo se hace en gestión forestal.

Nunca ha habido tantos ojos mirando interesados y, gracias a la digitalización, nunca tuvimos tantas capacidades para manejar los datos del sector. Se debe pedir apoyo, pero se debe ofrecer información. Y hay que aprender a explicar y a escuchar. Debemos seguir apostando por formar -a todos los niveles- sobre lo que se sabe, e investigar lo que aún nos falta por saber.

El conocimiento debe ser considerado otro resultado más del sector, uno con gran valor añadido. Pocas actividades tienen la capacidad de conectar los demás sectores estratégicos de Galicia como la forestal. La apuesta no debe ser solo por un mejor sector forestal, debe serlo por un sector forestal que haga mejor a Galicia. Hay mucho que hacer, y sin perder tiempo.

Juan Picos, director de la Escuela de Ingeniería Forestal de Pontevedra

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