Cristina Segade: «Las crisis cambian las prioridades de la gente, y hay que adaptarse»

No había pensado en colocarse al frente de la empresa de su padre, pero el destino le llevó a tomar las riendas de Carpintería Metálica Galanas y a luchar contra dos crisis, la financiera y la del coronavirus. La última la toreó con la fabricación de productos de desinfección, y ya está con nuevos proyectos; entre ellos, comercializar en el Xacobeo unas conchas de bronce diseñadas por su padre.


Cristina Segade es una de esas empresarias que se reinventan con las crisis, lo que le permitió mantener la actividad y los puestos de trabajo en la pandemia fabricando productos que demandaba el mercado. Lo hizo al frente de Carpintería Metálica Galanas, la empresa que creó su padre en Teo hace más de treinta años.

-¿Cómo nació la empresa?

-La montó mi padre, José Luis Segade, con un socio. Él ya trabajaba en un taller de estas características y encontró esta nave en Galanas, que en aquel momento era una granja de pollos.

-¿Sus estudios tienen que ver con la gestión empresarial?

-Sí, estudié Derecho y Dirección y Administración de empresas en la UDC. Mi primera experiencia laboral fue en Inglaterra en una empresa de márketing y, posteriormente, en Madrid, en una start-up relacionada con la tecnología y la logística y con la que tuve la oportunidad de vivir en Miami unos meses. Finalmente, por circunstancias personales, decidí volver a Santiago, a la empresa de mi padre.

-¿Le gusta la dirección?

- Hice un máster en IESIDE en dirección financiera, y sí, me encuentro a gusto, no solo por el desarrollo profesional, sino también por la implicación personal que conlleva una empresa familiar, creo que ya no sabría trabajar sin ese componente emocional.

-¿Antes no se lo planteó?

-En absoluto. Yo podía intuir que si quisiera venir, mi padre se iba a alegrar, pero tanto él como mi madre han respetado siempre mis decisiones, apoyándome pero en un segundo plano.

-La suya sí que es una empresa de hombres...

-De hecho, solo hay una chica más. Somos dos mujeres y casi medio centenar de hombres. Pero en ese sentido, yo nunca tuve problemas. A mí me criaron sin ponerme límites y yo nunca he sentido que nadie me valorase menos por ser mujer. Sí puede ser que algún cliente, al principio, se sorprendiese, pero no sé si por ser chica o por ser joven. Pero luego, te pones a trabajar y todos los prejuicios se van. Aún así, claro que me gustaría que hubiese más chicas...

-¿No las hay porque las mujeres no se forman en este sector?

-En la sección de diseño sí hay más mujeres, pero el perfil de los profesionales en el sector es fundamentalmente masculino, sí. Ojalá eso cambie con el tiempo.

-¿Cuál era la línea de negocio antes del coronavirus?

-La línea de negocio sigue siendo la misma, nosotros hacemos diseño, fabricación y montaje de elementos de acero inoxidable, hierro, latón y cobre. Lo que cambiaron fueron las necesidades. Antes de la crisis de 2013, trabajábamos mucho en construcción, pero con la crisis del sector, derivamos la producción a industria, al retail o a la decoración.

-Y llegó el coronavirus. ¿Cómo se le hizo la luz?

-Las crisis cambian las prioridades de la gente, y hay que adaptarse. Fue lo que nos pasó durante el confinamiento. ‘¿Qué vamos a hacer para ayudar a la gente?' ‘¿Cuáles van a ser ahora sus necesidades?', nos preguntamos. Iba al supermercado y me daba cuenta de que hacían falta puntos de desinfección similares a los carros de organización que nosotros utilizábamos en fábrica.

-Decidieron comercializarlos y fue todo un éxito. ¿Cuál fue el secreto?

-Enviamos cientos de correos electrónicos e inundamos las redes sociales ofreciendo los nuevos productos. La demanda fue tal que nos llegaron pedidos no solo de la Península, sino también de Canarias o Andorra.

«Avanzamos en la digitalización de la empresa para dar satisfacción a nuestros clientes»

 La crisis del coronavirus no solo cambió el producto comercializado por Carpintería Metálica Galanas, sino también la manera de comercializarlo.

-¿Cómo lo dieron a conocer?

-Al principio, pasamos muchas horas enviando correos a empresas dando a conocer nuestro producto, e hicimos muchísimas llamadas. Poco a poco fue dando sus frutos.

-¿Cambió la demanda y el tipo de cliente?

- En economía todos estamos conectados, es un círculo virtuoso o destructivo. Todavía no sabemos el impacto que va a tener esta crisis en la demanda, pero desde luego, no podemos sentarnos a observar, hay que ser más proactivo que nunca.

-¿Qué cambió para quedarse?

- En primer lugar, muchos protocolos de higiene y orden que hemos establecido en la empresa los mantendremos incluso cuando no haya riesgo sanitario. Además, estamos dándole un empuje a la digitalización. Hemos visto las ventajas del teletrabajo y la importancia de tener toda la empresa conectada. Por eso avanzamos en la digitalización, para ofrecer un mejor servicio al cliente. Por otro lado, la tienda online, que desarrollamos durante el confinamiento, la mantendremos e iremos añadiendo nuevos productos que puedan resultar interesantes.

-¿Algo que se pueda avanzar?

- Sí, estamos trabajando en un proyecto para el próximo Xacobeo. Mi padre había diseñado las conchas de bronce ancladas al suelo en el último tramo antes de llegar a Santiago y, en breve, empezaremos a comercializarlas de una forma más profesionalizada.

-¿Tenemos que convivir con la incertidumbre?

-La incertidumbre va inherente a la empresa, pero en este momento tan cambiante es mejor seguir trabajando concentrados en hacerlo de la mejor manera posible y sin que los mensajes negativos te minen la moral. Es importante crear un entorno seguro, donde la gente venga a trabajar tranquila, feliz y motivada. Con un equipo de personas proactivas, es mucho más fácil que las cosas salgan bien, porque hay muchas cabezas enfocadas a los buenos resultados. En nuestro caso, gracias a un equipo de trabajo que es el valor diferencial de esta empresa.

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