«La idea es equiparar el servicio de Internet del rural a la ciudad»

La empresa Wololot nació en el 2015 en As Pontes con el fin de romper la brecha digital. Con la pandemia se han disparado las altas en la aldea


El sonido que emitía un personaje de un juego de estrategia muy popular «entre los más frikis» inspiró a Juan Carballo (As Pontes, 36 años) a la hora de dar nombre a la empresa que fundó en el 2015, Wololot. Si aquel cura convertía enemigos en aliados, este técnico en desarrollo de equipos eléctricos, que dejó la carrera de ingeniería a medias para dedicarse a las telecomunicaciones, busca ganar clientes. Los datos le avalan, con una trayectoria ascendente, un crecimiento anual en torno al 20 % y un objetivo claro: «La idea es equiparar el servicio de Internet del rural al de la ciudad. Las empresas intentaban dar un servicio mínimo, como el satélite, pero aquí queremos que en el rural se pueda ver Netflix, y no solo enviar un correo electrónico».

De hecho, bautizó su primer proyecto como «la democratización del rural». Todo empezó en la parroquia de San Mateo, en Narón. «Vimos que había una carencia muy grande del servicio y en el 2019 ya teníamos el despliegue de fibra», explica el CEO de Wololot, que cuenta con un equipo de cuatro personas y varios trabajadores externos. «Optamos siempre por la gente y el comercio de la zona», subraya. Wololot se dedica al desarrollo de redes inalámbricas de larga distancia para dar servicio de telecomunicaciones a las zonas más perjudicadas por la brecha digital. Opera en el área de As Pontes, Ferrolterra y A Coruña, y tiene proyectos en marcha en los concellos lucenses de Muras o Xermade.

En la villa pontesa, donde está la sede, ultiman el despliegue de fibra y en octubre ya ofertarán «simétricas», es decir, igual velocidad de descarga para bajar y subir datos. «Nuestros servicios van desde los básicos inalámbricos para particulares de 14 o 24 megas de descarga real a los 50 simétricos a empresas. También somos operadores FTTH (fiber to the home) a nivel nacional (con clientes en Santander, Vigo o Madrid), aunque nos centramos en el wifi rural, que llamamos cariñosamente WTTH (wifi to the home)», detalla Carballo. 

Con la pandemia, esta joven firma pontesa ha perdido clientes -«por las empresas que tuvieron que cerrar y otras que han reabierto y pueden prescindir del wifi, como ocurre en alguna peluquería»- y ha tenido que hacer frente a los impagos -«aplazando cobros»-, pero también ha visto cómo se incrementaban las altas, a una media de 20 al día. «Durante la cuarentena hubo gente que se dio cuenta de que su conexión no era tan buena como creía, porque empezó a consumir más multimedia y a teletrabajar, con los niños conectándose también a las clases desde casa... Y todo el mundo se escapó a la segunda residencia», comenta.

La demanda ha crecido -«gente que veía Internet como algo secundario, ahora casi prefiere estar sin agua o luz»- y los datos que maneja Wololot indican que «hasta el 70 % del tráfico de datos es por ocio», muy por encima del empleado para trabajar o estudiar a distancia. También detecta un aumento del tráfico de datos por las tardes, «porque la gente se queda más en casa por miedo al covid-19».

Como empresa, presta especial atención a la faceta más social. Durante el confinamiento, colaboraron con el geriátrico de As Pontes, donando tabletas y dispositivos móviles «para que los mayores estuvieran más cerca de los suyos»; o con el departamento de Servizos Sociais del Concello de Fene, aportando terminales y líneas móviles gratuitas para gente sin recursos. «Es un negocio, que funciona bien y con el que aportamos nuestro granito», concluye.

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