«La clase política se puede ver tentada a primar a los mayores, son muchos votos»

La catedrática Sara de la Rica es una experta en la evolución del mercado laboral


Sara de la Rica Goiricelaya (Bilbao, 1963) ha dedicado buena parte de su carrera al estudio del mercado laboral. Se muestra escandalizada por el «abuso y el «descontrol» de la temporalidad en España. Acusa a la clase política de cercenar las posibilidades de los jóvenes.

-Dice Draghi que «privar a un joven del futuro es una de las formas más graves de desigualdad». ¿Cree que España les está dando la espalda?

-No exactamente, pero sí es cierto que España ha internalizado que la «norma» es que los jóvenes vivan en el hogar paterno hasta prácticamente los 30 años y no ha priorizado el desarrollo de herramientas para que se emancipen. En otros países, la emancipación se produce más cerca de los 20, lo que implica que para esa edad deben ser independientes económicamente. Eso exige una inserción laboral digna temprana o ayudas públicas que les ayuden en ese proceso. Esto en España no existe, y por ahora, no veo que esté sobre el tapete.

-¿Podrán digerir la deuda de esta crisis sin renunciar de nuevo a sus expectativas vitales?

-No podemos generalizar los efectos a toda la juventud. Desde el 2015 hasta marzo del 2020 hemos visto gran entrada de personas jóvenes en el mercado laboral, y los jóvenes con estudios superiores, sobre todo si su formación está alineada con el cambio tecnológico, están siendo muy demandados por el mercado. Es cierto que el covid-19 ha vuelto a suponer un revés, pero creo que será temporal, y para el colectivo cualificado, relativamente pequeño. La preocupación creo que se centra en el colectivo de jóvenes que no se ha formado de acuerdo a las necesidades del mercado.

-¿Qué reformas cree que serían eficaces para reducir la temporalidad?

-Desde la reforma de 1984 no hemos sido capaces de terminar con este abuso de la temporalidad. Desde la Gran Recesión se han generalizado contratos temporales de muy corta duración, uno de cada cinco dura menos de una semana. Todo el riesgo ha sido transferido a las personas trabajadoras. Se debe volver a justificar la naturaleza de los contratos, que solo aquellos contratos cuya naturaleza es temporal lo sean. Para ello se ha de perseguir y castigar el fraude, que hoy en día está muy extendido. Pero a la vez, la contratación estable debe ser flexible, y para ello es preciso aumentar sensiblemente la seguridad jurídica de los contratos estables. Estos dos elementos son esenciales para limitar la temporalidad, que hoy está descontrolada.

-A menudo se habla del «problema» de la sobrecualificación de los jóvenes, pero ¿son las empresas españolas atractivas?

-Tenemos un problema de dualidad a muchos niveles, y uno de ellos es el de las empresas. Hay compañías grandes, altamente internacionalizadas y muy competitivas, pero también hay muchas empresas más pequeñas, para quienes la innovación es más costosa que no han «hecho los deberes» para ser competitivas. Este grupo o se renueva o muere. La automatización va a exigir niveles de competitividad más elevados.

-El gasto se concentra más en los mayores en detrimento de los jóvenes. ¿Está roto el pacto intergeneracional?

- Es cierto que las pensiones abarcan una parte muy importante del gasto público, y con el envejecimiento seguirá creciendo. Es cierto que la clase política se puede ver tentada a satisfacer más a los más mayores, pues son muchos «votos», y dejar más de lado los intereses de los más jóvenes. Creo que algo de esto está sucediendo, sinceramente. Los jóvenes son pocos, relativamente. No se está realizando una apuesta decidida por defender sus intereses, que pasan sobre todo por empleos dignos y proyectos laborales ilusionantes, mejor acceso a la vivienda, etc. España necesita apostar por su juventud sobre todo por esa que se puede quedar atrás ante los cambios que ya se están sucediendo.

-Una de las críticas a la gestión de la crisis tiene que ver con la urgencia por abrir bares y la despreocupación por la escolarización de los más pequeños. ¿Qué impacto puede tener a largo plazo?

- Creo que se ha gestionado mal la desescalada. Hemos pasado de un confinamiento muy restringido a una apertura «social» demasiado rápida. Pienso que se debiera haber dado prioridad a la actividad laboral, pero «sacrificando» aquellas actividades laborales que no permiten la distancia social. No se ha hecho así, y hemos visto las consecuencias desastrosas en agosto. También creo que no se ha gestionado bien la situación escolar. La escuela juega un papel socializante fundamental sobre todo para los niños más vulnerables. Se le debiera haber dado mayor prioridad, sin duda.

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