La esperanza europea


Hace algún tiempo ocupó las páginas de la prensa por quejarse de su sueldo. Y eso que en el 2017, la época de sus lamentos, se había embolsado 13 millones de dólares. «La verdad es que soy el director ejecutivo peor pagado de toda la industria. Es molesto hasta cierto punto, pero al final del día es lo que hay», soltó sin despeinarse. Ni que decir tiene que levantó ampollas con sus declaraciones.

Aquello ya pasó. Y no solo porque ahora su salario sea mayor. Pero, eso sí, está otra vez en boca de todos. Aunque por motivos bien distintos. El mundo entero lo mira esperanzado. Y eso porque tiene entre manos una de las vacunas más avanzadas de las que se están desarrollando contra la pandemia que mantiene de rodillas al planeta. No es otro que Pascal Soriot (Francia, 1959), el máximo ejecutivo de AstraZeneca.

El ansiado fármaco lo está desarrollando la multinacional anglosueca en colaboración con el equipo de investigación de la Universidad de Oxford y podría estar listo para que las autoridades sanitarias lo evalúen antes de que acabe el año.

Anda, pues, Soriot empeñado en ganar la carrera por encontrar la tan deseada inmunización. No es tarea sencilla. Ya nos gustaría. Según los datos que manejan en el seno de la OMS, hay 167 estudios en marcha para buscar un remedio total contra la pandemia. Sesenta se encuentran en fase avanzada y una decena ha llegado al umbral de la aprobación, la puerta a su producción en serie. Incluso Rusia y China ya han tramitado sendas patentes. Una carrera contrarreloj que mantiene al mundo en vilo y en la que Astrazeneca avanza a la cabeza del pelotón.

Los investigadores de Oxford y la empresa anglosueca son tan optimistas respecto a los resultados de la vacuna que ya han comenzado a fabricarla en la India. Y hasta manejan una fecha para su puesta en el mercado: el 3 de noviembre. Antes deberá tener, claro, el visto bueno de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La Unión Europea, España incluida, le ha confiado su suerte. Bruselas ha cerrado ya un acuerdo con la farmacéutica para hacerse con hasta 400 millones de dosis, 30 de ellos para España. También hay conversaciones avanzadas con otras compañías. En asuntos de vital importancia como este, conviene siempre llamar a todas las puertas.

Cierto es que ahora todo son prisas. Y eso en un terreno, el de los fármacos, en el que conviene andar con pies de plomo. Pero, que no es Soriot una presa fácil para el nerviosismo. Afable y tranquilo son dos de los adjetivos que sobresalen en las descripciones que de él hacen quienes lo conocen.

Licenciado en Veterinaria y con un MBA de la École des Hautes Études Comerciales de Paris (HEC), llegó al cargo que hoy ocupa en octubre del 2012. Muchos fueron los que dijeron entonces que aquello era un suicidio profesional. Dejar un puesto en la alta dirección de Roche para hacerse con el timón de un, por aquel entonces, jugador rezagado en la liga mundial de las farmacéuticas, ¡Qué locura!

No le ha ido mal. Ahí lo tienen. Uno de los cien ejecutivos de empresa más valorados del mundo, según Harvard Business Review. Y eso después de haber crecido en un barrio de la periferia de París. «No he tenido una pelea en los últimos 40 años, pero desde los 14 a los 16 años probablemente tenía una a la semana», confesaba hace ya tiempo en una entrevista. Ahora la pelea es por la vacuna. Lo importante para el mundo es que la gane alguien. No importa quién.

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