Aparcar el dinero en vez de ahorrar y otros errores que cometemos con nuestras finanzas


Hace unas semanas leía en este mismo diario que la incertidumbre causada por la pandemia, y sus devastadoras consecuencias económicas, han llevado a las familias españolas a aumentar su ahorro y que ya tienen en cuentas y depósitos la cantidad récord de 875.300 millones de euros.

Lo que sucede es que, en gran medida, ese dinero más que ahorrarse se ha aparcado. Me explico. Ahorrar significa que el dinero que guardamos para el futuro, cuando lo usemos de aquí unos meses o unos años, nos permitirá comprar lo mismo que compraríamos con ese dinero hoy, o incluso algo más. Es decir, se tiene que conseguir que ese dinero, además de tenerlo guardado, conserve su valor. Para eso, tenemos que lograr que tenga una rentabilidad a medio o largo plazo que supere la inflación y los impuestos. Hoy, el dinero que las familias españolas tienen aparcado en cuentas y depósitos genera una rentabilidad de prácticamente cero. Por eso hoy, en la mayoría de los casos, ahorrar significará invertir nuestro dinero para lograr una rentabilidad que le permita conservar su valor.

Es cierto que una parte de todos esos millones que los españoles tienen en cuentas corrientes está destinada al día a día, para los imprevistos del corto plazo o para necesidades que puedan surgir en unos meses. Pero mi experiencia como asesora financiera me dice que gran parte de ese dinero en realidad se ha guardado con la idea de contar con él en el futuro. Y si se deja aparcado en una cuenta no hará más que perder valor año tras año.

Esta confusión entre aparcar el dinero y ahorrar es uno de los errores más habituales que se comenten y que impiden una buena gestión del patrimonio de las familias. Pero hay otros, y saber evitarlos nos ayudará a mejorar la gestión de nuestras finanzas personales.

El primero es carecer de una imagen clara de nuestras finanzas, de unos objetivos y de un plan de acción. Saber cuánto ganamos y cuánto gastamos; qué objetivos tenemos para el corto, el medio y el largo plazo; qué estrategia utilizaremos, etc. Por ejemplo, definir objetivos claros para nuestro ahorro y ponerles nombre nos ayuda a mantener la constancia y la motivación… ¿Quién abandonaría el ahorro para «la universidad de Manuel»?

Del siguiente error ya hemos hablado y está muy relacionado con la falta de un plan: se tiende a tener todo el dinero que queremos ahorrar en un mismo producto, normalmente una cuenta corriente o un depósito. Lo que hay que hacer, una vez definido el plan, es escoger la herramienta adecuada para cada objetivo. La cuenta corriente está bien para el dinero que podemos necesitar en el corto plazo, pero no sirve para ahorrar para la jubilación, sería como si teniendo que viajar de Vigo a Moscú decidiésemos ir caminando…

Otra cosa que normalmente se hace al revés es decidir cuánto ahorraremos cada mes. El ahorro no es lo poco o mucho que queda a final de mes (y solo si queda algo). Es la cantidad que hemos decidido que cada principio de mes apartamos de forma automática antes de empezar a gastar. Tiene que ser como un recibo más que nos pagamos a nosotros mismos. De esa manera podremos ahorrar de forma regular, constante y prácticamente sin darnos cuenta.

La falta de realismo y de un conocimiento objetivo de nuestra situación también impacta negativamente sobre nuestras finanzas. A veces por exceso, porque nos planteamos metas o propósitos irreales, nos embarcamos en compras que están por encima de nuestras posibilidades o nos endeudamos por encima de nuestra capacidad. En otras ocasiones por defecto, porque pensamos que no podemos ahorrar o que no podemos lograr un objetivo concreto cuando, con una buena planificación y con la estrategia adecuada, nuestra realidad sí que nos lo permitiría.

También es habitual que concentremos todo nuestro dinero en una sola opción, que no diversifiquemos. Ya sea porque todo nuestro patrimonio está en casas y pisos, o porque solo invertimos en acciones del Ibex, o porque tenemos todo nuestro dinero en el mismo fondo de inversión. En cualquiera de esos casos, al no diversificar estamos asumiendo demasiado riesgo. Lo recomendable es aplicar la máxima diversificación buscando reducir el riesgo y la volatilidad y aumentar la estabilidad de los retornos.

También es un error tomar decisiones sobre el dinero basándose en los consejos del compañero del gimnasio, las modas o las historias de productos inversiones milagrosas… A todos, un amigo o un conocido nos ha explicado cómo había logrado un pelotazo haciendo esta o aquella inversión. Y seguramente muchos habrán visto en Internet ofertas de cursos sobre métodos infalibles para hacerse rico desde casa… Si fuese tan fácil, imagino que todos seriamos millonarios. Pero en mi experiencia, esas historias milagrosas acaban mal.

Otro error común es dejarse llevar por las emociones cuando decidimos sobre nuestro ahorro o sobre nuestras inversiones. La codicia, miedo, euforia o pánico nos llevarán a tomar decisiones que acabarán perjudicando nuestras finanzas. No en vano, Benjamin Graham afirmó hace ya muchos años que «el principal problema del inversor, e incluso su peor enemigo, es probablemente él mismo». Una y otra vez se ha demostrado que el resultado de las inversiones depende mucho más del comportamiento de los propios inversores que de los mercados o los productos.

Mi labor como asesora financiera no es adivinar qué harán las bolsas esta semana ni que acción subirá más este año. Mi verdadera función, y la de todos los asesores financieros, es acompañar a nuestros clientes para que alcancen sus metas y hagan realidad sus proyectos. El primer paso en ese objetivo es ayudarles a evitar los errores que perjudican a sus finanzas y su ahorro. No tengan duda: con nuestro apoyo y nuestro asesoramiento, se pueden evitar.

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