Las tecnológicas, creciendo con la pandemia


La pandemia que el mundo padece ha puesto en primer plano la importancia de la tecnología para proveer servicios, muchos de ellos esenciales. El confinamiento ha llevado a un crecimiento más que notable de las compras on line, entre otras cosas, porque se volvieron indispensables. Claro que esta tendencia, cuya inercia tiene toda la pinta de incorporarse a la rutina del comportamiento, tanto de familias como de empresas, ha podido materializarse gracias a sistemas logísticos robustos, incluso de la robótica más doméstica. ¿Y qué decir del decrecimiento en el uso de numerario, de dinero en efectivo, o de la progresión en el teletrabajo, con recursos colectivos como Zoom y otras plataformas similares?

Escuelas y universidades se encuentran en el foco de la polémica por directrices confusas e incluso contradictorias, no sabiéndose con certeza si las enseñanzas van a ser y en qué proporción, presenciales o virtuales, pero las nuevas tecnologías estarán al quite, aunque el nivel de renta puede ser un cuello de botella en la expansión de lo virtual. También en el campo de la salud, en el ocio, en las cadenas de aprovisionamiento, en la impresión 3D, y tantos otros vectores de respuesta a una crisis en la que el contacto personal está contraindicado.

Por lo tanto, las empresas que no se planteen sacar partido de las nuevas tecnologías, no van a ser competitivas. Ello quiere decir que la oferta tecnológica tiene un gran mercado por delante, lo que justifica que sea un sector en alza, incluso en términos bursátiles. Hace unos días, el índice americano especializado Nasdaq marcó un récord histórico, con un alza que supuso el 20 % desde enero, muy alejado del de otros sectores. Los grandes grupos como Facebook, Amazon, Netflix, Apple o Google, pero no solo ellos, están navegando en la espuma de la ola y ya hay quien piensa en otra burbuja tecnológica. Sin embargo, deberíamos atender también -y quizá sobre todo lo demás- a la tendencia subyacente, que se nutre de la aceleración en la transformación digital y de la velocidad con la que los consumidores adoptan las nuevas tecnologías en la vida ordinaria, empujados por la nueva normalidad.

Volviendo a la cruda realidad de cada día, lo cierto es que la recuperación económica será bastante desigual, el horizonte temporal para una vacuna segura se sitúa, como mucho, en el medio plazo, y la incertidumbre sigue siendo una muy mala compañera de viaje. Pero ello es compatible con un período largo de progreso en inteligencia artificial, tecnología inalámbrica 5G y big data, por lo que el apetito bursátil se nutre de un carburante que no es otro que el «tech» con el añadido de que hoy juegan a su favor factores fundamentales y objetivos, no como la ilusoria burbuja de hace 20 años. Calculo que en dos o tres años, saldremos de dudas. Y, siempre, lo importante será la economía real, que ya no podrá vivir sin la tecnología. Matrimonio indisoluble.

Luis Caramés Viéitez. De la Real Academia Galega de Ciencias. Grupo Colmeiro.,

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