Chile, la grave sequía que dura diez años

El país acumula dos lustros con el nivel de lluvias más bajo desde 1915,  lo que ha supuesto la muerte de 35.000 cabezas de ganado y que 800.000 estén amenazadas por desnutrición


La laguna Acúleo fue, durante décadas, un importante centro vacacional del centro de Chile. Decenas de embarcaciones hacían recorridos por el embalse, situado a 70 kilómetros de la capital, Santiago. Ahora, todo ha cambiado. El lugar es un erial. La laguna se ha secado y ya no recibe turistas. Varios barcos, abandonados sobre la arena, que antes era el fondo del embalse, son testigos mudos de la destrucción. Es uno de los efectos de la histórica sequía, que amenaza tanto al ecosistema como a varios sectores económicos. Chile registra los diez años más secos de su historia desde que empezaron a tomarse registros, en 1915. Hace una década que las regiones del centro del país reciben un nivel de precipitaciones inferior al normal, en un promedio de entre el 20 % y el 40 %. Las imágenes de la vegetación y de los embalses dan buena cuenta de los duros efectos de una falta de lluvias que, según los científicos, se explica, en parte, por el cambio climático de origen humano.

«Cerca de un 25 % del déficit hídrico se estima que es debido a la variabilidad natural del clima. Aunque esta contribución es aún minoritaria, esa tendencia se mantendrá a lo largo del presente siglo, causando una progresiva disminución de la precipitación sobre Chile central, que podría alcanzar entre un 15 % y un 40 % hacia finales de siglo, dependiendo de la trayectoria de emisiones de gases de efecto invernadero que siga la humanidad», explica René Garreaud, subdirector del Centro de Investigación del Clima y la Resilencia de Chile. El país sudamericano ocupa el puesto 18 en el ránking mundial de Estrés Hídrico, realizado por el Instituto Mundial de Recursos, situándose cerca de los Estados que tienen un riesgo extremo de sufrir carencia de agua.

Los efectos para la agricultura y la ganadería están siendo devastadores. Más de 34.000 cabezas de ganado han muerto por consecuencias derivadas de la sequía y 800.000 más están seriamente amenazadas por desnutrición, según cifras oficiales, en un país que se llegó a plantear, en algún momento, ser una potencia agroalimentaria. La crisis ha provocado no solo que el forraje, la comida de los animales, haya llegado a triplicar su precio, sino que el valor del mismo ganado descienda, provocando que parte de los ganaderos estén prácticamente regalando sus cabezas para poder mantener al resto. Algunos criadores incluso han vuelto a la trashumancia, llevando sus animales al sur del país, o incluso a territorio argentino, con el objetivo de alimentarlos. Otros han decidido trasladarse permanentemente a las regiones más australes del país, donde el agua es más abundante, huyendo de los problemas que presenta el centro de Chile. En Coquimbo, una de las regiones más afectadas, donde llovió un 87 % menos de lo normal en el invierno de 2019 , se ha llegado a perder el 50% del ganado. «También los ingresos de un 70 % de los agricultores se han visto mermados al tener que dejar secar más de un 40 % de sus cultivos por falta de agua», relata Patricio González, profesor del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología de la Universidad de Talga.

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