Rocío Ruiz, de la Hermandad Venezolana: «Se hace lo que sea para enviar, tenemos el deber de ayudar»

El flujo de remesas constituye la segunda fuente de ingresos extranjeros en Venezuela, donde más de dos millones de familias se nutren de los envíos de sus emigrantes, un colectivo que no ha dejado de crecer en Galicia en los últimos años. Aquí ya son la comunidad más abundante dentro de los países latinoamericanos. El camino inverso al emprendido por miles de gallegos hace dos generaciones.

remesa

La comunidad venezolana, conformada por  9.253 personas según el INE del 2019, es el colectivo más importante dentro de los residentes extranjeros en Galicia con origen en un país de Latinoamérica. Muchos son nietos, sobrinos, hijos o bisnietos de gallegos emigrados. Otros llegaron hasta aquí por el vínculo creado entre ambos países por los que en los 50, 60 y 70 se aventuraron a chuzar el charco rumbo al Caribe. Dentro de todo lo complejo y diverso que puede ser un colectivo de migrantes, hay un hilo conductor entre los desplazados desde Caracas o Maracaibo a esta tierra por motivos laborales. Cuesta encontrar a uno que se haya desprendido de sus raíces.

«Un euro aquí representa allá la comida para una familia. Se hace lo que sea para poder enviar y continuar entregando remesas. Es cierto que con el confinamiento y el parón de la economía algunos han tenido que reducir las cantidades. Pero se trabaja donde sea para aportar algo», dice Rocío Ruiz. Es del estado de Zulia y en su país dejó a dos hermanos y a sus padres. En A Coruña, donde lleva 13 años, tiene una tienda de paquetería internacional a la que acuden muchos compatriotas. Además, preside la Hermandad Venezolana en Galicia.

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Como los gallegos

«El venezolano trabaja en todos los sectores, desde el comercio a los servicios y trabajos más cualificados, aunque es cierto que el grueso están en la hostelería. El objetivo es que, lo que uno puede generar acá, lo ahorra para enviar a su familia. Vinieron muchos matrimonios que dejaron los hijos, como hacían los gallegos que iban allá antes. Tenemos el deber, la responsabilidad de ayudarlos. En ocasiones se trata de su subsistencia y, aunque aquí estemos bien, no apetece subir una foto de una comida con amigos a Instagram, tan de moda acá», confiesa.

Según un informe de Diálogo Interamericano, el flujo de remesas constituye actualmente la segunda fuente de ingresos del extranjero en Venezuela, después del petróleo. De esos ahorros ganados en el exterior, tanto en Europa como en otros países del continente Americano, se nutren más de dos millones de familias, alrededor del 35% de los hogares del país, con algo más de 36 millones de habitantes.

El proceso de envío con el estado presidido por Nicolás Maduro tiene sus particularidades. «Venezuela tiene un control de cambios de divisas. Quisiéramos enviar dólares, ya los recogerían en mano, pero tenemos que hacer las entregas en bolívares. Después, ellos los cambian allí. Como el bolívar están tan devaluado, hasta operaciones como coger un taxi se hacen en dólares», explica Rocío.

«Es por este control que, normalmente, no utilizamos los canales habituales. En las casas de cambio o en las empresas donde se hacen estas transferencias, como Western Union, las tasas son tan altas que llega a no compensar el envío. Existe un mercado, digamos que sumergido, que es muy recurrido», desliza la presidenta de la Hermandad.

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