Markus Braun, el gurú tecnológico con pies de barro

El consejero delegado de Wirecard tiene que hacer frente al escándalo de un agujero de 1.900 millones de euros y se ha visto obligado a depositar una fianza de 5 millones de euros tras ser acusado de fraude contable y manipulación de mercados


Prometía poner patas arriba el mundo de los servicios de pago y se había convertido en una de las joyas tecnológicas más preciadas de Alemania. Todo un prometedor gigante del sector. Pero ha resultado tener los pies de barro. Wirecard y su hasta hace nada consejero delegado, Markus Braun (Viena, 1969), el otrora gurú de los medios de pago, atraviesan sus horas más bajas. El motivo: un escándalo contable de los que hacen época. De orgullo a vergüenza nacional en cuestión de horas por un agujero en las cuentas de 1.900 millones de euros. Sus auditores han admitido que son incapaces de encontrar ese dinero que la empresa aseguraba tener depositado en dos entidades asiáticas, y se han negado, claro, a firmar las cuentas del 2019. Un fuego al que bancos filipinos se han encargado de echar más leña acusando a la firma germana de haber falsificado los documentos que los acreditan como clientes cuando no lo son.

Ni que decir tiene que el escándalo ha arrasado la cotización de la compañía. Y, claro está, se ha llevado por delante a Braun. Toda una mácula en su brillante y fulgurante carrera hacia el Olimpo de los dioses tecnológicos. Fue el austríaco y no otro el verdadero artífice del milagro Wirecard. El encargado de levantar la empresa, convertirla en un gigante de los pagos digitales y conseguir que entrara en el selecto club del DAX, el principal índice de la Bolsa germana, expulsando de esa élite con su llegada al Commerzbank. Y no solo eso, en sus días dorados llegó a valer más que el Deutsche Bank.

Braun asegura ser víctima de un «fraude de proporciones considerables», pero no desvela nombres. Y el que está en entredicho ahora es el suyo. Tanto que ha tenido que depositar una fianza de 5 millones de euros después de entregarse a las autoridades germanas que habían ordenado su detención, acusado por la Fiscalía de Múnich de supuesto fraude contable y manipulación de mercados.

El caso es que las sospechas llevan tiempo sobrevolando a Braun, aunque él siempre ha negado las irregularidades que se le achacaban. Que si espiaba a los grandes inversores que apostaban contra la cotización de Wirecard, que si escamaba tanto crecimiento y tan rápido en Asia, que si estaban ayudando a lavar dinero... Acusaciones más o menos veladas, nunca probadas. Pero lo cierto es que la auditora no encuentra el dinero. Y mira que lo han buscado. Sospechan los investigadores que el ejecutivo infló el balance de la empresa y el volumen de ventas de Wirecard, probablemente con ayuda de otros, con la intención de mejorar la apariencia de la compañía y hacerla más atractiva a ojos de inversores y clientes. Pero lo peor de todo es que hace tiempo que se veía venir. Más de un año, desde principios del 2019, lleva el influyente diario económico británico Financial Times dejando pistas en sus páginas sobre el posible engaño. Y la autoridad bursátil germana, cruzada de brazos. A verlas venir. Sobre la mesa tiene ahora lo que muchos llaman ya el Enron alemán, en referencia a la empresa norteamericana protagonista de un monumental fraude contable a principios de los 2000. Par ir abriendo boca, Wirecard ya se ha declarado en suspensión de pagos.

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