La guerra económica por la vacuna

Las principales potencias se libran en duelo en la carrera por lograr el antídoto eficaz contra el covid-19

Laboratorio holandés que esta desarrollando una vacuna contra el coronavirus
Laboratorio holandés que esta desarrollando una vacuna contra el coronavirus

La carrera por llegar el primero a la vacuna que inmunice contra el covid-19 se libra en los laboratorios, pero también en los parqués de los principales mercados bursátiles del mundo y entre las grandes potencias. Desde el pasado enero, las biofarmacéuticas son las más veneradas del panorama inversor. Rompen registros en sus crecimientos, sus valores galopan en bolsa, incluso por encima del 1.000 % en solo semanas. No es para menos, el coste económico que deja a su paso la pandemia justifica que las apuestas estén en todo lo alto. El que dé antes con el preparado biológico que sirva de antídoto eficaz lo gana todo.

De acuerdo con los datos que maneja la comunidad científica, el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus alcanza un coste estimado de 2.000 millones de dólares (1.781 millones de euros), pero los beneficios que reportaría serían incalculables. Las cifras que maneja la industria farmacéutica anticipan una producción de 15.000 millones de dosis para atajar la pandemia, lo que requiere de una inversión gigantesca hasta ahora, pero inabordable para las grandes compañías.

La guerra no se disputa tanto entre los gigantes de la industria como entre potencias. Como ejemplo, la que enzarzan China y EE. UU. El interés por el liderazgo de la cotizada sustancia inmune obligó al Gobierno alemán a intervenir ante el cortejo estadounidense hacia una de sus farmacéuticas, CureVac, en su intento de que trasladase sus investigaciones a cambio de suculentos fondos.

En estos momentos, según la Organización Mundial de la Salud, existen más de 100 proyectos que ya han encontrado un candidato a la vacuna en fase preclínica, pero únicamente ocho hacen pruebas con humanos. Cuatro son chinas, las estadounidenses Moderna e Inovio, la unión de la germana-norteamericana BioNtech-Pfizer y la que lidera la carrera, la británica Instituto Jenner de la Universidad de Oxford.

Todas han acortado los plazos que tradicionalmente se exigen hasta lograr un antídoto testado. Según el esquema clásico, para obtener una vacuna se emplean entre 5 y 10 años. La razón por la que se anticipará en el tiempo récord de año y medio es que la tecnología permite acortar el desarrollo de las distintas fases de investigación y que los ensayos clínicos se efectúan sin experimentar con animales. Las potencias se baten en duelo. Pero lo cierto es que Europa, que ha creado un consorcio de varios países en el que España también aspira a participar, ha sacado la chequera y adelantará 2.700 millones a las farmacéuticas para tener acceso preferente a las dosis mediante una compra centralizada. Se trata de una necesidad sanitaria, pero sobre todo porque no puede permitirse que la economía se pare de nuevo.

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