Unos cimientos verdes para reconstruir la Europa del futuro

La Comisión vincula las ayudas del Plan Next Generation al Pacto Verde Europeo


LA VOZ

Bajo el lema Convertir un desafío urgente en una oportunidad única, la Comisión Europea presentaba el Pacto Verde Europeo el pasado 11 de diciembre. Se trataba de una apuesta ambiciosa del organismo presidido por Ursula von der Leyen por lograr un continente climáticamente neutro en el 2050. Lo que no sabían las autoridades era que, en el momento de su génesis, comenzaba a germinarse una pandemia en China que afectaría a todo el planeta y que haría de ese acuerdo una hoja de ruta imprescindible para la reactivación de una Europa duramente golpeada por el virus SARS-CoV-2.

La crisis sanitaria y sus posibles causas han puesto en relevancia muchos de los puntos que abordaba el documento y que pasaban inadvertidos para gran parte de la sociedad. Los efectos del covid-19 han hecho que prestemos atención a aspectos como la restauración de la biodiversidad o la economía circular, elementos clave del European Green Deal que cobran, si cabe, más relevancia al haber vinculado la Comisión Europea los 750.000 millones de euros del plan Next Generation al desarrollo de este pacto.

Los cimientos de la nueva Europa serán verdes. El plan estaba trazado en esa dirección, ya lo había advertido Ursula von der Leyen en diciembre: «El Pacto Verde Europeo es nuestra nueva estrategia de crecimiento. Contribuirá a reducir las emisiones, así como a crear puestos de trabajo». La diferencia con el momento en el que la presidenta de la Comisión pronunció estas palabras es que un virus, que se ha cobrado millones de víctimas en el planeta, ha hecho que el plan ahora haya pasado a ser irrenunciable.

El acuerdo suscrito por los miembros de la Unión Europea es pionero y pretende que los países que la integran sean climáticamente neutros en el 2050 y a su vez lideren a nivel mundial la transición hacia un modelo económico sostenible y circular. Sin embargo, estos aspectos no son nuevos para iniciativas como el Pacto Mundial de la Naciones Unidas, suscrito por más de 9.000 firmantes entre los que se encuentra la empresa gallega Agroamb, que ha impulsado planes de acción como los Objetivos de Desarrollo Sostenible a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que tienen marcado el 2030 como fecha objetivo.

El planeta se mueve por un futuro más verde y Europa quiere ser la locomotora de ese tren. El primer paso para ello será la promulgación de la Ley Europea del Clima con el fin de convertir este compromiso político en una obligación jurídica y en un incentivo para la inversión. Además, el Pacto Verde Europeo recoge otros compromisos de liderazgo como colaborar con los países del G-20 que son responsables del 80 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, forjar alianzas verdes con los países y regiones de América Latina, el Caribe, Asia y el Pacífico o trabajar con África para situar las cuestiones climáticas y medioambientales en el centro de las relaciones entre ambos. Ese compromiso ya es palpable en la actualidad, ya que la UE aporta el 40 % de la financiación mundial de la lucha contra el cambio climático.

Por una economía circular

Entre los ejes que vertebran el nuevo Green Deal destacan tres: el plan de acción por una economía circular, la estrategia sobre biodiversidad 2030 y la estrategia de la granja a la mesa. El plan de acción para una economía circular presenta iniciativas a lo largo del ciclo de vida de los productos con el fin de modernizar y transformar la economía, protegiendo al mismo tiempo el medio ambiente. Promueve la elaboración de productos sostenibles que duren y a la vez busca permitir a los ciudadanos europeos participar plenamente en la economía circular y beneficiarse de los cambios positivos que genera.

En la propuesta de la Comisión Europea toman especial relevancia modelos de negocio como el que desarrolla desde hace 20 años la lucense Agroamb, que valoriza y trata residuos biodegradables para elaborar fertilizantes orgánicos. El plan de la UE recoge además medidas como la mayor durabilidad de los productos, el reciclado de textiles, el diseño ecológico, la actuación contra los microplásticos o la eliminación progresiva de los productos de un solo uso.

Salud y naturaleza

Tal vez una de las lecciones que quedará más grabada de la crisis del covid-19 es la relación directa entre la salud de la naturaleza y la del ser humano. La pérdida de la biodiversidad está directamente relacionada con el aumento de probabilidades de zoonosis que, a la postre, pueden ser el germen de problemas como el que ha sacudido a la Tierra en el primer semestre del 2020.

Por ello, uno de los pilares del Pacto Verde Europeo es la Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para el 2030. Para Europa ha llegado el momento de reconciliarse con la naturaleza y por ello establecerá zonas protegidas en al menos el 30 % de sus suelos y mares. Los socios europeos se plantean una serie de objetivos para recuperar los ecosistemas terrestres y marinos degradados: aumentar la agricultura ecológica y los elementos paisajísticos ricos en biodiversidad en las tierras agrícolas, detener e invertir la disminución de los polinizadores, reducir el uso y el riesgo de los plaguicidas en un 50 % para el 2030, restablecer la condición de ríos de flujo libre de al menos 25.000 kilómetros de corrientes de la UE, plantar 3 000 millones de árboles para el 2030.

La restauración de la naturaleza será uno de los ejes centrales del plan de recuperación europeo al ofrecer oportunidades de negocio e inversión inmediatas para restablecer la economía de la Unión Europea. Para ello tres sectores económicos serán clave: construcción, agricultura y alimentación y bebidas.

Precisamente para impulsar un nuevo modelo agrario surge el plan De la Granja a la Mesa, un conjunto de medidas que, en palabras de Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea, «buscan un equilibrio nuevo y mejorado entre la naturaleza y los sistemas alimentarios».

Entre los objetivos del plan están garantizar alimentos saludables, asequibles y sostenibles para los europeos, combatir el cambio climático, proteger el medio ambiente y preservar la biodiversidad, lograr un rendimiento económico justo en la cadena alimentaria o reforzar la agricultura ecológica, entre otros.

Europa piensa en un futuro con unos cimientos verdes porque «el coste de la transición será grande, pero el coste de la inacción será mucho mayor», tal y como ya ha advertido la presidenta de la Comisión Europea Ursula von del Leyen. Según las previsiones de las autoridades europeas, si no se actúa a tiempo, el cambio climático podría provocar 400.000 muertes prematuras al año debidas a la contaminación atmosférica, se reducirá el 40 % del agua disponible en las regiones meridionales de la UE o podrían producirse 190.000 millones de euros de pérdidas anuales estimadas en caso de un aumento de tres grados centígrados de la temperatura media mundial.

La crisis desencadenada por el covid-19 ha puesto en valor aspectos como la biodiversidad y la economía circular.

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