José Luis Escrivá: ortodoxia para combatir el ruido


Poco podía imaginar José Luis Escrivá (Albacete, 1960) lo mucho que tendría que bregar en el ministerio cuando decidió aceptar la oferta de Pedro Sánchez para dirigir la cartera de Seguridad Social, Inclusión y Migraciones. Sabía, sí, que tenía ante sí uno de los retos más difíciles del nuevo Ejecutivo: la reforma de las pensiones, pero no lo mucho que se le iba a complicar esa labor y, mucho menos, que la culpable de retorcer los números -¡y de qué manera!- que le aguardaban sobre la mesa del ministerio sería una pandemia.

Muchos vieron en su nombramiento, como antes en el de Calviño y también en el ascenso de esta a vicepresidenta, un gesto hacia los muchos ojos que, en casa, y fuera de ella, observaban preocupados la entrada en el Ejecutivo de Unidas Podemos.

Llegaba Escrivá al ministerio procedente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), a donde había llegado de la mano del Gobierno de Mariano Rajoy. De ahí la sorpresa de muchos.

Poco llevaba el albaceteño al frente de la cartera cuando irrumpió la pandemia y lo trastocó todo, obligando a aparcar en el cajón algunos planes, para acelerar otros. Entre ellos, la creación del ingreso mínimo vital. Medida que acaba de ver por fin la luz. Un salvavidas para 850.000 hogares, con el que el Ejecutivo intenta poner coto a la pobreza. Ha tenido que trabajar Escrivá en esa labor codo con codo -o quizás no tanto- con la Vicepresidencia de Derechos Sociales de Pablo Iglesias. Todo un reto también para el albaceteño, poco dado él a las grandilocuencias. Economista de reconocido prestigio internacional con amplia experiencia en análisis presupuestario, económico y financiero del sector público, lo de Escrivá pasa más por trabajar con discreción. Sin anuncios a bombo y platillo para mayor gloria de uno. Sin prisas. Esas que llevaron al vicepresidente a anunciar, allá por mediados de abril, que a la renta mínima le faltaban horas para nacer. Para gran sorpresa de su compañero de fatigas, que aseguró haberse enterado por la prensa de tal cosa. La razón cayó al final de su lado. Y es que al IMV le faltaban todavía semanas para salir del horno. Una cosa así no se improvisa, por mucho que uno quiera apuntarse el tanto. Celeridad, sí. La que requiere la situación. Rigor, también. El que precisa la profundidad -y el coste para las arcas públicas- de la medida.

Licenciado en Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, con premio extraordinario de licenciatura; y estudios de posgrado en Análisis Económico y en Econometría, Escrivá inició su trayectoria laboral en el Banco de España, donde desempeñó diferentes cargos. Fue asesor del Instituto Monetario Europeo y, desde el inicio de la Unión Monetaria, jefe de la División de Política Monetaria del BCE. Desde el 2012 y hasta su incorporación a la AIReF fue el director para las Américas del Banco Internacional de Pagos de Basilea. Experiencia con los números tiene de sobra. Falta le va a hacer para cuadrar unas cuentas en las que llueve sobre mojado. 

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