Rentabilidad, digitalización y fusiones, tres desafíos para la banca

El sector afronta esta crisis, a diferencia de la anterior, siendo un actor clave para contener su gravedad. Acelerar la transformación tecnológica para reducir costes, entre las prioridades


Si la crisis financiera del 2008 tuvo como epicentro a una banca con gravísimos problemas de liquidez y de solvencia, la originada por la pandemia del covid-19 la encuentra en una posición completamente diferente. «El sector financiero no es el problema, sino que forma parte de la solución. Ahora estamos en disposición de ayudar a mitigar los efectos de esta crisis y que sea lo más leve posible, dentro de la gravedad que supone el parón de la economía», resumen desde Bankia, la entidad que en el 2012, con el rescate, encarnó la debacle bancaria. El diagnóstico lo comparte todo el sector, consciente de que, a las dificultades que el negocio financiero atravesaba ya en los últimos años -como unos persistentes tipos negativos que asfixian su rentabilidad-, se le sumarán en un futuro próximo otros retos, desencadenados por la emergencia sanitaria e insoslayables. He aquí los principales:

?Cuenta de resultados 

Los bancos se saben fundamentales en un momento como el actual, cuando es necesario financiar a empresas y familias para mantener viva la economía. «Las empresas se van a despertar de esta crisis con más deuda y menos ventas, y los bancos vamos a ser imprescindibles hasta que se recupere el nivel anterior a la pandemia», aseguraba el consejero delegado del Banco Sabadell, Jaume Guardiola, hace unos días en un seminario web sobre el futuro del sector tras el covid, organizado por el Círculo Ecuestre. En el mismo foro, su homólogo de Caixabank, Gonzalo Gortázar, aunque subrayaba las diferencias con la situación del 2008, admitía la preocupación por la salud de la cuenta de resultados y por cómo paliar la caída de actividad y el impacto de las provisiones precisas para hacer frente a una crisis cuya profundidad aún se desconoce.

Y es que cabe recordar que las entidades financieras optaron por sacrificar los beneficios del primer trimestre provisionando de manera preventiva casi 6.000 millones de euros (entre los seis mayores bancos del país) ante potenciales deterioros futuros provocados por el coronavirus. De hecho, un informe de la unidad de banca de inversión del Santander estima que el sector quizá logre eludir las pérdidas este año, pero no podrá hacerlo el próximo, para el que espera una caída del beneficio antes de impuestos de entre el 105 % y el 128 %, según la gravedad final de la recesión.

? Manejar el riesgo

«A la banca, la crisis le va a suponer más riesgo, más morosidad y caída de los márgenes típicos, tanto por la reducción del crédito hipotecario como del crédito al consumo. La crisis de liquidez que viven muchas familias y empresas no es fácilmente aprovechable para los bancos, porque al mismo tiempo que crece el crédito a empresas vía avales ICO, tienen que seguir provisionando, con lo cual el coste del riesgo sube», explica el economista Javier Santacruz, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB).

En un horizonte de tipos de interés cero, amén de otros factores, como nuevos jugadores -desde gigantes tecnológicos a neobancos o fintech-, la esperanza de que la rentabilidad se recupere y se sitúe por encima del coste de capital es ya «prácticamente imposible para muchos bancos españoles», añade Santacruz. Idéntico diagnóstico comparte el profesor de ICADE Business School Rafael Ramiro, recordando que la previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI) es que, por la combinación de tipos bajos y el impacto de la pandemia, la banca esté al menos un lustro -hasta el 2025- arrastrando bajos niveles de rentabilidad.

?Contener la morosidad

El sector está centrado ahora en dar soluciones a los clientes afectados para que las empresas sobrevivan. Se trata de evitar que los negocios cierren y que la morosidad se dispare y, con ella, las obligadas provisiones para cubrirla. El Banco de España ya ha alertado de que la mora, actualmente en el 4,8 %, podría escalar en los próximos meses hasta el 11% o incluso el 14%, el nivel máximo alcanzado en la pasada crisis financiera.

Las entidades tratan de recuperar en esta crisis la reputación que se perdió durante la anterior «Hemos puesto sobre la mesa soluciones para apoyar a familias y empresas que van más allá de las propuestas por el Gobierno. Estamos concediendo moratorias de hipotecas y crédito al consumo para los hogares que han perdido buena parte de sus ingresos en estos momentos, y buscamos soluciones para dar liquidez a las empresas, que van más allá de los avales del ICO», subrayan desde Bankia, describiendo la estrategia común del sector. Esta «aportación a la sociedad» en la que insisten las entidades es, además, su oportunidad de oro para recuperar ante la ciudadanía la reputación que perdieron en la crisis financiera.

?Reducir los costes

«Si eres menos rentable y ganas menos, necesariamente vas a tener que reducir costes», apunta Ramiro, que también sitúa como reto añadido a los anteriores la creciente presión fiscal que la banca va a sufrir en un entorno en el que las arcas públicas necesitan recaudar.

El ajuste «drástico y rápido» de los costes es precisamente uno de los retos que las principales entidades financieras identificaron en una jornada on line sobre la era postcovid, organizada por el Observatorio Vodafone de la Empresa. Entre las claves para conseguirlo, enumeraron la reducción de estructuras organizativas, tanto en la central como en las estructuras intermedias, «aprovechando la digitalización y la agilización de la toma de decisiones basada en la gestión inteligente de los datos», así como la revisión de la estrategia y de la situación de los espacios físicos. También apuntan a una «vuelta de tuerca» a las redes de oficinas, ya que, aunque hoy el país tiene el mismo número de sucursales bancarias que en 1980, el avance de la digitalización y, especialmente, la eclosión del teletrabajo -obligado por la pandemia- abren el camino a un ajuste en los espacios físicos. La manera en la que los clientes quieren ser atendidos también está cambiando.

«La consolidación de la red es otro reto, ya que las 24.000 sucursales actuales se tienen que quedar en la mitad si queremos ser competitivos con Europa», cuantifica el profesor de ICADE Business School.

?Nuevas herramientas

Otra derivada post-covid es que la transformación tecnológica en la que la banca estaba inmersa se acelerará como nunca se pensó. «Además del reto de la rentabilidad, tenemos también otro estratégico, derivado del cambio de hábitos de los clientes por la irrupción de las nuevas tecnologías», explican fuentes del sector, matizando, sin embargo, que la atención personal -con el valor añadido que aporta a pymes o hipotecas- no desaparecerá.

«Las herramientas digitales se usaban ya antes de la crisis, especialmente en transaccionalidad, transferencias y pagos, pero el confinamiento lo ha acelerado y en los segmentos más reacios. Solo un 10 % de los mayores de 65 años usaban los canales digitales antes y ahora se ha doblado. Parte de la población donde ese uso digital es más difícil ha dado el paso, forzada por la situación, y una vez que lo haces, ya lo haces cada día», sostuvo el consejero delegado del Sabadell, admitiendo que, aunque a medio plazo la banca será más eficiente con esa transformación, a corto supondrá muchísima inversión.

?Consolidación

En la lista de tareas futuras también está una nueva oleada de fusiones, como apunta el socio responsable del sector financiero de KPMG, Francisco Uría, y coinciden en ello Ramiro y Santacruz. La consolidación será inevitable -a ello ya empujaban los tipos bajos y la rentabilidad exigua-, pero no se producirá a corto plazo porque la incertidumbre complica valorar los activos. Lo deseable sería que, cuando llegasen, fuesen transfronterizas.

La pasión por los depósitos sigue viva

Manuel Blanco

Los españoles tenían la cifra récord de 853.000 millones en este producto a finales del 2019 pese a su nula rentabilidad. Los expertos consultados creen que la banca no dará el paso de cobrar a los minoristas aunque el escenario de tipos negativos vaya en contra de sus márgenes

Marín. 1985. El antiguo director de una oficina bancaria de la localidad pontevedresa dedica toda la mañana a visitar entidades. Quiere conocer la rentabilidad que le podrá sacar a los ahorros de toda una vida trabajando. Veinte millones de pesetas en total. Una pequeña fortuna de la que puede vivir holgadamente todo el año solo con los intereses que le sacará a ese capital en un depósito a plazo. Son los tiempos de la inflación desatada, de los tipos en el 15 % (en el 83 llegaron incluso al 20 %) y una España convulsa, con un ojo puesto en Europa y el otro en los rescoldos de la Transición. Tres décadas después, el panorama ha dado un giro de 180 grados. La inflación no está ni se la espera. El escenario de tipos negativos ha obligado a actualizar los manuales de finanzas y la economía española navega inserta en un escenario global, con el sector exterior convertido en un pilar estratégico de su modelo de crecimiento. Ver para creer. Todo ha cambiado. ¿Todo? No, los españoles, hoy como entonces, le siguen teniendo mucha fe a la liquidez. A guardar el dinero en los bancos sin riesgo de perderlo. Tampoco a sacarle partido, habida cuenta de la modesta remuneración (apenas un 0,04 %, según el Banco de España) que reciben los depósitos a plazo actualmente en nuestro país.

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