El covid-19 abre otros campos de cultivo para el sector primario

Aunque el vacuno de carne o el vino están sufriendo las consecuencias del cierre de la hostelería, el coronavirus fomentó el consumo de productos de kilómetro cero y ha abierto vías por explotar como el comercio electrónico


No han parado de trabajar ni un solo día desde que comenzó el estado de alarma. Y de esa forma los agricultores y ganaderos que conforman el sector primario han consolidado ese campo de la economía como esencial. Tras el covid-19 tienen mucho terreno que labrar. Y no solo para hacer frente a las consecuencias del cierre de la hostelería o la pérdida de poder adquisitivo de muchas familias que no tendrán más remedio que mirar más que nunca el precio de la cesta de la compra, también para adaptarse a los nuevos retos a los que les obligará el Green Deal de la UE o capear con la incertidumbre de no saber todavía en qué quedará el reparto de fondos de la nueva política agraria común (PAC) que, probablemente, tenga que entrar en vigor entre el 2022 o el 2023. Pero más allá de eso, los hábitos derivados del estado de alarma les han abierto otros campos de cultivo que no hay que dejar a barbecho. Porque como explica el economista de la Universidade de Santiago (USC), Edelmiro López Iglesias, hay que aprovechar los caminos que se han abierto durante los meses de crisis para «redinamizar o rural».

La urgencia de blindar la PAC es algo que no puede pasarse por alto de cara a cumplir el «Green Deal» El pueblo ha pasado a ser para muchas personas que viven en las ciudades un refugio. «Son xente -dice Edelmiro López- que quere vivir e traballar no rural. Entón, ¿por que non colocar a Galicia na vangarda da banda ancha?». Una buena conexión a Internet es, desde luego, una fórmula para atraer habitantes a los pueblos tocados desde hace años por el éxodo rural. Y no solo eso. También para promover que los que están, se queden con la puesta en marcha de empresas o explotaciones que no solo miren a la tierra, también a la nube para, por ejemplo, comercializar directamente sus productos o, únicamente, realizar trámites burocráticos dentro de una administración que mira cada vez más a las soluciones telemáticas.

Lo que está claro es que desde que a mediados de marzo fue decretado el estado de alarma en España, los hábitos de muchos consumidores sufrieron una metamorfosis. Les preocupa su salud, buscan productos naturales, cercanos, de kilómetro cero, usan cada vez más el e-comerce para surtir sus neveras o sus alacenas... «A xente quere saber de onde veñen os productos, a súa trazabilidade. Garantir que se coñeza é un dos terreos nos que poden aplicarse as coñecidas como tecnoloxías blockchain», apunta el gerente de la Asociación Galega de Cooperativas (Agaca). Higinio Mougán habla de los retos que supondrá cumplir con el objetivo de las estrategias de la UE ( De la granja a la mesa y Biodiversidad 2030). «Hai que ver a letra pequena desas normas e ver como se plasmarán, pero está claro que van primar moitos aspectos medioambientais, aínda que hai que recordar que prácticas como o pastoreo favorecen a retención de carbono».

«¿Por que non colocar o medio rural de Galicia na vangarda da banda ancha para atraer xente ao campo?»

De hecho, en su nueva normalidad, muchos consumidores van a buscar productos ecológicos, en línea con lo que también pretende Bruselas, que quiere que en el 2030 un 25 % de la superficie agraria esté dedicada a ese tipo de producción. Eso juega a favor, por ejemplo, de las granjas de carne en extensivo en las que se apueste por el bienestar animal y que, paradójicamente, están sufriendo una notable bajada de tarifa del kilo canal, mientras el precio se mantiene en el supermercado.

De ahí que a la hora de hablar de producción sostenible, Galicia tiene mucho potencial. Su hándicap: superar el minifundismo y recuperar todas las hectáreas de terreno infrautilizadas que todavía hay distribuidas por la comunidad. La idea sería usar toda esa tierra para producir y transformar esos alimentos de calidad que reclaman los consumidores.

En este sentido, Edelmiro López apunta como una oportunidad el camino abierto por iniciativas como Mercaproximidade, nacida de la mano de la Consellería de Medio Rural. Se trata de ayudar al sector primario dando salida- a través de las empresas de distribución- al stock de productos que los ganaderos o agricultores no podían comercializar debido al cierre de la hostelería. «Un dos sectores máis afectados polo peche da restauración e dos bares é, por exemplo, o dos viños. Entón por qué non unirse varias bodegas pequenas para distribuir os seus viños en cadeas de distribución», comenta.

«Non hai dúbida de que algo mudou. O consumidor quere saber de onde ven o que come»

A lo largo de las últimas semanas, el sector primario también ha mostrado su enorme potencial a la hora de buscar salidas ante la crisis. No hay más que ver cómo la prohibición de las ferias lanzó a muchos pequeños agricultores a las redes sociales como fórmula para dar a conocer unos productos que luego distribuían ellos mismos casa por casa o incluso los mandaban por mensajería. La experiencia de los que lo intentaron no fue mal. Hay demanda en los hogares, pero la mayor parte de los que están dispuestos a comprar viven en las grandes ciudades del eje atlántico. El problema son los elevados costes que todavía tiene la distribución. Es por ello que, a medio plazo, economistas como Edelmiro sugieran como idea la implantación de plataformas logísticas público- privadas que abaraten esos costes, fomentando una relación más directa entre productor y consumidor.

Ley de la cadena

Eso podría redundar también en un mayor margen de beneficio para el productor. Porque no cabe duda de que otro de los grandes retos que tiene el sector primario es el de apuntalar la Ley de la Cadena para que, cómo no, cumpla su función de no permitir la venta a pérdidas. Porque no hay que olvidar que las reivindicaciones de unos precios justos que reclamaba el sector a principios de año continúan vigentes más que nunca. La razón es que algunos sectores como la carne de vacuno o ovino, pese a ser esenciales, han visto cómo la cotización de sus productos bajaba de repente. Y para otros como el lácteo, en el que Galicia es toda una potencia, la bajada de la demanda y aumento de la producción a nivel mundial hacen crecer la incertidumbre en- torno a una bajada del precio de la leche líquida a medio plazo.

Lo que está claro es que el covid-19 ha dejado caer sobre el campo una lluvia de lecciones al tiempo que ha contribuido a dignificar la labor de unos agricultores y ganaderos que ahora han de adaptarse a las nuevas directrices de Bruselas para no quedarse atrás. No se oponen al Green Deal pero, como advirtió el ministro de Agricultura esta semana, Luis Planas, la adaptación a las nuevas normas ha de ir acompañada de fondos que ayuden al sector. De ahí la urgencia de blindar la PAC para garantizar que nadie abandone las granjas que han garantizado el abastecimiento durante todo el estado de alarma. Pero para eso, como ha repetido el conselleiro de Medio Rural más de una vez, «a xente ten que vivir no e do rural». Un sector primario fuerte es la clave para garantizar la soberanía alimentaria.

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