Europa nunca fue solidaria


L a crisis ha cogido a España con sus variables macroeconómicas tocadas o, simplemente, en proceso de recuperación. Según el sesgo ideológico que cada uno desee aplicar. Lo cierto es que el déficit público estaba por encima de lo estimado y la deuda pública demasiado cercana a la línea roja del 100 % del PIB. Causas que lo expliquen, muchas y, desde luego, una de ellas, la política. Rajoy, acosado por la corrupción del PP madrileño y las oleadas que le llegaban desde Valencia, no quiso asumir cotas excesivas de impopularidad. Hizo lo que Bruselas le pidió y el resto lo dejó para el siguiente. Lo curioso es que el siguiente, en sus planes, era él mismo. Así que no estaba nada claro quién sería ese que haría las reformas pendientes.

Sánchez, instalado en La Moncloa avisó que estaban en precampaña, eso sí, con los presupuestos de Cristóbal Montoro. Algo bueno tenía que dejarle su antecesor. Él tampoco asumiría una agenda reformista, salvo que esta fuera para hacer amigos, y como aliado tenía los vientos de bonanza del 2018. Harían su trabajo, reducirían la deuda y aligerarían el déficit. Aunque la opinión pública se distraía con los globos sonda tributarios que lanzaba Montero, él tenía claro que los fuertes incrementos de recaudación en IRPF y el IVA estaban generando la caja. Eran los efectos colaterales positivos del fuerte ritmo de creación de empleo. Este es nuestro país o, al menos, así lo veo. Y ahora, debemos decirle a un alemán, a un holandés o a un austríaco que se una a nosotros en la emisión de deuda. Que reduzca el riesgo país de España para aumentar el suyo. Que abarate el coste de financiación de nuestra deuda para subir el suyo. Porque eso, y no otra cosa, es mutualizar, es compartir los costes y los riesgos de las emisiones de deuda pública.

La respuesta fue sencilla, para reducir riesgo país, para abaratar el coste de su deuda, para que no entren en una crisis de deuda, ya tienen ustedes al Banco Central Europeo. Y es cierto, el BCE ha creado los mecanismos para que nuestras emisiones no se tensionen. ¿Que sería mejor con deuda perpetua en la que los costes financieros se repercutieran sobre el presupuesto de la UE? Claro. Pero trasciende la línea roja de sus opiniones publicas. No desean asumir riesgos ajenos. Y por mucho que lo vistamos, es fácil averiguar quién o quiénes asumen los riesgos de una emisión.

¿Que Europa no es solidaria? No. Nunca lo ha sido. La abrazamos con alegría porque nos traía los vientos de libertad que nos había hurtado Franco y, a partir de ahí, la representamos como un icono de bondad. Europa es una gran sociedad anónima. ¿Que puede ser otra cosa? Puede, pero no lo es. Lo que sí debe terminar es el supremacismo intelectual del norte. La Holanda que nos censura es puente de plata hacia paraísos fiscales, como Antillas Holandesas, por no hablar de la Alemania austera, que tardó casi treinta años en sanear sus cuentas, y ello gracias a que la crisis del euro la convirtió en santuario financiero de los temerosos euros del sur. Los mismos que redujeron a la máxima velocidad los costes financieros de su abultada deuda empezaron la crisis financiera siendo una de las economías con mayor endeudamiento público. La absorbida Alemania del Este le había reventado su modelo de bienestar. Asumámoslo, Europa aporta un mercado y una política monetaria ¿El resto? Lo construye nuestra imaginación.

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