El 80 % del empleo en la hostelería está sostenido con ayudas públicas

Los ERTE y las prestaciones por cese de actividad de los autónomos mantienen 4,6 millones de puestos de trabajo. Con la desescalada, llega el reto de ir desmontando ese sistema de protección


El 11 de marzo, el último día de la antigua normalidad (víspera del cierre de colegios en toda España que derivó, tres días después, en la declaración del estado de alarma), había en el país casi 1,6 millones de personas trabajando en bares y restaurantes. De esos, un 10 % perdieron su empleo en los primeros días del confinamiento, en los que muchas empresas optaron por ajustar plantilla y despedir a temporales en previsión de la que se venía encima tras la clausura forzosa de sus locales. En estos dos meses de encierro, solo otro 10 % de los cotizantes del sector hostelero siguieron en activo, la mayoría en negocios de reparto de comida a domicilio, de los pocos que pudieron seguir operando. El otro 80 %, 1,15 millones de trabajadores, quedaron en el limbo. En el caso de los asalariados, más de 930.000, en un ERTE que ha dejado su contrato en suspenso, mientras que casi 240.000 autónomos se agarraron a la prestación extraordinaria por cese de actividad para subsistir mientras no podían facturar.

Y es que la hostelería ha sido, según el análisis de los datos facilitados por la Seguridad Social, el sector más beneficiado por las medidas de protección de rentas y empleos aplicadas para el Gobierno para evitar una erosión sin precedentes del mercado laboral. Y ni con esas ayudas se ha evitado que la pérdida de puestos de trabajo en bares y restaurantes duplique la media del resto de actividades (que se sitúan en el 5 %, uno de cada veinte ocupados).

Solo hay otro sector que ha perdido más cotizantes durante la pandemia: el de las actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento, un cajón de sastre que incluye desde salas de teatro o museos a gimnasios, centros deportivos o casas de apuestas. Negocios que han despedido al 12 % de sus plantillas (más de 40.000 trabajadores) mientras que, del resto de ocupados, dos tercios están cobrando temporalmente alguna ayuda del Estado hasta poder volver a sus puestos durante alguna de las fases de la desescalada.

Junto con la hostelería y las actividades recreativas, solo hay otra rama de actividad en la que más de la mitad de los cotizantes han sido incluidos en ERTE o han cobrado el paro de los autónomos. Es la de otros servicios, en la que se incluyen actividades como peluquerías, tintorerías o tanatorios, pero también sindicatos, partidos políticos u otras asociaciones. Negocios que, en muchos casos ya han ido reabriendo en las primeras fases de la desescalada, como por ejemplo las peluquerías.

 

Si las cifras de ERTE y autónomos en paro temporal en la hostelería se acompasan con la situación de cierre generalizado del sector, no ocurre lo mismo con el comercio, donde también ha habido fuertes restricciones (aunque los establecimientos de productos básicos, como los de alimentación, han podido seguir abiertos). Con una caída de la afiliación del 4 %, casi un punto inferior a la destrucción media en el país en el primer mes y medio de confinamiento, solo una cuarta parte de los afiliados a la Seguridad Social en este sector han sido incluidos en un expediente de regulación temporal de empleo, que se suma a otros 10 % de autónomos a los que se les ha reconocido la prestación.

En total, según las cifras que aporta la Seguridad Social, las medidas de protección del empleo han conseguido sostener casi 4,6 millones de empleos y contener la sangría de despidos, que aun así se ha cobrado casi 950.000 puestos de trabajo.

El futuro de los ERTE

Pero el reto más complejo llega ahora. Con el inicio de la reactivación de la economía, el reto pasa por ir desmontando progresivamente ese sistema de ayudas de forma que se fomente la reincorporación de los trabajadores suspendidos a sus puestos sin generar costes inasumibles para unas empresas que aún están tanteando la profundidad de la crisis.

Para ello, Gobierno, patronal y sindicatos han suscrito un acuerdo que prorroga hasta el 30 de junio los ERTE por fuerza mayor, creando dentro de los mismos dos categorías: la fuerza mayor total, para aquellos negocios que decidan seguir cerrados y con sus trabajadores en desempleo, y la fuerza mayor parcial, para las que vuelvan a la actividad. En cuanto al esquema de protección, se mantiene la exoneración del 100 % de las cuotas a la Seguridad Social en el caso de la fuerza mayor total (75 % si la empresa rebasa el medio centenar de trabajadores en plantilla). Pero, en el momento en que las empresas rescatan trabajadores del ERTE y pasan a fuerza mayor parcial se bonifica la recuperación de las plantillas, estableciendo una exoneración del 85 % de la cuota del empleado reincorporado, frente al 60 % de lo que sigan en paro. Eso, en mayo, porque luego en junio la reducción cae al 70 y el 45 %, respectivamente (porcentajes que disminuyen en el caso de las empresas de más de 50 trabajadores).

En cuanto a los autónomos, la desescalada se hará a través de la propia prestación por cese de actividad, pues esta se podrá seguir cobrando hasta el último día del mes en que acabe el estado de alarma. Si, como todo apunta, este se prorroga de nuevo, los trabajadores por cuenta propia podrían cobrar la ayuda (cuyo importe mínimo es de 661 euros) y seguir ahorrándose la cuota tanto este mes como el que viene, aunque abran antes sus negocios, lo que les daría un colchón para afrontar las primeras semanas.

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