Vuelta a casa con los bolsillos vacíos

El retorno de los emigrados por la cuarentena impuesta en los estados vecinos provoca un desplome en las remesas, lo que priva al país de su última fuente legal de financiación


Caracas

Un grupo de casi 200 venezolanos ha partido desde Cali, en Colombia, para retornar a su país. La cuarentena los ha privado de la posibilidad de sostener su modo de vida en el lugar al que emigraron. Y a pesar del confinamiento obligado en ambos países, han podido regresar a casa, gracias a un corredor humanitario que les ha permitido el paso. Un nuevo drama que añadir a la maltrecha Venezuela, un país golpeado por la corrupción y la miseria, el peor de los escenarios para el avance de la pandemia.

El régimen de Nicolás Maduro tiene previsto el regreso de casi 15.000 venezolanos procedentes de Colombia, de Ecuador y Perú, fundamentalmente; una parte aún muy pequeña de los casi cinco millones que abandonaron el país desde el año 2017.

Su retorno representa para Venezuela un doble problema: la vuelta conlleva un riesgo sanitario, porque contribuye al avance del virus. Pero al aspecto sanitario se une la lectura económica: cada venezolano que regresa, o cada uno que se queda sin empleo en esos países, representa una caída en las remesas, en un momento en el que Venezuela se ha quedado, literalmente, sin ninguna otra fuente legal de financiación.

Las remesas ayudaron al pequeño respiro que tuvo la economía venezolana el pasado año, cuando movilizaron 3.000 millones de dólares (2.755.400 millones de euros). Antes de la pandemia, algo más de la mitad de las transacciones, el 55 %, ya se hacían en la moneda norteamericana, y no en un bolívar que estaba pulverizado por casi dos años de una galopante hiperinflación. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha previsto una contracción del 5,3% en el producto interior bruto (PIB) de la región, que ya viene de siete años de bajo crecimiento. Pero en Venezuela, la caída prevista es del 18 %. El país arrastra ya seis años de depresión en los que su economía se ha convertido en una cuarta parte de lo que era en el 2012. Es el mayor descalabro económico registrado en la historia en un país en tiempos de paz. Rico en recursos, Venezuela apenas produce hoy 600.000 mil barriles diarios de crudo, la mitad que Colombia. Y esto, en un contexto internacional de depreciación en la cotización internacional del petróleo, que ha llegado incluso a valores negativos, lo que hace el panorama todavía más sombrío. Sin gasolina para producir, sancionado por Estados Unidos y tras seis años de depresión, hay analistas que calculan que el PIB incluso podría llegar a caer otro 30 % en este 2020. Los informes señalan que el régimen de Maduro tiene al menos dos fuentes de ingreso ilegales, el oro y el narcotráfico, y ambos están muy golpeados por la operación antidroga que EE. UU. ha llevado a cabo recientemente en el Caribe.

Y el mayor aliado de Maduro, Rusia, vive el mismo naufragio de precios petroleros que sacude ahora a Venezuela. Los emigrantes, que ya huyeron empujados por la miseria hace tres años, están retornando ahora hasta caminando, y en una situación de pobreza, sin apenas recursos para sobrevivir, pero ahora de nuevo en su propio país.

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