Prohibido recibir propina

Una sentencia reciente dictaminó que las cafeterías pueden impedir a sus trabajadores recibir este dinero. Hay algunos países del mundo en los que se consideran un gesto ofensivo


La Voz

Al contrario de lo que sucede en otros países del mundo, en España no hay reglas escritas sobre cómo gestionar el tema de las propinas. Esta gratificación es entendida en nuestro país como una opción con la que el cliente puede reconocer el servicio recibido. Pero pocas reglas hay sobre cuánto dejar o de qué forma hacerlo.

Sobre propinas poco había escrito en España. Hasta que llegó la Justicia. Porque una reciente sentencia del Tribunal Superior (TSJ) de Asturias dictaminó que las cafeterías pueden prohibir a sus empleados la recepción de este dinero extra.

Entienden los magistrados que estas gratificaciones «no son una condición de trabajo adquirida por la plantilla», por lo que la empresa puede decidir modificarlas sin tener la necesidad de negociarlo o consultárselo a sus trabajadores. Y va un paso más allá. Porque considera el fallo que estas cantidades no son, en ningún caso, parte del salario de los trabajadores.

El conflicto que provocó este fallo viene de largo. El problema surgió en el seno de una empresa que presta servicios de cafetería en varios hospitales de Asturias. Los trabajadores de los establecimientos recibían a diario propinas de los clientes, un dinero que se introducía en un bote para posteriormente repartirlo entre toda la plantilla. Las cosas se complicaron. Una auditoría interna de la propia compañía detectó un grave problema de gestión del dinero en efectivo en los centros de trabajo, por lo que la decisión fue tajante: se prohibió de forma unilateral la recepción de propinas entre el personal. De hecho, en los tiques de caja que recibían los consumidores se podía leer la expresión «No se admiten propinas» e incluso se llegó a elaborar un cartel en el que se podía leer: «Nuestra mejor recompensa es que usted vuelva a visitarnos, por eso no aceptamos propina».

La decisión no pareció encontrar demasiada aprobación entre la plantilla y las diferencias entre compañía y trabajadores empezaron entonces. La demanda de la que arrancó este periplo judicial fue interpuesta por Comisiones Obreras y UGT. En ella, los sindicatos solicitaban la nulidad de la resolución de la compañía. Pero con la Justicia toparon.

La sentencia del TSJ astur explica que la propina no tiene ningún tipo de carácter salarial ni se integra en ninguna de las materias del artículo 41 del Estatuto de los Trabajadores, por lo que no queda sometida al régimen especial de modificación de las condiciones de trabajo.

El magistrado ponente del fallo esgrime como una de las razones de mayor peso que la propina no puede ser considerada una condición de trabajo más beneficiosa, ni una costumbre laboral porque, básicamente, no depende del empresario, sino de la libre voluntad del cliente. Y de esta forma, si ese dinero no es la empresa la que lo concede, sino un tercero, no se puede encajar el concepto de propina como condición más beneficiosa.

Como esta gratitud, alega, es un acto voluntario de los clientes, no existe ningún tipo de obligación que caracterice a este dinero como costumbre laboral.

Obligatoria

A pesar de que en España la propina es un extra voluntario, en muchos otros países del mundo deja de ser un gesto espontáneo para convertirse en una obligación moral o incluso legal. Y los viajeros también se pueden encontrar el caso contrario, porque en otros países este tipo de emolumentos pueden estar mal vistos o considerarse una ofensa.

Los camareros de países como Estados Unidos, Canadá o la República Checa viven en gran parte de las propinas. Este dinero es una parte importante de su sueldo, por lo que casi es de obligado pago. Para facilitar la vida a los turistas poco habituados a esta tradición, muchos establecimientos estadounidenses ya incluyen el dinero que se debe dejar en la cuenta final. Lo más aconsejable es dejar entre un 15 y un 20 % del valor del festín y entre un 10 y un 15 % en Canadá y en la República Checa.

En la mayor parte de los países del mundo ocurre algo semejante a lo que sucede en España. Son una opción a la que no se debe sentir obligado nadie. Pero hay otros lugares en los que incluso dejar propina puede acabar suponiendo un problema para el comensal.

Los trabajadores de Japón, China, Paraguay y Singapur pueden acabar considerando el pago de este dinero como un gesto ofensivo. Y es que en algunos territorios, lo entienden como una forma de infravalorar el trabajo del empleado o incluso como un soborno.

Eso sí, en países como China, esta tradición empieza a hacer mella entre los locales. En distritos como Hong Kong o Macao -más occidentalizados que otras zonas- ya se está considerando como un signo de etiqueta y se está generalizando.

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