Con los pies en la luna

Jeff Bezos fundó el actual gigante del comercio por internet desde un garaje en Seattle en 1994


«Todo el pescado se lo come Amazon. Los grandes se han quedado el trozo más grande de la tarta. Todo juega a su favor en la cuarentena». Con esa frase explicaba no hace mucho un librero en las páginas de La Voz de Galicia lo mucho que esta crisis está beneficiando al gigante del comercio electrónico que alumbró Jeff Bezos (Albuquerque, Nuevo México 1964) en un garaje de Seattle allá por 1994. Un titán que nació precisamente como una pequeña librería on-line.

Y no anda desencaminado el librero galaico. La tajada que está sacando la firma se vio, sobre todo, durante las primeras semanas de confinamiento. Todos los días parecían Black Friday para Amazon. Con los consumidores buscando en el catálogo del titán estadounidense todo lo que las verjas bajadas del comercio les hurtaban.

Una cifra para hacerse una idea: en la semana del 9 de marzo recibió la friolera de casi 640 millones de visitas. Y eso solo en Estados Unidos. Imagínense. Tanto como un 32 % más que en la misma semana del año anterior. Fue durante esos días cuando la cotización de la firma acarició sus máximos históricos. La capitalización (valor de mercado) de la compañía se acercó a los 1,2 billones de dólares, con Bezos sumando 30.000 millones a su ya de por sí cuantiosa fortuna personal, la más abultada del planeta: más de 140.000 millones de dólares. Y eso a pesar de lo mucho que le costó su divorcio de Mackenzie Tuttle, californiana seis años menor que él, con quien se casó a los 29 años y con quien inició la aventura de Amazon, Pero esa, es otra historia.

Además de los ingentes beneficios que el confinamiento del mundo le va a reportar este año al gigante de Seattle, lo cierto es que esta crisis representaba para Amazon toda una señora oportunidad de mejorar su imagen. Y durante las primeras semanas bien que la aprovechó. Tanto que hasta Donald Trump, poco amigo de Bezos, alabó la capacidad de la empresa para distribuir productos esenciales para la lucha contra la pandemia, cuya entrega priorizaba. Contratando, además, bienvenido sea, a miles de trabajadores y subiéndoles el sueldo por el esfuerzo a los que ya tenía en nómina.

Pero ahora las cosas ya no andan tan bien. Montañas de quejas de los empleados por la falta de medidas de seguridad en los almacenes. Huelgas. Despidos. Y hasta una dimisión en la cúpula: la del vicepresidente del servicio de computación en nube Amazon Web Services (AWS), Tim Bray. Su respuesta a la decisión de la compañía de poner en la calle a empleados que habían criticado públicamente a la empresa.

Se equivoca Bezos, dicen algunos analistas. De su comportamiento ahora dependerá el apego o desapego de los ciudadanos hacia Amazon cuando escampe, advierten. No parece que al hombre más rico de la tierra le quite eso el sueño. Está en la luna. Literalmente. O casi. Compite con el fundador de Tesla, Elon Musk, por liderar la vuelta al satélite que prepara la NASA. Lo de Amazon, está claro, se le ha quedado pequeño. ¡Y mira que es grande!

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