La corrupción viaja hasta los fiordos

El mayor vehículo inversor del mundo atraviesa uno de los momentos más delicados en sus 24 años de historia. El Banco Central de Noruega se ha visto obligado a revisar el nombramiento del nuevo consejero delegado del Norges Bank Investment Management tras conocerse que pagó un viaje privado al todavía primer ejecutivo que relevará en unos meses


Redacción - La Voz

Nicolai Tangen, el multimillonario y filántropo que sucederá a Yngev Slyngstad al frente de la gestión del mayor fondo soberano del mundo, el Norges Bank Investment Management (NBIM), está entre las cuerdas. Apenas dos semanas después de su designación -tomará posesión del cargo en septiembre próximo-, su honorabilidad está en entredicho. Pero no solo él. Los consejeros delegados entrante y saliente de la sociedad de inversión de 1 billón de dólares (923.445.000.000 de euros) se han visto envueltos en el mayor escándalo conocido desde que se crease el fondo para el depósito del excedente de riqueza producida por los ingresos derivados de la extracción de petróleo en el país nórdico.

No es un asunto menor. Porque de cómo se gestione el desenlace en la cúpula del instrumento financiero depende el liderazgo del propio fondo: su cartera de inversión cuenta con casi el 1,5 % de todas las compañías que cotizan en el mundo, entre ellas un buen puñado de españolas, desde Inditex hasta BBVA o Iberdrola, por citar algunas de las más representativas.

La polémica surgió hace unos días al trascender que el actual responsable del fondo, Yngve Slyngstad, fue invitado a un seminario de lujo organizado por su sucesor Nicolai Tangen en Filadelfia (EE. UU.) y aceptar viajar en un avión privado que el propio Tangen puso a su disposición para su regreso a Oslo. Si se confirma, el directivo podría haber infringido las más básicas reglas éticas que rigen los estatutos del Norges Bank Investment Management. El propio Slyngstad, en un comunicado difundido por el fondo y que recoge el Financial Times, explicó que fue invitado a dar una conferencia en el seminario que el ahora su sucesor había organizado el pasado noviembre en la Wharton School of Business de la Universidad de Pensilvania. Justo unas semanas después de que el directivo anunciase su renuncia al frente del instrumento que financia las pensiones de los jubilados nórdicos. El que será el próximo gestor del fondo no solo pagó un vuelo privado, sino la estancia completa en un hotel de máxima categoría y la asistencia a los conciertos de Sting y Gregory Porter.

Slyngstad no fue el único noruego que acudió al encuentro de gastos millonarios en EE. UU. Al menos una treintena de compatriotas de la élite del país participaron en las conferencias, que completaron un grupo de 150 exclusivos invitados de distintas procedencias. Una factura por la que Tangen podría haber pagado hasta un millón de dólares. Dinero precisamente no le falta a este inversor, dueño y administrador de AKO Capital, unos fondos de cobertura independiente registrados en un paraíso fiscal, aunque su base de operaciones esté radicada en Londres. De hecho, de seguir adelante con su nombramiento en Noruega, estaría dispuesto a trasladar su patrimonio (una fortuna estimada en unos 7.000 millones de coronas noruegas) a Oslo, por el que tendría que tributar una nada desdeñable factura fiscal.

Siguiendo el guion de los hechos, a la par que trascendían las sospechas en torno a la falta de transparencia del famoso viaje en avión privado, aumentaba el escepticismo sobre el nombramiento de Nicolai Tangen al frente del fondo petrolero. El propio Tangen dio la puntilla con el envío al primer ejecutivo de un correo electrónico solicitándole información sobre las características del puesto. Un mensaje que tuvo el silencio de Slyngstad como respuesta.

La gravedad del escándalo amenaza con echar por tierra los planes previstos para el relevo en la cúpula, en el que será el tercer mandato al frente del vehículo inversor más rico hasta la fecha en sus 24 años de historia. Al cierre del 2019, el brazo inversor del Banco de Noruega, estrechamente supervisado y cuyas decisiones fiscaliza el Parlamento del país, ya disponía de un patrimonio muy superior al billón de dólares. Con rentabilidades medias que llegaron a rozar el doble dígito en algunos momentos de ese ejercicio. Pero la crisis del coronavirus y la caída del precio del petróleo han hecho mella en las cuentas del fondo, que ha registrado pérdidas millonarias en este primer trimestre del 2020.

A Yngev Slyngstad no podría reprochársele este agujero en las cuentas del fondo. Todo lo contrario, su bagaje en los doce años de gestión hicieron quintuplicar el valor del vehículo financiero. Su plácito retiro buscando nuevas herramientas que incorporar al fondo en el ámbito de la renovables pueden quedar en el aire. Al igual que las aspiraciones de Tangen.

El gobernador del Norges Bank, Oystein Olsen, ya ha anunciado que se procederá a la revisión del proceso de selección del primer ejecutivo del fondo. La institución quiere calmar los ánimos lo antes posible. Entre otras razones, porque Nicolai Tangen nunca figuró en la lista pública de aspirantes a ocupar el cargo. Es cierto que a finales de febrero se divulgó el nombre de siete de los ocho candidatos. Uno de ellos pidió el anonimato. Quizás fuese Tangen. Sea como fuere, el que los ejecutivos se saltasen las estrictas normas éticas del fondo les deja en una situación muy comprometida.

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