Una «pedrista» con criterio propio


Red Eléctrica de España (REE) -la empresa que gestiona las infraestructuras de alta tensión- irá contracorriente y remunerará a sus accionistas pese a la crisis sanitaria. La mayoría de entidades financieras y multinacionales lo han congelado. Pero Beatriz Corredor (Madrid, 1968) ha dado un guiño a su predecesor, Jordi Sevilla, manteniendo su plan de actuación antes de que el exministro abandonase la presidencia de la corporación público-privada el pasado febrero por fuertes discrepancias con la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. La decisión de Corredor supondrá que 569 millones de euros se reembolsen a los accionistas, de los que 113 millones se los llevará el Estado, como dueño del 20 % de la multinacional a través de la SEPI.

Porque si algo caracteriza a la que fuera ministra de Vivienda en el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero es la capacidad de decisión e independencia que le reporta su formación como registradora de la propiedad. Sí, forma parte del gremio del expresidente Mariano Rajoy, al que accedió apenas dos años después de terminar su carrera de Derecho, con el respaldo que las becas proporcionan a quienes pertenecen a una familia numerosa y con recursos económicos limitados, como la de Beatriz Corredor.

El nombramiento de esta madrileña, con fuertes vínculos familiares en Toledo, al frente de Red Eléctrica originó cierta sorpresa por sus escasos conocimientos en materia energética en un momento de plena transformación. Pero quienes han trabajado con ella destacan que se enganchará al puesto por su condición devoradora de datos, informes y expedientes. Es metódica, muy trabajadora y con una capacidad muy superior a la que se le atribuye.

Lo que ocurre es que Beatriz Corredor, de profundas convicciones feministas, siempre ha huido del estruendo y los titulares. Gana y se desenvuelve mejor en las distancias cortas y marca su carácter el valor a la lealtad. Sin que ello signifique no poder discrepar con el líder.

La exministra ya era sabedora, el pasado enero, de cuáles serían sus próximas responsabilidades. Abandonó con discreción el acta de diputada en el Congreso por «razones personales» cuando la guerra Sevilla-Ribera era un secreto a voces.

Había que poner paz. El presidente Pedro Sánchez decidió entonces echar mano de una de sus más fieles aliadas. Lo fue con Zapatero y ahora lo es con Sánchez, con quien coincidió en el Ayuntamiento de Madrid. Corredor llegó tarde a la política, con 34 años, ya casada y madre de dos hijas -tendría una más de su segundo matrimonio con un deportista toledano del que también se separó- y después de ocupar distintas responsabilidades en su ámbito profesional. Para la también presidenta de la Fundación Pablo Iglesias hubo dos puntos de inflexión en su compromiso político con los dos últimos presidentes socialistas. «Con el tamayazo, en Madrid, «tuve claro que debía tomar partido», reconocía en una entrevista. Y se afilió al PSOE. En el 2007 era ministra con Zapatero.

Fue la renuncia al acta de diputado de Pedro Sánchez, en el 2016, cuando «me hice pedrista y me puse a su disposición para siempre», declaró.

Seguidora del Real Madrid, para esta entusiasta de la lectura y la música, la familia es lo primero.

Su empeño conciliador servirá para serenar los ánimos en la última crisis de la REE. Incluso con el apoyo de su antecesor, Jordi Revilla, quien resaltó de ella: «Magnífica profesional, con criterio y con criterio propio».

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Una «pedrista» con criterio propio