¿Estamos preparados para el teletrabajo?


Que habrá antes y un después de esta pandemia es algo en lo que todos estamos de acuerdo. Durante estas últimas semanas y las que nos quedan— hemos estado siendo protagonistas involuntarios de una situación que no podíamos imaginar hace tan solo un mes. Nuestra vida ha cambiado por completo y nos hemos tenido que adaptar, a veces con más pena que gloria, al nuevo escenario. Los cambios han venido fundamentalmente derivados por este confinamiento obligado, donde apenas nos relacionamos, pero también por la forma de trabajar.

El teletrabajo es todavía una asignatura pendiente en nuestro país. Las empresas y administraciones públicas que han optado por implantar esta modalidad no son muchas y las que finalmente lo han hecho, no siempre han tenido el éxito deseado. Y es que el teletrabajo no es algo tan simple como tener un portátil y una buena conexión a Internet. Los que estudiamos el mercado laboral llevamos año diciendo que es algo más complejo que desempeñar nuestro trabajo desde casa.

Es cierto que las nuevas tecnologías han permitido desarrollar nuestras tareas, en buena medida, sin tener que desplazarnos físicamente al despacho. Que hemos permutado, hasta cierto punto, nuestro trayecto por las carreteras a movernos a través de las autopistas de la información. Pero de ahí a que todo pueda hacerse a través de teletrabajo, hay un mundo.

Llegados a este punto, me gustaría plantear las bondades y limitaciones que supone el teletrabajo. Entre los aspectos positivos resulta evidente que con esta práctica se reducen los costes de desplazamiento de trabajador, tanto en términos económicos como de tiempo, y el empleador ya no tiene que abonar el complemento de desplazamiento a su trabajador. El empleador tampoco necesita contar con una infraestructura física para que el empleado realice su actividad, o al menos no precisa disponer de un espacio para todos los trabajadores en plantilla. Con el teletrabajo se puede llegar a una mejor conciliación de la vida familiar con la actividad laboral. Finalmente, trabajar desde casa, en un ambiente mucho más cómodo y relajado, suele implicar un aumento de productividad, lo que redundaría en mejoras salariales para el empleado y mayor rentabilidad para el empleador.

No obstante, no todo son bondades con el teletrabajo. Se trata de una forma más individualista de desarrollar nuestras tareas, que no siempre permite aprovechar las ganancias que se obtienen del trabajo en grupo. Por otra parte, se corre el peligro de no diferenciar entre las horas destinadas al trabajo y el resto del tiempo, pudiendo alargar más de lo normal la jornada laboral. Con el teletrabajo se puede llegar a complicar la necesaria desconexión digital, uno de los derechos básicos de cualquier trabajador.

Finalmente, cabe señalar que no todas las actividades están preparadas para hacerse a través del teletrabajo. La extensión de esta práctica ha de hacerse con la debida prudencia, y siempre es preciso contar con la infraestructura y formación adecuada.

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