Wopke Hoekstra: El muñidor que amenazó a Europa


Esta vez, parece que sí. Que los países del norte europeo le han visto las orejas al lobo ante la amenaza cierta del desmembramiento del proyecto europeo. El primer ministro de Holanda, Mark Rutt,e no ha dejado pasar ni una semana para enmendarle la plana a su ministro de Finanzas, el democristiano Wopke Hoekstra, al anunciar la disposición de su país a apoyar la creación de un fondo de emergencia que haría transferencias, y no préstamos, a los países cuyas economías resultasen muy dañadas por la crisis del coronavirus. Significaría que las cuantías recibidas no tendrían que devolverse. Ahí es nada.

El mandatario de los Países Bajos taponó la espita abierta y que ponía muy en entredicho la reputación de la UE. Las fiscalizadoras declaraciones de Hoekstra contra España y otros países del sur por no tener margen presupuestario con el que afrontar la crisis del coronavirus volverán a quedar dentro del capítulo de frases desafortunadas, y se añadirán a la ya célebre de su predecesor, Jeroen Dijsselbloem, también holandés, como presidente del Eurogrupo, tras las crisis del 2008: «Uno no puede gastarse todo el dinero en copas y mujeres y luego pedir que se le ayude», para negar la solidaridad europea a los países que, como Grecia, Italia o España, sufrían los envites del retroceso económico.

El Gobierno del liberal Mark Rutte parece dispuesto a renunciar a la ortodoxia presupuestaria. Había colocado a Wopke Hoekstra (miembro de CDA, tercera formación con mayor representación en el arco parlamentario holandés) como guardián de las cuentas. Las pretensiones económicas para el 2020 de este abogado de 44 años eran más laxas. Diseñó un balance que le alejaba de la rectitud, quería tirar del superávit (el 1,7 % dejarlo en el 0,2 %) para incrementar el gasto social y estimular su economía. Pero la pandemia global parece echar por tierra esas ambiciones expansivas.

Sea como fuera, lo que parece claro es que Holanda quiere evitar desentenderse del gran desafío solidario que va a necesitar esta crisis sanitaria. No lo hizo en los años que siguieron al 2008. Entonces afectaba a la economía y al empleo. Ahora, los muertos se cuentan por miles.

El ministro quizás haya tenido un error de cálculo, porque el foro al que se ha dirigido hace unos días nada tiene que ver con la agrupación informal que preside desde hace un tiempo de pequeños estados miembros del norte y el Báltico de la UE ( Estonia , Finlandia , Irlanda, Letonia , Lituania y los Países Bajos ) para encontrar una causa común reformista de la eurozona.

Wopke Hoekstra ha adquirido un protagonismo sobrevenido. Hasta la semana pasada. Este desconocido para la opinión pública europea procede de una pequeña localidad holandesa de apenas 2.000 habitantes. Hoy vive con su esposa y sus cuatro hijos en la ciudad de Bussum. Tras su formación universitaria como abogado e historiador, el ahora ministro ocupó distintos cargos en la empresa privada. Primero en la energética Shell para pasar a formar parte como socio de la reputada consultora McKinsey. Solo cinco años más tarde emprendería el gran cambio, su paso a la política por la CDA, y por la puerta grande, directamente al Senado. Y de ahí al Gobierno. En su currículo figura lo que podría interpretarse como cierta vocación solidaria, como miembro de la junta del Instituto de Amigos del Hubrecht y embajador del Centro Princesa Máxima de Oncología Pediátrica.

Tendrá que dar todo un viraje -ya lo ha hecho pidiendo disculpas por sus declaraciones- a sus pretensiones y ajustar las cuentas en cuanto se determinen las herramientas de ayuda anunciadas por Rutte. Solo así se difuminarán las sombras de un futuro aciago e incierto para Europa.

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