Rock & Roll para frenar el virus

Jerome Powell, el presidente de la Fed, ha sacado del armario todas sus armas para contener el impacto económico de la pandemia


Redacción / La Voz

El perfil de Jerome Powell (Washington DC, 1953) encaja en lo que se podría presuponer de alguien con sus responsabilidades. Hombre de familia, abogado de prestigio, millonario, amante del golf... Hay sin embargo en su biografía un elemento un tanto exótico: la guitarra. Al presidente de la Reserva Federal estadounidense le apasionan las seis cuerdas. Y algo de eso, del rock & roll al que tantas horas dedica en sus ratos libres, va a tener que poner sobre la mesa para hacer frente a la que se le viene encima. El coronavirus ha puesto la economía de los cinco continentes patas arriba y él va a tener mucho que decir para que las aguas vuelvan a su cauce. Al fin y al cabo, las decisiones del organismo que dirige tienen un impacto global y no son pocos quienes creen que su máximo responsable es una suerte de administrador de las finanzas mundiales.

Por lo de pronto, Powell ha puesto toda la carne en el asador. La Fed ha dado marcha atrás respecto de sus intenciones iniciales y ha anunciado, por primera vez en su historia, la retirada de los límites a la compra de activos, el mismo mecanismo aplicado por el Banco Central Europeo y que está llamado a contener los efectos de una crisis cuyos efectos son, a día de hoy, imprevisibles.

La Reserva Federal había aprobado un primer paquete de medidas que orbitaban alrededor de la rebaja de los tipos a cero y la adquisición de un máximo de 700.000 millones de dólares en activo. Ocurre que los mercados hicieron oídos sordos a este primer mensaje. El miedo corría como la pólvora por los parqués de medio planeta y al presidente de la Fed no le quedó otra que echar el resto. A los 700.000 millones anunciados unió otro programa por valor de 300.000 millones que se destinará a la concesión de préstamos para las empresas e instituciones que se vean afectadas por el Covid-19. Y un mensaje que, de alguna forma, recuerda a aquel con el que Mario Draghi conjuró a los especuladores en el 2012, cuando la crisis financiera amenazaba el proyecto del euro: la Fed seguirá ahí, vigilante y armada, para ayudar a contener el impacto de este delicado momento.

Jerome Powell ha dado pábulo así a aquellos que sostenían que su papel al frente del emisor estadounidense tendría también un marcado acento político, y no solo técnico. Algo que se podía intuir cuando Donald Trump lo designó como candidato en el segundo semestre del 2017. El presidente asumía entonces una decisión sin apenas precedentes. Y por partida doble.

Por un lado, se convertía en el primer inquilino de la Casa Blanca que no mantenía en el cargo al jefe de la Fed designado por el Gobierno anterior. Por otro, rompía igualmente con la tradición al no seleccionar a un profesional formado como economista. Ciertamente, esta segunda cuestión era más que matizable. Al fin y al cabo, Powell se había hecho un hueco profesional más que respetable en el mundo de la banca de inversión, una trayectoria esta que le permitió convertirse en el presidente de la Fed con un mayor patrimonio de entre todos los que le habían precedido.

Republicano, casado y padre de tres hijos, a los demócratas no les desagradó del todo su nombramiento por su reputación de hombre serio y de consenso. Una cualidad esta última de la que habrá de tirar, y mucho, en los meses que tenemos por delante. Que Powell no quiera dejar a nadie en la estacada será clave para aminorar la lista de bajas asociadas a esta pandemia sanitaria y social y salir airosos del trance.

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