José A. Herce: «Esta crisis es una oportunidad para establecer nuevas reglas»

El «shock» económico desatado por la emergencia sanitaria ha asestado un revés a los planes de reformas previstos en España. El experto cree que lo prioritario es «sobredotar» las prestaciones por desempleo y abordar por fin el problema de las pensiones: «El sistema tiene una fortaleza increíble, pero la Seguridad Social tiene ya 18.000 millones de euros de déficit al año con una deuda creciente», alerta


Redacción / La Voz

Confinado en el hogar, como la inmensa mayoría de los españoles estos días, José Antonio Herce hace cuentas. El apagón económico al que se han visto abocadas empresas y trabajadores ha dado un vuelco a las prioridades nacionales más urgentes. Herce opina que lo primordial es amortiguar el choque en el empleo y el sistema productivo, pero insiste en que este escenario debe ser una palanca y no una excusa para revisar el marco fiscal y garantizar la sostenibilidad de las pensiones.

-Estamos asistiendo a inyecciones masivas de dinero inéditas. Con España arrastrando una deuda cercana del 100 % del PIB, ¿serán forzosas las condonaciones?

-Por ahora nadie ha hablado de condonaciones de deuda, es más, la disciplina presupuestaria se ha desactivado. Los países miembro de la UE sobrepasaremos sus límites, pero eso no evoca todavía un panorama de condonación. Además, todo el paquete anunciado por el BCE está destinado a la compra de bonos públicos, a adquirir todo el papel que emitan los Estados. No es lo mismo que lo adquiera el BCE, que no impone quitas de ningún tipo, que tener que financiar esa deuda en los mercados. Ahí si podría haber problemas serios de sequía.

-Tras esta crisis nos espera un escenario de posguerra. La OCDE pide un Plan Marshall. ¿Quedarán en un segundo plano las reformas pendientes?

-Debería servir como una palanca. En estos momentos las prestaciones de desempleo están funcionando bien, pero habrá que sobredotarlas porque no van a poder con el incremento del desempleo que va a haber con los cientos de miles de trabajadores que van a estar en ERTE o incluso en ERES si la situación se prolonga. Ya no hablemos de las pensiones. Pasaremos de los tres millones de parados. Bastante más de la mitad doblando prestaciones, pero es que ahora mismo ya tenemos nueve millones de pensionistas que no han dejado de cobrar su pensión. Este mes la han cobrado cinco días antes. Esto es una fortaleza increíble, pero no nos olvidemos que la Seguridad Social tiene ya 18.000 millones de euros de déficit al año que se está sumando a una deuda en crecimiento. Veremos si en el 2020 rozará los 80.000 millones de euros. No podemos tener un mecanismo con estabilizadores automáticos de rentas a 10 millones de ciudadanos frente a una deuda creciente, esto tiene que tener límites. Las reformas pendientes antes del Covid-19 seguirán vigentes.

-Con el nivel de desempleo del que habla, la alta temporalidad y la deuda acumulada, ¿cómo se garantiza la sostenibilidad de las pensiones?

-Procuraría fortalecer al máximo todos los mecanismos de ahorro para la jubilación para que no sufran como consecuencia del desempleo que va a aumentar. En las carreras de cotización de los trabajadores, ver cómo colmar las lagunas importantes a consecuencia de esto entre todo tipo de trabajadores, empezando por los del hogar, y los temporales, muy perjudicados. En la medida en que posterguemos la edad de retiro y eliminemos la jubilación obligatoria, contribuiremos a la estabilidad de las pensiones porque el recurso más valioso no es el financiero, es el tiempo productivo y ahí tenemos cuatro horas al día que tiramos por la borda, es productividad que dejamos de ganar. Además, todos los planes de pensiones tienen que tener el mismo tratamiento fiscal.

-El sistema fiscal español, ¿está caduco? ¿Habrá que bajar impuestos para no estrangular el consumo?

-La bajada de impuestos ahora mismo supondría vaciar las arcas públicas, que tienen que estar lo más repletas posibles para hacer frente a las contingencias tan onerosas y desorbitadas que tenemos por delante. Más adelante ya veremos. Necesitamos una reforma fiscal, pero no podemos hacer un impuesto selectivo al trabajo. Subir impuestos de forma desproporcionada a los trabajadores que más ganan o subir sus cotizaciones sin acompasarlo a los derechos que comportan es una expropiación y un desincentivo para el talento. De manera que hay que tener cuidado con las subidas de impuestos. Los que se imponen al capital no son tan graves como los que penalizan al trabajo.

-El riesgo de pobreza es un problema pendiente en España. ¿Aumentará con esta crisis?

-No teníamos que haber llegado a esa situación. Movemos en España más del 25 % PIB en programas del bienestar y no somos capaces de resolver las colas de la desigualdad extrema que hay. No me lo explico. Paradójicamente los grupos más expuestos, dentro de lo mal tratados que están, se les está atendiendo mejor con esta crisis. El coronavirus ha elevado la conciencia de que hay que hacer más y abre una puerta a la esperanza de que, una vez que pase este desastre humanitario, sigamos haciendo reformas en los programas del bienestar. En la educación también hay mucho por hacer. Es tan mala que si la sanidad fuera igual, estaríamos todos muertos.

-El sector sanitario señala a los recortes de la última década y pide más inversiones. ¿Saldrá reforzada la sanidad pública?

-Hay un mito absoluto sobre los recortes. La sanidad los sufrió en el 2011-12 porque el aumento de su gasto había sido desproporcionado y ahora está en un nivel per cápita incluso superior a antes de la crisis. Creo que esa confrontación tan interesada entre fortalecer lo público y odiar lo privado es dañina y letal.

-Se han suspendido las normas de gasto por primer vez en la historia. ¿Será un punto y aparte o revivirá el Pacto de Estabilidad?

-Aquí se nos abre una oportunidad para hacer reformas importantes. El Pacto de Estabilidad tiene una historia bastante lamentable. La relajación de las condiciones de los países para endeudarse sin procedimientos de sonrojo y penalizaciones, es muy oportuna. Se nos brinda la oportunidad de establecer nuevas reglas, de que algunos países se abran a la mutualización de riesgos y a un esquema comunitario de desempleo que deberían ser permanentes.

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