Mónica Alba, notaria: «Somos testigos privilegiados de lo que pasa en la sociedad»

Mujer, habladora, afable, feminista y reivindicativa, esta coruñesa no se ajusta en absoluto al cliché de hombre serio y distante que se tiene del notario ni de su profesión. Ella asegura que se divierte mucho en su trabajo y que, por encima de todo, los notarios son unos testigos privilegiados de lo que pasa en la sociedad. ¿Y qué pasa ahora? Pues el coronavirus, lo que incrementa los testamentos.


Redacción / La Voz

Es la mayor de cinco hermanos, y como quería ser independiente y se le daba bien estudiar, Mónica Alba (A Coruña, 1960) decidió hacer Derecho y luego preparar notarías.

-Usted rompe con todos los estereotipos del notario...

-La imagen del notario es caricaturesca y decimonónica. El cliente viene con su capitulación de matrimonio, luego con su testamento o con la residencia de la madre. En fin, con su vida... Y salimos del despacho, acudimos a las casas de las personas con problemas de movilidad. No es nada aburrido, yo no me aburro nada.

-Son ustedes testigos de todo lo que pasa en la sociedad, ¿no?

-Somos testigos privilegiados de todo lo que pasa en la sociedad y de cómo está la sociedad. Por eso creo que el archivo notarial es de un gran valor histórico y yo, siempre que puedo, se lo enseño a la gente. El notario es el custodio del protocolo, pero a los cien años, toda la documentación pasa al archivo notarial.

-Pues ahora lo que está pasando es el coronavirus. ¿Les afecta?

-Por supuesto, la instrucción es que trabajemos a puerta cerrada y que entren por turno, y nosotros valoramos la urgencia, y no creo que sea tan urgente en este momento hacer un testamento; al menos, no más urgente que la salud. Pero sí vienen personas mayores que dicen que quieren testar, y yo creo que es por la alarma que hay. Nosotros no podemos cerrar, pero estamos por turnos. Si los bancos están al mínimo y no se firman hipotecas, tenemos menos trabajo, y como podemos ser un foco de infección, tratamos de informar telefónicamente y por correo electrónico.

-Habrán visto llegar el estallido de la burbuja inmobiliaria. ¿Lo advirtieron?

-Cuando fue la burbuja, yo estaba en O Porriño y era algo vertiginoso, porque si faltaba un documento se ponían todos nerviosos, ya que de un día para otro cambiaban las condiciones. Como colectivo se publicó algún artículo y yo a las familias sí les advertía de los riesgos, porque los propios documentos de la hipoteca lo indicaban y es responsabilidad del notario hacérselo saber.

-A ustedes también les afectaría, con la paradoja de que aunque baje la actividad y los ingresos, no pueden cerrar.

-Exacto. Tienes que estar ahí a no ser que el Gobierno decida suprimir la plaza. En esos años, en Vigo se suprimieron dos. Las notarías van bien cuando va bien la sociedad, y en esos años lo pasamos mal como todo el mundo, sobre todo los que habían empezado hacía poco tiempo.

-¿Qué es lo que les ocupa más tiempo ahora?

-Las hipotecas son documentos que dan ahora mucho trabajo porque, con la Ley de Crédito Inmobiliario, hay que hacer un acto previo para darle al cliente la información sobre la documentación que le da el banco. Luego tienen un plazo para estudiarla, vienen a la notaría y les hacemos un test que cubren ante notario, y luego lo revisamos y decimos si está aprobado o no. Y alguna vez dudé si aprobarlo, porque la gente responde con su patrimonio. Así que nos lleva más tiempo, porque hay más filtros y la responsabilidad es del notario, y a mí me parece bien. Luego, también hay mucha gente mayor que viene a preguntar por las mejoras, el impuesto sucesorio, las herencias... Y hay que tener mucho cuidado para que no se desprendan de todo su patrimonio, que se queden con el usufructo o la pensión. Ocurre también con los poderes, que las personas los dan con bastante facilidad. Les dices que puede ser ruinoso y te dicen que ellos confían en su hijo o en su padre... Yo se lo explico y, al menos, me voy a casa con la conciencia tranquila. 

«No hace tanto, en los 40, las notarias necesitaban, para ejercer, el permiso de su marido»

Aprobó la oposición en 1987, pero antes de incorporarse a su plaza, pasó una temporada como jueza sustituta en Pontedeume. «Aprendí muchísimo, a escuchar a las partes, a reflexionar sobre lo que es o no justo... Fue toda una experiencia». Luego ejerció 23 años en O Porriño. En el 2010 se fue para Redondela y dos años después, a Vigo. «Soy la única mujer notaria desde el 2013 en Vigo, donde están demarcadas quince notarías, y soy la tercera históricamente».

-¿Sigue siendo una profesión masculinizada?

-Las mujeres representamos, más o menos, un tercio del notariado en España, pero en las ciudades solamente un 17 %. Puede ser debido a que en las zonas rurales no hay la misma competencia que en las ciudades.

-¿Cree que pudo perder algún cliente por ser mujer?

-Nunca sentí que dejara de venir nadie por ser mujer. En mi primera notaría eran todo hombres que hablaban de la paciencia de sus mujeres y del apoyo que les daban. Hay que tener en cuenta que, no hace tanto, la notaria era la mujer del notario. Yo me considero una privilegiada, pero en la sociedad queda mucho por cambiar. Por eso es tan interesante el archivo notarial para obtener datos de la evolución social. Hasta el año 1975, las mujeres no podíamos hacer nada sin el consentimiento del marido, y eso está reflejado en el protocolo, donde también se puede comprobar que, no hace tanto, en los 40, las mujeres podían ser notarias, pero para ejercer necesitaban el permiso de su marido.

-¿Qué cree que falta para alcanzar la igualdad?

-El problema de la igualdad es la corresponsabilidad. Yo fui testigo de cómo la mujer iba apareciendo en los documentos mercantiles y en los asuntos económicos, pero mientras no haya corresponsabilidad real, ellos juegan con ventaja. En las empresas las firmas siguen siendo mayoritariamente masculinas; las de las mujeres son, sobre todo, por temas hereditarios. El techo de cristal sigue ahí, por mucho que ellas estén más formadas o sean las primeras de su promoción. Las mujeres conciliamos para poder sobrevivir, pero la lucha pendiente es la de la corresponsabilidad, nosotras no podemos hacerlo todo, ellos se tienen que corresponsabilizar.

Su madre, su referente en la vida

Celosa de su independencia y con una plaza de notaria siendo joven, Mónica Alba viajó por todo el mundo todo lo que quiso. Hasta que a los 40 se casó. «Entonces dejamos de hacerlo porque mi marido viaja mucho por cuestiones de trabajo y preferimos llevarlo de manera más tranquila, vamos más a balnearios». Esas ausencias del marido son las que le hicieron sufrir en carne propia lo que supone para la mujer trabajadora la falta de corresponsabilidad, ya que prácticamente se tuvo que ocupar ella de la crianza de un hijo que ahora ya es adolescente. Cuida también de su madre de 90 años, que vive en su casa. Ella, que forma parte de Executivas de Galicia y de su guía de mujeres referentes, no escatima elogios hacia su progenitora: «Tuvo cinco hijos, viajó, escribe... Es muy moderna y mi referente es ella, de la que aprendo cada día». Se considera feminista y reivindicativa. «Mi padre era un hombre justo y me enseñó a buscar la justicia, pero creo que se puede hacer con una sonrisa, sin agresividad».

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