La soberanía alimentaria vuelve a la trinchera


«Estamos en guerra». El presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, fue categórico al pedir a los franceses su colaboración en la lucha contra el enemigo invisible. Su frase recuerda los tiempos en los que su país, como miembro de la primera Comisión Económica Europea (CEE) junto con la entonces República Federal Alemana, Bélgica, Italia, Holanda y Luxemburgo, incluyó, en marzo de 1957 en el Tratado de Roma, la política agraria común como uno de los ejes estratégicos de la Unión. No cabe duda de que la PAC era necesaria para garantizar el abastecimiento de alimentos en una Europa que había quedado gravemente marcada por la II Guerra Mundial. Sobre todo porque algunos países eran deficitarios de productos fundamentales como el trigo, un cereal del que Francia era excedentaria. Lo que intentaban asegurarse los fundadores de la CEE eran unos mejores precios para sus productos con la puesta en marcha de medidas proteccionistas que dieran estabilidad al mercado. Su objetivo último no era otro más que mantener la economía de los agricultores para garantizar, de ese modo, la soberanía alimentaria.

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La soberanía alimentaria vuelve a la trinchera