Nuria Varela-Portas de Orduña: «Empecé de cero, ofreciendo los huevos tienda por tienda»

Esta emprendedora lucense estudió Económicas en Madrid y en Londres se dio cuenta de que su proyecto vital estaba en el campo. Allí empezó a imaginar un proyecto para el Pazo de Vilane, propiedad de la familia desde hacía 12 generaciones, y asesorada por su padre, artífice de varios negocios, puso en marcha en 1999 una exitosa explotación avícola de producción de huevos camperos


Redacción / La Voz

Nuria Varela-Portas de Orduña (Lugo, 51 años) se mudó a Madrid con sus padres a los 6 años. Después de licenciarse en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense, se marchó a Londres para trabajar y seguir estudiando. En la capital británica descubrió que la ciudad no era para ella. «Desde allí les dije a mis padres que me imaginaba un proyecto para el Pazo de Vilane [en Antas de Ulla], que pertenece a la familia desde hace doce generaciones», recuerda. A su padre, abogado y emprendedor de varios negocios a lo largo de su vida, ya le rondaba alguna idea. «Él creía que el campo gallego tenía futuro. Fue una comunión entre los dos». Era 1996, partieron de cero. Tres años más tarde echó a andar la explotación avícola de producción de huevos camperos. Empezaron con 50 gallinas ponedoras, hoy tienen 130.000, que producen tres millones de docenas de huevos al año. En el 2019 facturaron 6,5 millones de euros y en plantilla son 34 personas, 40 si se incluye a otros granjeros con los que trabajan.

-Pazo de Vilane es un ejemplo de emprendimiento.

-Total, desde cero. Me apunté a un curso de agricultura ecológica en Palas de Rei, impartido por el Craega (Consello Regulador de Agricultura Ecológica de Galicia), que estaba iniciándose. Primero pensamos en el turismo rural y una actividad agraria complementaria. Pasaron unos años hasta que nos dimos cuenta de que había un nicho de mercado importante e innovador, las gallinas camperas. El mercado del huevo era industrial, de jaula, pero sí había demanda de huevos de gallinas en libertad, como las que tenía la gente en sus casas.

-¿Cómo fueron los inicios?

-El mercado se fue haciendo poco a poco. Lo arranqué yo, con el asesoramiento empresarial de mi padre. Empecé ofreciendo el producto tienda a tienda, primero en Lugo, después en A Coruña, Vigo, Pontevedra... Les parecía interesante, por innovador, era otra categoría de huevo, suponía reinventar el lineal. Primero fue el mercado gallego y después nos fuimos expandiendo a la gran distribución y a toda España.

-¿Han pensado en exportar?

-No, aún hay margen para crecer en el mercado nacional, es un huevo de calidad, un producto gourmet. Lo más inmediato es atender la demanda, está habiendo un traslado de consumo de huevos de gallinas de jaula a las que viven en libertad. Somos una marca de referencia en el mercado [...]. Pazo de Vilane nació de la nada, ha ido creciendo y consolidándose y se ha convertido en un proyecto de más personas, muy bonito, con otros subproyectos muy interesantes para el emprendimiento y la sostenibilidad. 

-¿A qué proyectos se refiere?

-En el ámbito energético tenemos el objetivo de huella de carbono cero o mínima, utilizamos energías renovables, hacemos talleres de concienciación para el personal. Pazo de Vilane es un proyecto con una responsabilidad social, que no solo busca un objetivo económico. Otro proyecto es Una idea, un árbol. Por cada idea de reciclaje de las cajas de huevos (hechas de cartón reciclado, que rompieron la imagen del lineal y transmiten nuestros valores de familia, ecología y responsabilidad social) que nos dan los consumidores plantamos un árbol. Ya llevamos 1.500 en seis ediciones. Hemos creado los premios Mujer Emprendedora y ahora vamos a tener una jornada con las ganadoras para que se conozca nuestra experiencia. También estamos plantando bosques de castaños para recolectar las castañas y hacer algo con ellas, y en algunas fincas tenemos frutas del bosque y elaboramos mermeladas artesanales, que vendemos.

-Un modelo ejemplar de emprendimiento en el rural.

-Nació de cero, con recursos limitados, buscando financiación, con mucho esfuerzo. Ahora, una escuela de negocios nos ha llamado para hacer un caso del proyecto. Podemos servir de ejemplo y motivación a otros emprendedores. Es una manera de decir que el campo está vivo, que tiene futuro y se pueden crear empresas aquí y enviar productos de alta calidad a las ciudades.

«En un sector tan masculinizado yo era una ‘rara avis’, y a veces eso es una oportunidad»

Nura Varela-Portas de Orduña se siente «una privilegiada». «Muy poca gente tiene una idea y se convierte en una realidad, viable, tangible y que funciona. Aunque el camino ha sido complicado, con renuncias, pero el resultado es inmejorable», reflexiona. No se ha sentido discriminada en un mundo de hombres. «Nunca he sido muy consciente de la brecha de género por mi personalidad. Nunca pensé que me iba a afectar, que por ser una mujer joven en el banco no me daban un crédito, y probablemente ocurrió. Pero yo lo achaqué a que era un proyecto en el rural, con animales... Y en el área comercial, tampoco, soy de tirar para adelante, caiga quien caiga, no me he cohibido. Sí es cierto que es un sector muy masculinizado, la industria del huevo; yo era la rara avis, y a veces eso es una oportunidad». 

-¿Cuál ha sido y cuál es su relación con las gallinas?

-Las veo todos los días. Con las gallinas he tenido muchísima relación, con ellas empecé cogiendo los huevos, envasándolos, empaquetándolos y llevándolos a las tiendas. Soy una economista que sabe mucho de gallinas (risas). Ahora es mi marido el que está en el día a día, yo visito los gallineros y me gusta relacionarme con los granjeros.

-¿De qué se alimentan las gallinas de Pazo de Vilane?

-Una mezcla de cereales y lo que pastorean por el campo. Es un proyecto de producción en extensivo, de gallinas libres. Esa es nuestra especialidad.

-Es una empresa familiar...

-Sí, mi padre y mi madre (economista, aunque no llegó a ejercer la profesión), ya fallecidos, fueron partícipes y colaboraron al principio, y llegaron a ver que el proyecto funcionaba, no como ahora, que está en pleno auge, pero sí vieron que era viable. Mi hermana Piedad trabaja en el área de márketing y comunicación, y mi marido, en producción [...]. Somos pequeños, no somos una empresa grande. La idea fue siempre trabajar alrededor del pazo, en las 40 hectáreas de propiedad.

-¿La invitan a contar su experiencia como emprendedora?

-Me han invitado a algún curso y a algún foro de alimentación para contar mi experiencia como emprendedora. En el 2017 nos dieron el Premio al Proyecto Empresarial del Clúster de Alimentación de Galicia.

La gallina de los huevos de oro

«Aquí soy feliz, soy del campo, voy a Madrid y ya no lo soporto. Me encanta pasear por el monte con los perros... En algún sitio he leído que esta es una actividad revolucionaria, ahora que todo el mundo está conectado», comenta. Y sí, le encantan los huevos. «¿A quién no?», se pregunta. «Es un producto de primera necesidad que gusta a todo el mundo, de consumo constante, que te hace recordar la infancia, la casa de los abuelos... Un producto sano, de calidad, muy nutritivo». La conclusión es sencilla: «Dimos con la gallina de los huevos de oro». En Pazo de Vilane investigan para mejorar su producción y miman a sus gallinas, de las razas Isa Brown y Lohmann Brown. A la CEO de la empresa le cuesta diferenciar su vida personal de la profesional. De hecho, vive y trabaja en el pazo. «Tomé una decisión y este es mi proyecto vital, mi espacio, en lo que estoy centrada realmente». También le gusta salir, ir al cine o al teatro.

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