La economía social ya implica en Galicia a cerca de 100.000 personas

Galicia se erige como referente con la publicación del Libro Blanco, único en la comunidad y segundo del Estado, que recoge pautas y cuantifica su valor económico y social. Cooperativas y comunidades de montes aglutinan la mayor parte de los empleados y asociados de la familia


Redacción / La Voz

«Cuando les hablo a mis alumnos de economía social muchos piensan que les hablo de política social». Este es solo uno de los ejemplos que, en boca de Maite Cancelo -profesora de la USC-, evidencia el desconocimiento que existe a día de hoy sobre esta rama de la economía. Esta falta de difusión fue lo que motivó en el 2018 al Centro Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa (Ciriec) a elaborar el primer libro blanco de la economía social en España, concretamente en la Comunidad Valenciana. Solo un año después, Galicia siguió sus pasos con la publicación de otro manual. Con Maite Cancelo y Manuel Botana a la cabeza, el documento recoge la investigación llevada a cabo por 12 miembros de la USC y el Cecoop (Centro de Estudos Cooperativos) con la que intentan dejar clara la importancia de la economía social.

Pero, ¿en qué consiste entonces esta gran desconocida? Según el libro blanco elaborado por la USC, «engloba un conjunto de actividades económicas y empresariales que, en el ámbito privado, llevan a cabo entidades que persiguen, o bien el interés colectivo de las personas que lo integran, o bien el interés general económico o social». Estas empresas pueden presentar muchas formas jurídicas, aunque las más comunes son las cooperativas. Dentro de esta diversidad, algunos de los objetivos comunes que persiguen son la solidaridad, el control democrático y, sobre todo, la primacía de la persona y del objeto social sobre el capital. Desde el Cecoop, destacan que «son estas características las que hacen que sean entidades de interés para toda la sociedad, ya que conforman un modelo de desarrollo económico y empresarial más sostenible y más igualitario».

El peso económico

Aunque el propio Cecoop reconoce que no se puede calcular con exactitud el valor del sector, sus investigaciones estiman que en Galicia su aportación al PIB supera el 7 %. Solo las cooperativas (segundas en número de entidades por detrás de las comunidades de montes vecinales en mano común) generaron en el 2018 casi 2.500 millones de euros, despuntando sobre el resto de formas jurídicas de la economía social.

Según la Confederación Empresarial Española de la Economía Social, 21 cooperativas gallegas han conseguido colarse entre las casi 600 más relevantes del Estado. Destaca entre ellas la agroalimentaria Coren, cuarta en el ránking nacional y generadora de más de 3.000 puestos de trabajo.

Sin embargo, a pesar del gran peso de las cooperativas en la economía social gallega, en el libro blanco se hace especial hincapié en otras dos formas jurídicas que, a pesar de tener un peso más residual, son más definitorias de la situación autonómica. Una de ellas la conforman las cofradías de pescadores, que en el caso de Galicia se erigen como las más importantes del territorio español con una facturación de 137 millones de euros, lejos de los 100 que se embolsan las catalanas, segundas en el listado. Otra de las particularidades gallegas se da en las comunidades de montes vecinales en mano común, cuya extensión representa casi un cuarto del territorio gallego. Desde el Cecoop valoran estas agrupaciones de forma muy positiva y destacan su «potencial no solo social, sino económico en el rural gallego», haciendo referencia a los 44.499 euros que generan de media las casi 3.000 comunidades de montes existentes en Galicia.

Principales retos

Para el Centro de Estudios Cooperativos de la USC, el bum de esta rama debe pasar por un mayor conocimiento de la misma. Con la celebración de la primera semana universitaria de la economía social, celebrada el pasado febrero en más de 20 centros de toda España, han dado este primer paso hacia una mayor difusión de estas actividades, que consideran indispensable para potenciar el elevado valor social de algunas de sus familias, como la de los centros especiales de empleo, que gestionan la mitad de los contratos específicos para personas con discapacidad en Galicia. Sin embargo, el futuro de la economía social pasa por «una reducción de las trabas burocráticas» y por la actualización y el desarrollo de la legislación vigente.

Maite Cancelo, profesora de la USC y coautora del libro blanco

«Es otra forma de hacer empresa más social, más democrática y más igualitaria»

Maite Cancelo es directora del Centro de Estudios Cooperativos de la USC, así como docente en esta misma universidad. Junto con Manuel Botana Agra ha codirigido la publicación del Libro Blanco de la Economía Social, el primero de estas características en Galicia y el segundo en todo el Estado.

—¿Qué papel desarrolla la economía social en el panorama actual a nivel nacional y gallego?

—En las empresas que se enmarcan dentro de la economía social prevalece la persona sobre el capital. Realizan una aportación importante en la generación de riqueza y empleo y por sus valores contribuyen a una mayor contratación de jóvenes y mujeres y fomentan el empleo de calidad ya que potencian los contratos indefinidos. En Galicia se estima que supone un 7 % del PIB y probablemente nos estemos quedando cortos por los problemas de medición.

—¿Por qué es importante que aumente su presencia en el tejido empresarial?

—La importancia que le damos no es exclusivamente por su valor económico, sino por los beneficios sociales y los principios y valores que representan. Es una rama cada vez más apoyada por la Unión Europea, por el Gobierno de España y por el gallego. Es importante realizar una actividad empresarial con más valores, con más humanidad. Es otra forma de hacer empresa más social, más democrática y más igualitaria. Incluso estamos viendo que ya hay estudios que indican que son entidades que pueden ayudar a los gobiernos a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible. Si promocionamos el emprendimiento a través de, por ejemplo, una cooperativa o una sociedad laboral, no solo estamos creando empleo, sino también valor añadido y estaremos contribuyendo a los objetivos marcados por la ONU.

—¿Qué importancia tienen las pautas recogidas en el libro blanco?

—La economía social no es muy conocida, así que es importante difundir en qué consisten. En definitiva, lo hacemos por dos motivos: para darla a conocer pero sobre todo para cuantificarla. Si no sabemos cuánto aporta no le damos valor.

—¿A qué retos se enfrenta la economía social?

—Tiene muchos retos de visibilización. Hay un problema de comunicación pero estamos mejorando mucho en ese aspecto. También hay que luchar por conseguir mejoras legislativas. Hay que actualizar la ley de cooperativas, hay que intentar reducir las trabas burocráticas para que sea más fácil decantarse por este tipo de fórmulas.

—¿Cuáles son las perspectivas de futuro?

—Son de crecimiento. Lo que vemos en los datos es que las cooperativas están creciendo y lo están haciendo por todo el territorio gallego. Este tipo de empresas tienen mucha presencia en ayuntamientos rurales, así que están ayudando de alguna forma a la cohesión territorial y a evitar el despoblamiento del mundo rural. Sin embargo, estamos ante el reto de conseguir competir en el mercado manteniendo los valores que las definen.

—¿Es la economía social un espejo en el que se deben de mirar el resto de empresas?

—Completamente. La responsabilidad social corporativa está ganando peso en el mercado y al fin y al cabo nace de la economía social. Hay que ir en esa dirección.

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