Ignacio García Bercero: «Asistimos a una crisis bastante profunda del sistema»

El alto funcionario europeo alerta de los riesgos de que Estados Unidos actúe por su cuenta. Cree que cuanto más se extienda su unilateralismo, más probabilidades habrá de que otros países le sigan. Y eso dará lugar a «un mundo más inestable». Apunta a una única solución: la reforma profunda de la OMC.


Redacción / La Voz

Nadie ha sufrido tanto en sus carnes el desgaste de tratar con los negociadores estadounidenses como Ignacio García Bercero. Él capitaneó las negociaciones del TTIP para la UE, antes y después de que Donald Trump aterrizara en la Casa Blanca para ponerle el candado al acuerdo. No se da por vencido. Sus destinos se volverán a cruzar porque está incubando un plan de reforma de la OMC aprovechando un «año sabático» en Oxford. En junio volverá con las pilas cargadas a sus fueros: Bruselas.

-En el 2019 se cumplieron 75 años del acuerdo de Bretton Woods. Hoy el orden mundial que heredamos de ese pacto está amenazado. ¿Será Trump quien marque las reglas?

-Veremos. Lo que más me preocupa es el futuro de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Aunque ya arrastraba problemas de antes, agudizó su crisis con la Administración Trump. Luego está la crisis de la institución como foro de negociación, algo que viene de lejos, tras el fracaso de Doha. Al final todo está vinculado al conflicto China-Estados Unidos. Los estadounidenses tienen el convencimiento de que las reglas actuales no les permiten resolver los problemas que tienen con el país asiático. Por eso prefieren negociar de forma bilateral todo: el acero, el aluminio, las reformas de la institución, la tasa sobre las digitales...Son cuestiones que han estado hibernando en los últimos 25 años y Trump las ha activado. Debemos entender que hay una crisis bastante profunda del sistema y afecta a la credibilidad de la OMC. Es bastante poco probable que haya avances de aquí a junio. La ruta de Trump hasta noviembre (elecciones) es la de gestionar los problemas de forma bilateral.

-¿Sobrevivirá el multilateralismo a Trump si gana las elecciones?

-Espero que sí porque las consecuencias de su hundimiento serían extremadamente graves. La bilateralidad no puede sustituirle. Las relaciones comerciales serían cada vez más conflictivas sin reglas de juego. De momento, Estados Unidos ha decidido ir por su cuenta. Cuanto más se extienda esta actitud, más probabilidades habrá de que otros países le sigan. Y eso dará lugar a un mundo más inestable. La única solución es la reforma profunda de la OMC. No ajustes superficiales o tecnocráticos. Hay que tener paciencia estratégica. No va a ser fácil.

-Esa reforma de la OMC, ¿exigirá revisar sus principios básicos?

-Siguen estando plenamente vigentes. Hay que agilizar procesos y desarrollar normas más eficaces en materia de subvenciones. Hay que construir sobre lo que ya tenemos. No imagino un sistema multilateral donde se excluya a Estados Unidos o China. Lo complicado es que este conflicto no es solo comercial, es geopolítico y de competencia entre tecnologías. Eso lo hace más complejo.

-Ya estamos experimentando cierto proceso de desglobalización actualmente…

-Habrá desglobalización en ciertos temas, es inevitable. Tendrá costes económicos extraordinarios romper la cadena de suministros si esto se generaliza.

-¿Será el fin de la caja verde de ayudas, de las subvenciones de la PAC que tanto critica Washington?

-Son más importantes las industriales. Existe una disciplina muy poco eficaz para las subvenciones masivas que estaba dando China. Provocan sobrecapacidad. Y aquí tengo una perspectiva similar a la de los Estados Unidos. Aunque yo sigo siendo muy crítico con la Administración Trump, no tiene sentido que China, concentrando el 10 % del comercio, deba tener un trato preferencial. Estoy de acuerdo en el diagnóstico, no en su enfoque. En cuanto a las subvenciones agrícolas, hay que distinguir entre las que tienen efecto distorsionador y las que no. En el caso de las industriales, se ha demostrado que las normas no son eficaces.

-Entre la competencia desleal de China y la política de cowboy de Trump, ¿cuál es la mayor amenaza que se cierne sobre el tablero de juego?

-La UE está en situación de tener que bascular. Para nosotros un sistema con China aplicando políticas industriales con subvenciones masivas es un riesgo para la economía, por eso la UE declaró al país competidor estratégico. La amenaza para la economía es clara. Por otro lado, las amenazas arancelarias de Trump a la UE y la destrucción del sistema de reglas también tienen un impacto grande para Europa.

-¿Se pueden encauzar de nuevo las relaciones si no hay un cambio en la Casa Blanca?

-Creo que sí. Los objetivos son semejantes. El mundo es más complejo porque China es un tercer pilar. Trump tiene la convicción profunda de que el sistema de comercio ha jugado en contra de los intereses de su país y de que los aranceles son buenos. Tiene cierta visión antitética del mundo. El elemento personal es importante y se ve reforzado por la gente que le rodea y su visión del sistema en el que Estados Unidos tiene que ejercer la palanca de influencia.

-¿Despertaremos al TTIP de su letargo o está muerto?

-Las negociaciones eran bastante complicadas antes de Trump, por eso en el último año del mandato de Obama ya vimos que no sería posible a corto plazo. El mandato de negociación del Consejo ya no es válido. Mi opinión personal es que una negociación amplia como la de entonces tiene muy pocas perspectivas de futuro, independientemente de quién sea presidente. La prioridad ahora es ver cómo reformar el sistema multilateral. En el TTIP intentamos hacer demasiadas cosas. Será muy difícil encontrar un acuerdo equilibrado. Hay temas en los que Estados Unidos nunca va a estar de acuerdo como abrir y liberalizar ciertos mercados. No tienen la más mínima voluntad. No soy optimista sobre la negociación futura. Mi recomendación es que se coopere para la reforma de la OMC y ver qué se puede hacer en materia reglamentaria. Con Estados Unidos hay que empezar de nuevo por la base.

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