¿Y si el plástico no es el problema?

Varios estudios han demostrado que la eliminación de las tradicionales que se dispensan en los supermercados no es la mejor solución al problema de la contaminación


Redacción / La Voz

Demonizado por completo, el plástico se ha convertido en los últimos años en el perverso material al que prácticamente todos los estados han declarado la guerra. Y las primeras víctimas de esta batalla han sido las tradicionales bolsas de los comercios. En España, estos envases ya se cobran de forma obligatoria, pero habrá que esperar hasta el 2021 para que se prohíban completamente.

Sin embargo, estas medidas no bastan. Muchos estudios ya han alertado de que la prohibición de estos envoltorios puede no ser la solución al problema. Y para corroborarlo, los expertos han puesto el foco en California, estado pionero en prohibir las bolsas de plástico. En el 2016, estos objetos fueron completamente eliminados de las tiendas del territorio. Y el problema no se ha atajado, sino que se ha trasladado hacia otro lugar. Porque tres años después de desterrarlas por completo, el impacto de esta medida es mucho menos positivo del que las autoridades imaginaban.

Según un estudio publicado en la revista Journal of Environmental Economics and Management, gracias a la prohibición se han conseguido eliminar por completo los 20 millones de toneladas de bolsas de la compra que se dispensaban cada año. Pero a la vez, se ha producido un importantísimo aumento de las bolsas de basura. Su consumo ha aumentado en unos seis millones de toneladas. Y no hay que olvidar que también están fabricadas con plástico.

Los perjuicios no quedan ahí. Los autores del informe también alertan de las consecuencias del crecimiento de otro tipo de bolsas: las de papel. Su consumo se ha disparado hasta más del doble de la cantidad de plástico ahorrado. Y, por muy sorprendente que parezca, las bolsas de papel también perjudican (mucho) al planeta. Según un estudio de la Agencia Medioambiental del Reino Unido, este tipo de envoltorios deben ser usados al menos tres veces para que su ciclo de vida (contando desde la extracción de la materia prima, pasando por la fabricación y llegando al transporte) perjudique menos al planeta que el de una de plástico de un solo uso. Tampoco valen las de algodón. En el 2018, el Ministerio de Medio Ambiente y Alimentación de Dinamarca mostró al mundo algunas conclusiones a las que había llegado tras varios meses de sesuda investigación. Y el resultado da que pensar. Después de analizar los efectos que tenía para el planeta la producción y utilización de las bolsas de algodón orgánico, demostró que para que estas tuvieran un impacto menor al de una de plástico habría que llegar a utilizarlas hasta 20.000 veces.

Entonces, ¿qué soluciones hay? «El objetivo no debe de ser sustituir las bolsas de plástico por otro material. Esto no es una solución definitiva, porque las de papel y algodón también tienen un impacto muy grande en el medio ambiente. El objetivo debe de ser acabar directamente con la cultura de usar y tirar que tenemos ahora mismo», sentencian Patricia Reina y Fernando Gómez, autores de la web y el libro Vivir sin plástico. Esta cordobesa y este madrileño decidieron en el 2015 eliminar por completo el plástico de un solo uso de su vida. Y pronto se dieron cuenta de que las bolsas eran la punta de un enorme iceberg. No hace falta más que echar un vistazo a nuestro entorno para darse cuenta de la omnipresencia de este material. Desde los envases en los que viene cualquier alimento, hasta los productos de limpieza, pasando por las cremas u otros artículos de higiene. «Nosotros no estamos en contra del plástico, sino del mal uso que se hace de él», sentencia Patricia. Fernando asegura que en un principio parece imposible renunciar a la comodidad de vivir con este material, pero poco a poco vas descubriendo que hay un mundo de posibilidades: «Estamos acostumbrados a comprar en los mismos sitios y pensamos que no hay alternativas. Luego vas viendo que hay mercados en los que se puede comprar casi cualquier cosa a granel».

Para Fernando y Patricia, aún queda mucho por hacer. Pero, desde luego, sustituir las bolsas de plástico por otras de otro material no es el camino: «Estamos en un mundo en el que somos consumistas hasta para buscar soluciones. Lo lógico sería reducir, no buscar otra cosa con la que seguir consumiendo al mismo ritmo que ahora», sentencia Fernando. La defensa que hacen estos dos activistas la afianzan estudios como el publicado en Plos One en el año 2014. Eliminar las bolsas de plástico no va a conseguir que dejemos de ver los océanos llenos de basura. De hecho, solo el 0,8 % de los residuos plásticos marinos corresponden a bolsas. Las botellas son un 4,9 % y otro tipo de recipientes copan un 15 %. Y ojo, porque la inmensa mayoría (más del 70 %) del plástico que se encuentra en el mar procede de la industria pesquera. 

La pajita de los 50.000 euros

Un denostado trozo de plástico tratado como si de una obra de arte se tratara. McDonald’s decidió subastar a través de eBay su última pajita de plástico hace unos días. Y su valor no deja de subir. En solo unas horas pasó de la nada desdeñable cifra de 5.000 euros a cotizar a nada más y nada menos que 50.000 euros. En realidad no es la última, sino que forma parte del último lote, como las demás que se usarán en los restaurantes hasta el próximo 24 de febrero. La pajita se vende como una pieza de coleccionista. Metida en su envoltorio de plástico y enmarcada en un cuadro dorado.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos
Comentarios

¿Y si el plástico no es el problema?