«No quería abrir un despacho, quería montar una empresa»

Desde niña tenía claro que quería ayudar a los demás a comunicarse, y se hizo logopeda; luego, tuvo claro que no quería abrir un simple despacho, sino trabajar en equipo, montar una empresa y ofrecer a las familias un servicio integral. Hoy, el Centro Lingoreta y sus tres delegaciones gallegas son un referente en el sector, y su directora ha sido premiada por su brillante gestión empresarial


Redacción / La Voz

A Diana Lameiro (Pontevedra, 1981) le gustaba de pequeña jugar a enseñar a los demás a comunicarse; a escribir, hablar, leer... Por eso, aunque en un principio estudió y trabajó en radioterapia, no tardó en compaginar el trabajo con la formación para hacer logopedia, lo que realmente le gustaba.

-Y al acabar los estudios, ¿qué?

-Empecé a mandar currículos pero era imposible. Ya pensaba en montar mi propia clínica, así que después de trabajar unos meses en otra, me decidí. En casa me decían que estaba un poco loca, pero mi marido siempre me apoyó, y así, abrí la primera en Arcade, en el año 2009.

-¿Por qué Arcade?

-Porque me quedaba cerca de Pontevedra y de Vigo y allí no había ninguna. Con el tiempo la cerré, y creo que me confundí, pero es que luego abrí una oficina en Vigo y empecé a trabajar con la Asociación de Personas Sordas de Vigo, y a los ocho meses me quedé embarazada y tuve que contratar a otra logopeda, a María Rodríguez de Ríos, que desde el año 2014 es, además, mi socia. Después abrimos otra oficina más amplia en Vigo y otra en Pontevedra, después en Sanxenxo, y a los dos años, en Gondomar. En el 2017 tuvimos que mudarnos de nuevo para una más grande en Vigo, de 500 metros cuadrados, porque la otra era muy pequeña y teníamos lista de espera. Ahora estamos en Sanxenxo, Gondomar y Vigo. Dejamos Arcade y Pontevedra. Empecé yo sola hace once años y ahora somos 18 profesionales.

-¿Qué ofrece Lingoreta?

-Es una clínica de logopedia, pedagogía, psicología, psiquiatría y terapia ocupacional. Yo tenía muy claro que quería trabajar en equipo, no quería abrir un despacho, quería montar una empresa

-¿Puede usted con todo?

-Desde hace dos años ya no hago intervención con pacientes, me dedico a gestionar la empresa, porque también trabajamos con la Xunta y con ayuntamientos; organizamos charlas, talleres de inteligencia emocional, cursos para la tercera edad... Mi socia, además de logopeda es especialista en TEA (trastorno del espectro autista), y tenemos también una unidad de diagnóstico e intervención en TEA; trabajamos en la Academia Galega de Seguridade de A Estrada, con la policía, y también con clínicas dentales, peluqueras, comerciantes... Con cualquier profesional que tiene que trabajar con el público, en general, y quiere saber cómo tiene que hacerlo.

-¿Por qué, más que una clínica, Lingoreta es una empresa?

-La mayoría de los profesionales montan su despacho sin vocación empresarial. Lingoreta es diferente; tiene planes de igualdad y de conciliación sin que estamos obligados a hacerlos, tiene una furgoneta rotulada, hacemos publicidad... Ahora otras clínicas nos imitan y hacen campañas como las nuestras.

-¿Qué perfil tienen la mayoría de sus pacientes?

-Desde la atención temprana, con prematuros o con niños con dificultades del lenguaje, con trastorno de aprendizaje o TDAH, hasta personas mayores que sufren un ictus o personas de la tercera edad con párkinson o deterioro cognitivo. También profesores o políticos que necesiten trabajar su voz.

-¿Se ha hecho rica?

-No, mi estilo de negocio tiene mucho riesgo. Lo habitual es que los profesionales sean autónomos. En cambio, los que trabajan conmigo están contratados. Pero es que esa es mi filosofía, que se basa en el acompañamiento a las familias, que ya tienen bastante con su problema, y lo habitual es que si alguien necesita un logopeda, luego precise también de un psicólogo o un terapeuta.

«Aprendí más empresarialmente en el último año, con AJE, que en los diez anteriores»

Con un equipo de 18 personas en el que hay logopedas, psicólogos, psiquiatras, pedagogos y terapeutas, el Centro Lingoreta atiende en la actualidad a 320 familias gallegas. Su directora, aunque ya no ejerce en él como logopeda, sí lo hace fuera, con la Asociación Párkinson de Vigo. «Empecé hace seis años, les gusté y me quedé. Tengo la necesidad de no despegarme del todo de la que es mi profesión, y con ellos estoy encantada, son mis abuelitos. Es fácil encariñarse, son unas personas tan agradecidas...»

-Usted no tuvo una formación empresarial. ¿Cree que su éxito se debe a la intuición?

-Siempre tuve claro que yo era empresaria, aunque nunca me había asociado. Pero en el 2018 gané un premio de responsabilidad social empresarial de la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE), y me hizo mucha ilusión. A raíz de eso me llamaron para ser vicepresidenta de AJE Vigo; me convencieron, y aquí estoy. En verano recibí otro premio de Ejecutivos de Galicia. Éramos 18 los premiados y yo era la más joven, era un poco gracioso verme allí, con empresarios consolidados...

-¿Valió la pena dar ese salto?

-Ya lo creo. Aprendí más empresarialmente en el último año, con AJE, que en los diez anteriores. A mí AJE me descubrió empresarialmente.

-¿Qué tal con los políticos?

-A los políticos les pedimos que nos acompañen, sobre todo cuando hacemos campañas. Pero también es importante que existan las asociaciones y que los empresarios se muevan.

-¿Cree que es un buen momento para emprender?

-Sí lo es, porque hay muchas ayudas para emprender. Cuando yo empecé no recibí ninguna subvención. La verdad es que no sabía nada de nada ni me informé, y es necesario informarse, acudir a varios sitios y asesorarse bien.

-En estos tiempos de reivindicación femenina, ¿la suya es una empresa de mujeres?

-Pues lo era hasta hace poco, porque en diciembre empezó un psicólogo, un chico.

-¿Está satisfecha?

-Lo estoy, y muy orgullosa, y le doy las gracias a mi marido por su apoyo y a mi familia. En casa somos siete hermanos, yo soy la más pequeña de las chicas y la única que es empresaria.

Su éxito, las tardes con los niños

El medidor de su éxito no es el dinero, sino el tiempo que pasa con su familia. Cuando nació su hijo mayor, Anxo, estaba dando los primeros pasos como empresaria y no podía, pero ahora les dedica las tardes a él y a su hermano, Iago. «Para mí el éxito es poder pasar las tardes con mi familia. Respeto a quien necesita ganar dinero o trabajar todo el día, pero yo prefiero esto». A Diana le gusta, además, el yoga y la filosofía, y disfruta leyendo con su hijo el libro Dame reggaeton, Platón, de Josep Soler. «Se lo aconsejo a todos los padres, es muy bueno para los hijos adolescentes». Para desconectar, la familia se va un fin de semana al mes a un hotel con balneario y spa. «Para mí, eso es la desconexión total, a veces hasta voy yo sola». Viven en Vigo, de donde es el marido de Diana. «Hace más de veinte años que nos conocemos», se sorprende echando la vista atrás. Así que las visitas a Pontevedra para ver a la familia también forman parte de sus momentos de ocio más agradables. «Los echo de menos, sí».

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