Los nuevos «partenaires» del mapa mundial: de los BRICS a los TICKS

El grupo de países formado por Brasil, Rusia, India, Sudáfrica y China, que catalizó buena parte del crecimiento global entre el arranque de este siglo y el 2012, ha dado paso de un tiempo a esta parte a otro club de emergentes, con el gigante asiático a la cabeza, que fundamentan sus progresos en la tecnología y no tanto en el control de las materias primas. La evolución de estas economías tiene el potencial para rediseñar el mapa geopolítico internacional y amenazar la hegemonía de Estados Unidos


Catedrático de Economía Aplicada de la UdC

Hemos asistido a cambios muy notables en la configuración del mapa económico mundial. Los estados financieros de las economías emergentes han hecho bascular los centros de gravedad globales. Y, en consecuencia, en la actualidad, la geoeconomía ocupa un lugar destacado en los análisis mundiales.

A comienzos del siglo XX, en el 2001, el analista jefe de Goldman Sachs, Jim O Neill, crea el concepto BRIC (siglas que agrupan al grupo de países compuesto por Brasil, Rusia, India y China) en un documento llamado Building Better Global Economics. Su reconocimiento tuvo lugar el 18 de mayo del 2008, cuando se reúnen formalmente los cancilleres de dichos países en Ekaterimburgo (Rusia). El auge de las mencionadas economías tiene su base en las dinámicas de crecimiento y comercio de sus commodities (mercancías básicas) en el mercado global. Es decir, el grupo incrementa su nivel de producción industrial y sus ventas al exterior, convirtiéndose en un competidor con otras economías más desarrolladas. Dicho auge y el propio incremento de su capacidad productiva los hacen suficientemente diferenciadores entre los demás fabricantes y productores. Dicho de otra forma, sus condiciones de oferta les permiten competir con gran intensidad en el comercio mundial.

Los BRICs concentran el 20 % del PIB; el 40 % de la población y el 27 % del territorio mundial. Albergan a casi la mitad de las áreas más pobres del planeta; poseen intereses diferentes, pero reconocen poseer estructuras organizativas lo suficientemente robustas para poder competir a nivel global. A este grupo inicial se le suma, en el 2011, Sudáfrica, denominándose a partir de dicho momento, los BRICS. Los rasgos más distintivos son: localización geográfica en continentes donde compiten con economías poco desarrolladas; registran crecimientos económicos notables, pero con estructuras de distribución deficientes; poseen escasa tecnología incorporada en los segmentos exportadores; disponen de ventajas comparativas importantes debido a su extensa variedad de activos; registran recursos naturales, en posición de liderazgo, que les hacen producir bienes actuales y altamente demandados a nivel mundial; y anotan una amplia presencia de inversión extranjera en el interior de sus economías, con tendencia creciente en los últimos años (concentraban el 6 % del total en el 2000; y se ascendió al 20 % en el 2012.). En suma, los BRICS ejercen un liderazgo territorial y funcionan como economías globales para poder beneficiarse y abrir nuevas oportunidades, desarrollando asimismo el nuevo rol de puente de enlace, tanto para sus empresarios como en los ámbitos de la diplomacia económica.

El tablero mundial se ha visto alterado, en los últimos ejercicios, con la emergencia de un nuevo grupo de países: los TICKS (Taiwán, India, China, Corea del Sur y Sudáfrica). Pertenecen a nuevas áreas geográficas mundiales. Sus actividades productivas y de servicios están más centradas en las tecnologías y se consideran las nuevas promesas del mundo. Sus economías subrayan tasas de crecimiento sostenidas en los últimos años y no se basan en los recursos naturales, sino en su potencial tecnológico con alto valor agregado. Son el reflejo de una nueva forma de crecimiento basado en el binomio educación y tecnología, que es considerado básico e imprescindible para poder abordar hojas de ruta de un desarrollo sostenido y armonizado.

Para dichos países, la tecnología es más confiable, y por tanto menos vulnerable que las aportaciones de los recursos naturales dada su volatilidad e inestabilidad, afectada si cabe más en la actualidad por los efectos derivados del cambio climático. De ahí las nuevas apuestas y su mayor inserción en el comercio mundial y en los movimientos de capital.

Frente a este nuevo tablero definido por los BRICS y los TICKS, no se puede dejar de hacer mención al nuevo rol de China. Dicho país acaba de dar a conocer e implementar sus nuevas estrategias de cara al futuro. Ji Xinping lo resumía de la siguiente forma, en la apertura del 19 Congreso del Partido Comunista de China (18 octubre del 2017), «al seguir una diplomacia propia de un gran país, hemos hecho avanzar la agenda internacional de China en todas partes y hemos creado un ambiente externo favorable para el desarrollo nacional. Hemos presenciado un nuevo incremento de la influencia internacional de China y de sus habilidades y capacidad para abrir y configurar nuevos rumbos».

Inclinación asiática

Destacamos, por lo tanto, tres acciones: a) su proyecto Made in China 2025, que le permitirá alcanzar el liderazgo tecnológico mundial en dicha fecha. b) La puesta en marcha de las rutas comerciales, ya sea formalizadas en sus seis corredores terrestres y en sus rutas marítimas, expandiendo su presencia en varios continentes, lo que se llama vulgarmente la Nueva Ruta de la Seda. Y c) procurar ser el país hegemónico del área indo-pacífico, desplazando a EE. UU. y logrando que el mundo sea más multipolar pero con inclinación más asiática. Un resumen de este planteamiento fue definido por el propio Ji Xinping cuando afirma «nadie está en posición de dictar a China lo que debe hacer».

En suma, el mundo se configura como clubes de convergencia en donde los países participantes establecen específicos cuadros de cooperación y marcos de actuación coordinados. Aquellos que opten por quedar fuera de este esquema, tienen más opciones de quedar marginados. En tanto que aquellos otros que desean apostar por un nuevo posicionamiento, podrían llegar a formar parte de una nueva inserción internacional. Esta es la gran tarea de la nueva Comisión Europea, a cuyo frente tenemos a nuestro colega José Borrell.

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